<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408</id><updated>2012-01-26T12:07:08.352-06:00</updated><category term='Ciencia básica'/><category term='Darwin'/><category term='Venenos'/><category term='Premios Nobel'/><category term='Cultura científica'/><category term='Método científico'/><category term='Charlatanería'/><category term='Evolución'/><category term='Relaciones humanas'/><category term='UNAM'/><category term='Genes'/><category term='Divertimentos'/><category term='Química'/><category term='Divulgación Científica'/><category term='Seudociencia'/><category term='Tecnología'/><category term='Política'/><category term='Mente'/><title type='text'>Las dos culturas</title><subtitle type='html'>&lt;b&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/b&gt;&lt;br&gt;
La columna de divulgación científica que publiqué en el extinto periódico &lt;i&gt;Humanidades&lt;/i&gt;, de la UNAM, de enero de 1997 a diciembre de 2004</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>73</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2509469423838031461</id><published>2006-10-11T22:04:00.002-05:00</published><updated>2009-08-19T09:45:15.762-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Política'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Seudociencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><title type='text'>Asesoría mística</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;OJO: a diferencia de todos los demás textos publicados en este blog, éste no lo publiqué en Humanidades, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ni en ningún otro lado. Lo escribí en &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;octubre de 2006 &lt;/span&gt;para la extinta revista &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Wow Internacional&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, como primer intento de colaboración (pedido por ellos). No les gustó o se pasó el momento, y ya no lo publicaron, aunque luego me publicaron otros. Pero me costó mucho trabajo escribirlo y hoy pensé que vale la pena ponerlo en algún lado, como testimonio de algo que vale la pena recordar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No cabe duda que tener a un especialista como asesor es la mejor garantía de tranquilidad. Cuando uno sabe, por ejemplo, que el banquete de bodas está siendo organizado por un &lt;i style=""&gt;chef &lt;/i&gt;experto, o que el jefe de la policía es un perito competente y experimentado, puede dormir tranquilo, confiando en que todo saldrá a pedir de boca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por eso, y sobre todo en un país como el nuestro &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que como es bien sabido es la encarnación del surrealismo&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; nada podría ser más adecuado y tranquilizador que saber que la Presidencia de la República cuenta con una asesora mística.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En efecto: un reportaje de Anabel Hernández publicado en &lt;i style=""&gt;La revista&lt;/i&gt; del diario &lt;i style=""&gt;El universal&lt;/i&gt; reveló hace poco que el nombre de esta insigne funcionaria es Rebeca Moreno Lara Barragán, y que está contratada como Directora de Logística de la Oficina de Apoyo a la Esposa del C. Presidente con un sueldo mensual bruto de 78 mil pesos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La situación no debería extrañar a nadie. En todo caso, no hace sino mostrar la coherencia ideológica de quienes llegaron a ocupar la posición de “pareja presidencial” gracias a una campaña orquestada por el publicista &lt;a href="http://www.canal100.com.mx/telemundo/entrevistas/?id_nota=8134"&gt;Santiago Pando&lt;/a&gt; siguiendo los dictados de los “mayas galácticos” y las enseñanzas de la psicomagia de Alejandro Jodorowski.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los especialistas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La red de expertos que asesoraron la campaña presidencial de Fox resulta notable: el propio Santiago Pando, Antonio Calvo, compositor y productor de teatro; Álex Slucki, “canalizador de ángeles”, y la mencionada Rebeca Moreno (quien según Anabel Hernández es conocida con el nombre de Kadoma Sing Ya, que significa “lo que está siempre vibrando”).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quizá entre ellos el más conocido sea Pando, famoso no sólo por ser el creador de la campaña que condujo a la victoria el 2 de julio de 2000. Saltó a las primeras planas en 2002, cuando decidió renunciar al equipo foxista por órdenes de sus chamanes, quienes le anunciaron que “debía seguir la luz de los mayas galácticos y ser su vocero en la revolución de conciencias que ya se gesta en México”, según afirma Rodolfo Montes en un reportaje publicado en la revista &lt;i style=""&gt;Proceso&lt;/i&gt; en septiembre de ese año.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Quiénes son estos mayas galácticos? Unos “seres extraterrestres que desde hace mucho tiempo habitan en la Tierra”, reveló entonces Pando. Con semejantes guías, no es de extrañarse el gran éxito que tuvo la campaña foxista: la mejor prueba, contra todo lo que pudieran refutar los escépticos, que nunca faltan, es precisamente el triunfo del 2 de julio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aunque el discurso de este especialista podría parecer oscuro y hasta hueco o incoherente (“en nuestro país está ocurriendo la primera revolución, una implosión a nivel de conciencia, que tiene que ver más con el lado de la espiritualidad”), no cabe duda de que es un hombre que sabe de lo que habla. “Me estuvieron preparando hace mucho tiempo para esto. Recibo vibras. Oigo todo el tiempo voces. Son entes, son seres de luz. Al principio, no sabía qué era, pensaba que eran ideas que se me ocurrían, pero poco a poco fui dándome cuenta de que cuando siento un hormigueo y me duele aquí y siento muy caliente, es el momento en que cojo una pluma y me pongo a escribir, pues es cuando se quieren comunicar conmigo”. Podría sonar como un caso para el neurólogo, pero no: en esta ocasión, es claro que estamos ante un auténtico fenómeno de contacto con extraterrestres. Al menos, eso asegura Pando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La versión de los místicos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Y es que, contra lo que uno pudiera suponer en esta época de avances vertiginosos de la ciencia y la tecnología, el pensamiento racional no ha logrado desbancar a otras formas de conocimiento. Pando lo expresa cuando habla de lo que viene: “es difícil explicarlo, porque justamente lo que se romperá es una lógica, un arquetipo, un paradigma y todo un sistema”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;¿Por qué suponer que el pensamiento racional es la única visión posible? Después de todo, sólo ha dado frutos tan importantes como nuestro sistema social de derecho, nuestras reglas de convivencia y de gobierno, nuestra visión de la justicia y los derechos humanos, amén de todo el aparato científico y tecnológico con que contamos en la actualidad (vacunas, transportes, telecomunicaciones, computadoras, edificios, medicamentos, métodos de diagnóstico, nuevos materiales... la lista es tan amplia como el horizonte que nos rodea cotidianamente). ¿Por qué no creer que también el mundo de los espíritus –en caso de que exista– puede ser fuente de conocimiento confiable?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Al menos Rebeca Moreno sí lo creyó. Y para ello entró en contacto con un personaje ya conocido para los lectores de &lt;i style=""&gt;Wow&lt;/i&gt;: el médium cubano Jorge Berroa, quien en el número 19 de nuestra revista sirvió como canal para llevar a cabo una divertida entrevista nada menos que con el mismísimo Mahatma Gandhi, con la que se inauguró la era del “periodismo esotérico”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Habrá quien se niegue a creer en semejante posibilidad, pero a la hoy asesora presidencial Rebeca Moreno el médium Berroa le reveló que “ya antes, en otra vida había preparado el rescate de Ricardo Corazón de León”. Y a Antonio Calvo le dijo que “era un alma que venía de Orión a cumplir una misión en esta Tierra”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Quizá lo que nuestro país necesitaba, precisamente, es un gobierno nuevo que lograra el necesario cambio: abandonar los caducos valores de la racionalidad y luchar, con el apoyo de ángeles, chamanes y espíritus del más allá galáctico, para lograr que México entre a una nueva era de luz. Es más, ¡quizá ya estamos en esa era luminosa, sólo que no hemos sido capaces de darnos cuenta!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La visión racional&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, nunca falta el negrito en el arroz: los defensores del pensamiento racional. El que se basa en la lógica; el que pide razones y explicaciones, y que requiere una coherencia en los argumentos. Estos escépticos de lo sobrenatural insisten en la superioridad de su forma de ver el mundo. No en balde, dicen, la racionalidad es la modalidad de pensamiento que utilizan detectives, periodistas y científicos para hallar las respuestas más confiables a las preguntas que intentan contestar. Es también, idealmente, la base para tomar decisiones en una democracia (aunque, como nos demostró Pando, la realidad dista mucho de este ideal: las enseñanzas de los mayas galácticos, junto con una buena dosis de propaganda bien planeada, bastaron para ganar las elecciones).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los escépticos son los eternos aguafiestas. Insisten en negar la posibilidad de que estemos siendo observados y asesorados por civilizaciones extraterrestres más antiguas y sabias que la nuestra. Se basan para ello en argumentos aparentemente sólidos, como las tremendas distancias, de miles de años luz, que nos separan incluso de las estrellas más cercanas. Su argumento –racional, por supuesto, y suponiendo en primer lugar que tales civilizaciones existen, que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuentan con una tecnología avanzada y que tienen interés en venir hasta acá –, es que un viaje desde tal lejanía requiere un gasto de energía más allá de lo imaginable. Además del tiempo necesario, que según nos enseña el doctor Einstein debe ser superior a la cifra en años luz que nos separan de ellos, pues nada puede superar la velocidad de la luz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero claro, eso dicen ellos, los racionalistas. ¿Por qué no puede superarse la velocidad de la luz? ¿Por qué no podrían los extraterrestres contar con la energía necesaria y estar ahí, escondidos en sus platillos voladores, o bien aquí mismo, ocultos entre nosotros, asesorándonos como los niños que somos para conducirnos por el camino de la luz? ¿Sólo porque lo dijo Einstein?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Y usted qué opina?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En realidad se trata de un choque de cosmovisiones. Habrá quien prefiera limitarse a lo que podemos observar, medir y comprobar mediante la experimentación. Habrá quien opte por “sentir las vibraciones”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La diferencia estriba en qué tan confiable sea la visión que ofrece cada una de estas formas de pensar. Los científicos, por ejemplo, a cambio de la poderosa herramienta de producción de conocimiento que manejan, se limitan a tomar en cuenta sólo explicaciones naturales, y se ven obligados a dejar fuera las &lt;i style=""&gt;sobre&lt;/i&gt;naturales (si las aceptaran, no tendría caso realizar experimentos para comprobar las hipótesis que explican la naturaleza: cualquier explicación sería posible). A lo largo de la historia humana, ha sido esta capacidad de formular hipótesis sobre el mundo que nos rodea, y después someterlas a prueba para desechar las que no ofrezcan predicciones acertadas, la que ha permitido que la humanidad sobreviva con gran éxito y transforme el mundo para su beneficio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La visión mística, en cambio, nos ofrece un mundo en que las cosas pueden cambiar simplemente porque nosotros así lo deseamos. Después de todo, entidades superiores, seres extraterrestres y presencias del más allá están ahí para ayudarnos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al margen de lo que cada uno opine, podemos estar seguros de que el rumbo de México está bien definido. Si la política racional no ha dado buenos resultados, quizá la asesoría de adivinos y guías espirituales nos pueda ayudar a superar el eterno bache nacional. Podemos respirar tranquilos: el futuro de la nación está en buenas manos. La vidente Rebeca Moreno asesora a la esposa del C. Presidente. Ella es, según la describió Santiago Pando en una entrevista radiofónica, “un faro que transmite energía distinta a la que tiene la gente cuando está atrapada en la razón”. Menos mal, porque si trata uno de usar la razón para analizar la situación del país, la verdad es que no se entiende nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2509469423838031461?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2509469423838031461/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2509469423838031461' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2509469423838031461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2509469423838031461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2009/08/asesoria-mistica.html' title='Asesoría mística'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7602789985006006675</id><published>2004-10-06T09:05:00.002-05:00</published><updated>2010-04-14T09:15:36.993-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tecnología'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Método científico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciencia básica'/><title type='text'>La ciencia es un juego de azar</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico  de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 6 de octubre de 2004)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los grandes malentendidos en relación con el papel de la ciencia en una sociedad moderna es pensar que los científicos son una especie de “inventores” que se dedican a fabricar aparatos, a buscar cómo obtener energía ilimitada a partir del aire o a buscar la cura del cáncer. Otro malentendido es pensar que la ciencia es una especie de máquina de fabricar soluciones a problemas concretos: una especie de aparato de hacer salchichas al que basta meterle problemas por un lado para obtener soluciones por el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego, no es que todo mundo tenga una visión tan simplista de la ciencia, aunque quizá sí la tengan quienes la conocen sólo por la imagen que de ella nos presentan la televisión o el cine (es decir, el 90 por ciento de la población). En general, se  reconoce que la maquinaria de la ciencia necesita también recursos para poder funcionar, tanto económicos (hoy tan disputados) como humanos, en forma de profesionales capacitados para convertirse en buenos investigadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero para hacer ciencia también se necesita una compleja y costosa infraestructura que va desde los edificios adecuados para realizar la investigación, con sus respectivas adaptaciones particulares (tuberías de gas, agua, vacío, cuartos refrigerados, líneas de voltaje controlado, bibliotecas, auditorios, almacenes, oficinas administrativas, comedores, salas de discusión, cuartos para instrumental, etcétera, etcétera...) hasta los caros y complejos instrumentos que se requieren en cada disciplina como herramientas básicas de trabajo: computadoras, cristalería, espectrómetros, telescopios, microscopios, globos aerostáticos, submarinos, barcos, secuenciadores de ADN y una gama casi infinita. Y eso sin considerar los casos en que el instrumento científico es tan grande como un edificio, o incluso como una pequeña ciudad (como sucede con los gigantescos aceleradores de partículas gracias a los cuales los físicos estudian la estructura del átomo y sacan conclusiones acerca del universo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, la ciencia es un sistema mucho más complejo de lo que la mayoría de la gente piensa. Complejo en el sentido usual de la palabra, pues se trata de una red en la que los individuos que trabajan en los laboratorios se relacionan no sólo con sus colegas de todo el mundo, y también con quienes trabajan en otras disciplinas (la famosa interdisciplina), sino también con quienes administran sus institutos, con los profesores que forman a sus futuros aprendices, con los políticos y funcionarios que les proporcionan (o les niegan) el apoyo para sus proyectos, con los periodistas y comunicadores que pueden ayudarlos a construir una reputación ante el público general, o dañarla con un “periodicazo”, y en general con los ciudadanos que con sus impuestos financian su valiosa labor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la ciencia también es un “sistema complejo” en el sentido más técnico, pues constituye una estructura en la que una gran cantidad de componentes están relacionados unos con otros en forma múltiple y no lineal, por lo que un pequeño cambio en una de las partes puede tener efectos profundos e inesperados en el resto del sistema. El aparato de producción de conocimiento científico (que, no lo olvidemos, es el único producto directo de la investigación científica) influye no sólo en qué cosas sabemos acerca de la naturaleza (como es usual, me estoy refiriendo a las ciencias naturales, que son las que conozco). Tiene también complejas (en ambos sentidos) implicaciones éticas, políticas, económicas, sociales, humanas, literarias, religiosas y en general en todas las esferas de la acción humana. Y recíprocamente, todas estas esferas tienen también una influencia, muchas veces decisiva, sobre la actividad científica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de todo este panorama, una constante es la falta de una cultura científica. La ignorancia cerca del funcionamiento, importancia, historia y estructura de la ciencia es triste en el público general, que no puede opinar ni tomar decisiones en cuestiones relacionadas con estos temas, además de que pierde la oportunidad de disfrutar del placer que produce la visión del mundo que nos ofrece la ciencia. Pero esa misma ignorancia se torna trágica cuando se trata de nuestros gobernantes y en particular de los funcionarios que tienen que ver con cuestiones de cultura y ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Especialmente alarmantes son las declaraciones que constantemente hacen nuestros funcionarios, desde el presidente hasta el director de Conacyt, pasando por el secretario de educación pública, quien recientemente recomendó a jóvenes interesados en la ciencia que “investiguen problemas de importancia para el país, [para que] no les suceda como a aquel alumno de doctorado interesado en saber por qué 42 por ciento de cierto tipo de peces tiene una manchita negra y 58 por ciento no la tiene” (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La Jornada&lt;/span&gt;, 22 de septiembre).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Normalmente se supone que basta con que un científico decida ocuparse de un problema, tenga los recursos para hacerlo y trabaje duro, para que logre resolverlo. Abundan las historias de investigadores que, gracias a su gran tesón y mente genial, lograron descifrar tal o cual enigma de la naturaleza (aunque, si nos fijamos, muchos de ellos –no todos– fueron en realidad inventores que desarrollaron alguna tecnología).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en realidad, la naturaleza del proceso de generación de nuevo conocimiento científico es mucho más caprichosa. Un científico –o más bien, un grupo de científicos, que pueden estar distribuidos en muchos países– decide enfocarse en cierto campo de investigación, y comienza a explorarlo. Al mismo tiempo, tiene que estar perfectamente al tanto de lo que otros han hecho antes que él en ese campo, y de lo que sus colegas están haciendo (de ahí la importancia de la comunicación entre científicos, que se da formalmente en seminarios, congresos y publicaciones).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo interesante es, precisamente, lo que resulta de este esfuerzo múltiple de exploración de la naturaleza y formulación de hipótesis para explicarla: en la gran mayoría de los casos, las preguntas iniciales con que se comenzó no son contestadas en forma directa. A veces, la pregunta misma cambia; a veces lo que surge son nuevas preguntas que llevan a algunos investigadores a desviarse del camino inicialmente trazado, y muchas veces a descubrir fenómenos nuevos que no hubieran podido imaginar si no hubieran emprendido su búsqueda con la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El avance de la ciencia es, visto de este modo, un proceso darwiniano: se requiere una gran diversidad de investigadores, trabajando en muchos campos y generando una gran cantidad de hipótesis, para que surjan algunas que sean revolucionarias y, de vez en cuando, algunas cuya aplicación cambie nuestras vidas. Puesto así, podría sonar ineficiente (como todos los procesos darwinianos: ineficientes, pero muy eficaces). Pero, ante los enormes beneficios económicos, médicos, humanos y sociales producidos por aplicaciones como vacunas, antibióticos, transistores, computadoras, aviones o telecomunicaciones, ¿no vale la pena la inversión? (quien lo dude puede revisar los números: el valor de cualquiera de estas industrias supera con creces la inversión que haga un país en ciencia y tecnología).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En pocas palabras, la ciencia es, efectivamente, un juego de azar, pero uno en el que definitivamente vale la pena invertir, porque a la larga produce beneficios. Lástima que nuestros funcionarios no lo sepan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7602789985006006675?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7602789985006006675/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7602789985006006675' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7602789985006006675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7602789985006006675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2004/10/la-ciencia-es-un-juego-de-azar.html' title='La ciencia es un juego de azar'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-1151965072443800282</id><published>2004-06-02T11:53:00.000-05:00</published><updated>2009-09-17T11:59:01.780-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Seudociencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Charlatanería'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Método científico'/><title type='text'>Los ovnis de mi señor general: un golpe para la credibilidad científica</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;,&lt;br /&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 2 de junio de 2004)&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;A Gerardo Gálvez Correa, un amigo lúcido&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La situación haría llorar al más plantado. Luego de años de fomentar la enseñanza científica, como lo manda la constitución; luego de décadas de llevar a cabo múltiples actividades de divulgación científica, de dar conferencias, escribir en todos los medios, tener programas de radio y televisión, de construir museos, y tantas otras cosas... luego de todo esto, la comunidad científica mexicana no ha logrado adquirir la más mínima credibilidad.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al menos eso es lo que puede deducirse de la actitud del Secretario de la Defensa Nacional, general Clemente Ricardo Vega García, cuando decidió entregar los videos de unos ovnis observados por un avión de la fuerza aérea mexicana en el cielo de Campeche a Jaime Maussán, el conocido charlatán que se gana la vida como “experto” en el llamado fenómeno ovni.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El avión de marras patrullaba el cielo en busca de aviones de contrabandistas. Para ello contaba con un radar y una cámara infrarroja, capaz de detectar objetos por el calor que despiden. Los objetos voladores no identificados que descubrieron en el radar, pero que permanecían invisibles, aparecían en la cámara infrarroja como bolas luminosas. Se movían al unísono y, al parecer, comenzaron a seguir a la aeronave mexicana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Suena intrigante, en efecto. Una persona curiosa y honesta pensaría que hay buenas razones para investigar más, y quizá tendría razón. Pero a partir de ahí, la historia se tuerce por el camino del desastre. La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) decide entregar el material a Maussán con el fin de que lo haga público: &lt;i&gt;strike one&lt;/i&gt;. Maussán echa las campanas al vuelo (como ya lo ha hecho en tantas ocasiones, muchas de ellas comprobadas más tarde como fraudes en mayor o menor grado), y se refiere a la decisión de la SEDENA como algo histórico, único en la historia mundial: un gobierno que oficialmente reconoce la existencia del fenómeno ovni. El ridículo internacional, nada menos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y desde luego, cuando Maussán dice “ovni”, no se refiere a que no sabe de qué se trata: el está seguro de que son naves extraterrestres. Platillos voladores, pues. Y aprovecha el espaldarazo que ha recibido su credibilidad para asegurar que ya no es posible negar que los extraterrestres nos visitan. Los medios de comunicación, sobre todo los de Televisa, empresa donde trabaja Maussán, destacan la nota en primera plana (aunque hay que decir que la mayoría de los medios presentaron los hechos sin mostrar que creían que efectivamente se tratara de extraterrestres... quizá no todo está perdido). De este modo, el público general recibe un mensaje claro: los marcianos llegaron ya, y el ejército tiene pruebas. &lt;i&gt;Strike two &lt;/i&gt;para la cultura científica de nuestro pueblo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero ahí no acaba todo: en entrevista, el general Vega García afirma que si no le dio el video a verdaderos científicos es porque ¡no los conoce! &lt;i&gt;Strike three&lt;/i&gt;. Existen astrónomos en la UNAM y otras instituciones, especialistas en fenómenos atmosféricos y otros que podrían haber ayudado a interpretar lo observado por los asustados pilotos caza-narcos. Al afirmar que no los conoce, el general no sólo reconoció públicamente que es un ignorante (y un irresponsable, pues ¿se imagina usted qué haría en caso de una emergencia militar de otro tipo si no tiene al menos la cultura indispensable para saber que el ejército, en caso necesario, puede recurrir a la comunidad científica nacional para obtener asesoría confiable?). Implicó también que las fuerzas armadas del país no reconocen la existencia y la calidad de los científicos mexicanos. Y de paso, les negó credibilidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En una encuesta reciente, el ejército quedó en segundo lugar entre las instituciones más confiables para el pueblo mexicano, sólo después de la iglesia (la católica, claro). Hoy esa institución muestra que no reconoce la capacidad de los científicos de la UNAM, y en general del país, y al mismo tiempo que sí conoce y respeta la autoridad de un charlatán como Maussán. ¿Qué efecto tendrá este golpe en la credibilidad de los científicos ante la opinión pública mexicana?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde luego, la cosa no quedó así. La comunidad científica de la UNAM organizó una mesa redonda a la que asistieron los medios, y en ella se aclaró la situación. Se mostró que la SEDENA debió haber recurrido a los científicos, y se propusieron explicaciones sensatas al fenómeno observado (la más probable es la de las centellas o “rayos bola”, un fenómeno relativamente poco estudiado, aunque hay quien afirma que se trataba de aviones caza estadounidenses). Y más recientemente, un grupo de astrónomos, divulgadores y científicos de todo tipo lanzaron un manifiesto para protestar por los hechos. Pero el alcance que estas medidas tengan no es comparable con el golpe publicitario que la SEDENA le ofreció en bandeja de plata a un seudocientífico apoyado por el aparato mediático más poderoso del país.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al menos, como dice un amigo cuyos argumentos he citado libremente en este texto, la UNAM protestó, pero ¿dónde está la protesta de la Secretaría de Educación Pública? ¿La del Conacyt, la Academia Mexicana de Ciencias, el Consejo Asesor de Ciencias de la Presidencia?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y como dice otro amigo, el ejército no se manda solo: el jefe supremo de las fuerzas armadas es el presidente de la república. ¿Cuál es su posición al respecto? ¿O será que todo, como afirman los que saben, fue sólo un golpe mediático para desviar la atención del público y los medios de los desoladores escándalos políticos que ensombrecen el panorama nacional? “Yo no me presto a eso”, afirmó indignado el general Vega cuando se le mencionó la hipótesis, pero no es fácil encontrar otra explicación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo que sí es evidente es que la comunidad científica como un todo, incluyendo a investigadores, funcionarios, educadores y comunicadores de la ciencia, tendremos que redoblar esfuerzos si queremos hacer un “control de daños” ante el golpe que la Secretaría de la Defensa le ha propinado a la imagen pública de la ciencia en México. Ni modo, así es nuestro país. Ahora sólo nos queda seguir trabajando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-1151965072443800282?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/1151965072443800282/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=1151965072443800282' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/1151965072443800282'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/1151965072443800282'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2009/09/los-ovnis-de-mi-senor-general-un-golpe.html' title='Los ovnis de mi señor general: un golpe para la credibilidad científica'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7035528968035121191</id><published>2004-05-05T13:43:00.002-05:00</published><updated>2008-11-10T13:48:22.335-06:00</updated><title type='text'>¿Una nueva teoría sobre el olfato?</title><content type='html'>Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 5 de mayo de 2004)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciencia no es sólo un cuerpo de conocimientos que deban aceptarse dogmáticamente. Se trata, más bien, de una forma de ver el mundo y de adquirir conocimiento confiable acerca de él. Un ejemplo reciente nos muestra cómo, en ciencia, vale más el &lt;i&gt;cómo&lt;/i&gt; que el &lt;i&gt;qué&lt;/i&gt;: es más importante la forma en que se obtiene conocimiento que el conocimiento mismo que se obtenga, pues éste está siempre sujeto a revisión.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El caso en cuestión tiene que ver con la teoría del olfato. Hoy sabemos mucho acerca de la vista y el oído (sentidos físicos, que detectan, respectivamente, radiación electromagnética y vibraciones mecánicas del aire). Sin embargo, conocemos relativamente poco sobre el tacto (un sentido físico más directo, y que en realidad consta de varios sub-sentidos que detectan, entre otras cosas, vibraciones, temperaturas, texturas y presión). Quizá esto se deba a que, siendo la nuestra una especie eminentemente audiovisual, la investigación sobre el tacto ha recibido menos atención, y por ello este sentido se comprende con mucho menos detalle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los sentidos químicos, gusto y olfato, son también muy complejos. El gusto puede subdividirse, dicen los expertos, en la capacidad para percibir 5 sabores: dulce, salado, ácido, amargo y un quinto sabor llamado &lt;i&gt;umami&lt;/i&gt;, que es el del conocido conservador de alimentos glutamato de sodio (el que le da su típico e inconfundible sabor a las famosísimas sopas instantáneas Maruchán).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El olfato, por su parte, quizá sea el más complejo de los cinco sentidos. Es capaz de detectar (y distinguir) miles de olores distintos. De hecho, gran parte de lo que percibimos como el sabor de algo es realmente su olor, que llega a las células olfativas de la nariz a través de la conexión que existe entre la parte trasera de la boca y la cavidad nasal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Gusto y olfato, según la explicación tradicional, aceptada hasta hoy, se basan en el reconocimiento de moléculas por proteínas en la superficie de las células gustativas u olfatorias. En el gusto, el contacto es directo; en el olfato, las moléculas de olor viajan por el aire y penetran en la nariz hasta ponerse en contacto con las proteínas de la membrana externa de estas células. Para cada tipo de molécula, se postula, hay una proteína receptora, en la que encaja como una llave en su cerradura (así funcionan, entre otras, proteínas como las enzimas y los anticuerpos, que también tienen que reconocer a sus moléculas blanco).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero hay un problema: a pesar de la capacidad del olfato para discriminar miles de aromas distintos, un estudio hecho en 2001 pudo detectar sólo 347 tipos de proteínas receptoras de olores. Según la teoría llave-cerradura, al menos en su versión más simple, se necesitarían miles, una para cada tipo de olor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un investigador italiano, Luca Turin, revivió en los años 90 una vieja teoría, formulada en los 30, que pretende explicar el olfato mediante un principio diferente: que las neuronas olfativas detectan las vibraciones intramoleculares de las moléculas odoríferas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como usted, querido lector o lectora, recordará, las moléculas son átomos unidos mediante enlaces químicos. Pero estos enlaces no son rígidos como las varillas que nos muestran en los modelos químicos; son atracciones electromagnéticas entre los núcleos positivos de los átomos y los electrones negativos que giran alrededor de ellos (un poco, con perdón de los lectores divorciados, como dos esposos que ya no se soportan pero que se mantienen unidos por los hijos que comparten...). Debido a esto, los átomos que forman la molécula están constantemente vibrando y girando; acercándose y alejándose. Y es precisamente ese “estiramiento” molecular lo que, según Turin, es detectado por los receptores olfativos (como átomos y electrones portan cargas eléctricas, su movimiento produce ondas electromagnéticas que pueden ser detectadas: así funcionan aparatos como el espectroscopio, que permiten a los químicos averiguar la composición de las moléculas).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Basándose en las ideas de Turin, el escritor Chandler Burr escribió un libro titulado &lt;i&gt;El emperador del olfato&lt;/i&gt;, en el que lo presenta como un genio revolucionario que está siendo ignorado por la comunidad científica. El libro despertó la atención de la BBC de Londres, que filmó un documental de gran éxito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si hay algo que los científicos odian, porque va en contra del espíritu de su profesión, es ser acusados de “cerrados” y “dogmáticos”. Así que, en vez de sólo descalificar a Turin y sus teorías, decidieron someterlas a prueba. En un número reciente de la revista &lt;i&gt;Nature Neuroscience&lt;/i&gt; Andreas Keller y Leslie Vosshall, de la Universidad Rockefeller, publicaron un artículo titulado “Una prueba psicofísica de la teoría vibracional del olfato”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La labor se facilitó porque el propio Turin había propuesto experimentos clave para distinguir si su teoría vibracional del olfato hacía mejores predicciones que la teoría clásica del reconocimiento molecular. (En esto, Turin actuó como un buen científico, siguiendo los preceptos del filósofo Karl Popper, quien exige que, para ser considerada científica, toda teoría proponga experimentos que, de fracasar, permitan descartarla. Se trata de su famoso criterio de “falsabilidad” para distinguir las ciencias verdaderas de seudociencias como la astrología, que nunca pueden refutarse.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los experimentos propuestos por Turin y realizados por Keller y Vosshall fueron sencillos y elegantes: comparar el olor de pares de moléculas que, según la teoría de Turin, deberían oler parecido o diferente, y ver si efectivamente. Para evitar que los experimentadores influyeran sobre la percepción de los sujetos, las pruebas se realizaron –como debe hacerse siempre– con el método de “doble ciego”: ni experimentadores ni sujetos experimentales sabían qué sustancia estaban utilizando en cada caso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En primer lugar se comparó el olor de una mezcla de guayacol (que huele a humo) y benzaldehído (que huele a almendras) con el de la vainilla. Según la teoría vibracional, las vibraciones moleculares de la mezcla guayacol/benzaldehído se aproximan a las vibraciones de la vainillina, por lo que debían tener un olor semejante. Resultado: negativo. Las docenas de sujetos experimentales fueron incapaces de detectar olor a vainilla en la mezcla, pero identificaron con facilidad la vainillina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El segundo experimento sometió a prueba la predicción vibracional de que aldehídos (moléculas particularmente olorosas, que le dan, por ejemplo, su olor a muchas frutas) que tienen un número par de átomos de carbono debían oler distinto de los aldehídos que tienen un número non de carbonos. Al oler los aldehídos de distintos tamaños, los sujetos encontraron que la mayor diferencia se daba conforme el número de carbonos aumentaba progresivamente, y no como función del número par o non de carbonos: nuevamente, la predicción vibratoria no se cumple, y el resultado encaja (nunca mejor dicho) con la teoría del reconocimiento llave-cerradura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El experimento final fue comparar dos moléculas químicamente casi idénticas, pero con vibraciones moleculares muy distintas: acetofenona y acetofenona deuterada (en esta última, todos los átomos de hidrógeno han sido sustituidos por deuterio, primo pesado del hidrógeno). Nuevamente, el resultado fue negativo: los olores fueron indistinguibles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Queda descartada la teoría de Turin? No totalmente, pero está en problemas, pues no cuenta con pruebas a su favor. Los experimentos no prueban tampoco que la teoría llave-cerradura sea correcta: probablemente tendrá que refinarse para poder explicar el funcionamiento detallado del olfato. Pero hasta ahora es la explicación más prometedora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En resumen, el caso es un ejemplo de buena ciencia: no se descalifican &lt;i&gt;a priori &lt;/i&gt;las ideas: se someten a prueba. Si los resultado hubieran sido positivos, no habría más remedio que reportarlos y comenzar a revisar la teoría actual del olfato. En ciencia, las teorías-hijos que son refutadas, por más que nos duela, tienen que ser descartadas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aunque hay una última esperanza: “¿Significa esto que nadie en el planeta puede distinguir la diferencia (entre acetofenona normal y deuterada)?” pregunta Vosshall en entrevista. Y responde: “No, y no pudimos hacer la prueba con Luca Turin”. A lo mejor él si puede oler las vibraciones de las moléculas. Luca Turin es &lt;i&gt;casi &lt;/i&gt;un buen científico: sólo le falta ser buen perdedor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7035528968035121191?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7035528968035121191/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7035528968035121191' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7035528968035121191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7035528968035121191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2004/05/una-nueva-teora-sobre-el-olfato.html' title='¿Una nueva teoría sobre el olfato?'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2884260758257856644</id><published>2003-05-21T18:14:00.000-05:00</published><updated>2011-09-02T18:20:57.053-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tecnología'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Seudociencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Charlatanería'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><title type='text'>Tecnoamenaza microscópica (o los placeres de la paranoia)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; color: #555544; font-family: tahoma, 'Trebuchet MS', lucida, helvetica, sans-serif; font-size: 13px; line-height: 18px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Humanidades&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 21 de mayo de 2003)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo comenzó con el anuncio de una mesa redonda sobre nuevas tecnologías. “La convergencia tecnológica: nanotecnología, biotecnología, informática... ¿el futuro de la ciencia?”, anunciaba el cartel. Estaba ilustrado con un fragmento del infierno del famoso tríptico del Jardín de las Delicias, de Hyeronimus Bosch (El Bosco), en el que se observa un humano con cabeza de pájaro y una olla de sombrero, sentado en un trono, que devora a un ser humano mientras defeca a otro dentro de una burbuja. Pero para mí quedaba claro, por lo simbólico de la ilustración, que el tema de la mesa redonda debía ser algo muy peligroso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El texto que acompañaba a la imagen eliminaba cualquier duda: “Nuevas y poderosas tecnologías con gran potencial militar (como genómica, neurociencias, robótica, informática y la más significativa de todas: la nanotecnología o tecnología atómica [sic]), están siendo desarrolladas principalmente por el gobierno de Estados Unidos, sin que la sociedad tenga prácticamente ninguna información sobre éstas ni sobre sus proyectos. Invitamos a este panel para compartir nuestra investigación sobre estas tecnologías, el contexto en que se desarrollan, y sus posibles consecuencias.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí asistir, con el fin de enterarme de la versión que el &lt;a href="http://www.etcgroup.org/es/sobre"&gt;grupo ETC&lt;/a&gt; (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) tenía del asunto, y quizá para expresar la opinión de un divulgador de la ciencia (yo). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por coincidencia, unos días antes un amigo me había enviado una nota periodística muy curiosa: el príncipe Carlos de Inglaterra &lt;a href="http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/3883749.stm"&gt;había convocado&lt;/a&gt; a la prestigiosa &lt;i&gt;Royal Society&lt;/i&gt; de Londres (la institución científica más antigua del mundo) a debatir los riesgos de la nanotecnología, bajo la impresión de que esta disciplina -que busca producir máquinas de tamaños submicroscópicos (&lt;i&gt;nano&lt;/i&gt; se entiende como apócope de &lt;i&gt;nanómetro&lt;/i&gt;, la millonésima parte de un milímetro), compuestas por relativamente pocos átomos- podría llegar a crear una especie de virus artificiales que acabaran con la vida en el planeta. La idea es que los científicos y tecnólogos, apoyados por las grandes empresas y el gobierno estadounidense, están tratando de desarrollar nanorrobots capaces de reproducirse a sí mismos, que posteriormente podrían (como tiene que ser, según el canon anticientífico establecido por Frankenstein) salirse de control y apoderarse del mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, resulta que la principesca angustia fue causada por la lectura de un documento llamado &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.etcgroup.org/en/node/172"&gt;The big down&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; (traducido extrañamente como “la inmensidad de lo mínimo”), escrito por el activista Pat Mooney y distribuido precisamente por el grupo ETC. La noticia había salido a la luz el día de la mesa redonda, causando curiosidad y risas en la comunidad científica de todo el mundo. Los organizadores de la mesa, sin embargo, no tuvieron empacho en vanagloriarse del “apoyo” que estaban recibiendo del real personaje. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La convocatoria para la mesa, que se realizó en la Facultad de Economía, había sido distribuida ampliamente en la UNAM, así como en los medios de comunicación. Yo esperaba encontrar un discurso relativamente moderado, cauteloso, que tratara de convencer por medio de una historia más o menos creíble. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me encontré fue exactamente lo opuesto: ciencia ficción pura. No puedo negar que los ponentes contaban con datos bastante precisos, pero la historia que hilvanaban, con base en sus muy peculiares interpretaciones de esos datos, y sobre todo las predicciones que pretendían deducir de ellas, eran tan increíbles como las &lt;i&gt;space operas&lt;/i&gt; (novelones tipo Guerra de las Galaxias) que le recetan a los estudiantes de Dianética y Cienciología. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto con la historia de la amenaza de la nanotecnología fuera de control (que denominan &lt;i&gt;grey goo&lt;/i&gt;, o plasta gris), este grupo, al que netamente puedo denominar anticientífico, propaga la llamada (por ellos) “teoría del pequeño BANG”. Basada en las iniciales de Bit, Átomo, Neurona y Gen (objetos de estudio de las nuevas y peligrosas tecnologías que tanto temen los de ETC: informática, nanotecnología, neurociencias y biotecnología), la “teoría” advierte que el gobierno de los Estados Unidos está promoviendo la fusión de estas cuatro ramas para “garantizar la dominación... tanto militar como económica en el siglo 21”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué es anticientífico el enfoque de este grupo? Después de todo uno podría pensar que simplemente tratan de advertir a la sociedad sobre posibles peligros de las tecnologías futuras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay varias pistas que delatan la agenda oculta del grupo. Una es la burda estrategia que usan de cambiar nombres para crear asociaciones negativas (la sigla BANG, por ejemplo, o proponer que a la nanotecnología se la llame “tecnología atómica”). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra es su confusión entre ciencia y la tecnología (aunque lo mismo se podría decir del Conacyt...), así como la visión amenazante que tienen de ellas (a diferencia del Conacyt, afortunadamente). En su opinión, la meta de los Estados Unidos es desarrollar los nanorrobots autorreplicantes para poder así ¡manipular las mentes de la gente! La prueba de ello, según ETC, es que se está tratando de desarrollar un mapa de cada neurona del cerebro humano. &lt;i&gt;Matrix&lt;/i&gt; combinado con el &lt;i&gt;Big Brother&lt;/i&gt; de George Orwell. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra pista es la manera tramposa en que argumentan: si algo &lt;i&gt;podría&lt;/i&gt; ser peligroso (ciencia ficción), pero no hay datos para evaluar si ese riesgo es realista (ciencia), ETC decide que está comprobado  y hay una conspiración para ocultarlo (amarillismo). También liga datos inconexos para crear la ilusión de riesgo, como cuando afirman que las nanopartículas que forman parte de la contaminación causan daño a la salud, y concluyen que la nanotecnología causará daños a la salud. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo más notorio, a pesar del barniz superficial que presentaban los oradores de la mesa, aparentando ser expertos en ciencia, era su gran ignorancia en cuanto a los temas científicos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto: a pesar de manejar palabras y conceptos científicos sencillos, los conceptos en los que se basa la visión apocalíptica de ETC contienen graves errores. Uno que ha sido señalado por la prensa mundial es la extraña concepción que tienen de la nanotecnología: parecen pensar que los átomos pueden manipularse como si no estuvieran sujetos a las leyes de la química, formando enlaces unos con otros. Creen que los átomos se pueden manipular como si fueran ladrillos inertes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí otras perlas que alcancé a pescar durante la mesa: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Creemos que la nanotecnología va hacia la manipulación subatómica” (como si también electrones y protones se pudieran manejar como ladrillos –las reacciones nucleares vistas como sencillos rompecabezas). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A escala nanométrica, los átomos de oro son rojos” (a escala nanométrica, el concepto de color pierde sentido. Quizá querían decir que las partículas nanométricas de oro, no los átomos, vistas macroscópicamente, son rojas). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los trabajos de los bio-nanotecnólogos (otro invento de ETC) tienden a borrar la diferencia entre lo vivo y lo no vivo” (no es ninguna novedad: desde el advenimiento de la biología molecular se sabe que no hay ninguna “esencia” que distinga a lo vivo de lo inerte, excepto su alto nivel de organización). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Gracias a la nanotecnología, de basura se podría hacer una hamburguesa” (sólo si se lograra la transmutación alquímica de los elementos, pues una hamburguesa está hecha de &lt;i&gt;elementos&lt;/i&gt; distintas que la basura). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema con grupos como ETC es que son gente que sabe muy poca ciencia, pero es suficientemente hábil en su discurso como para que su público –que no sabe &lt;i&gt;nada&lt;/i&gt; de ciencia– les crea cuando se hacen pasar por expertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El discurso amarillista que manejan les asegura amplia aceptación en una prensa cada vez menos dispuesta a dedicar un espacio a la ciencia. Un ejemplo: el periódico &lt;i&gt;La Jornada&lt;/i&gt; cuenta entre sus columnistas a Silvia Ribeiro, miembro de ETC y destacada por su furiosa oposición a todo lo que huela a biotecnología, genómica, y ahora nanotecnología, así como por la dudosa calidad de su información “científica”. (Y al mismo tiempo, hace muchos meses que &lt;i&gt;La Jornada&lt;/i&gt; suspendió la publicación de su suplemento de ciencia.) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes nos dedicamos a divulgar la ciencia tenemos un compromiso no sólo con compartir con el público los placeres y la importancia de la actividad científica y del conocimiento que produce: también tenemos que señalar los errores y tergiversaciones que grupos como ETC, lamentablemente, difunden en los medios. Después de todo, su verdadero objetivo no parece ser fomentar el bueno uso de la ciencia, sin combatir su desarrollo. ¿Se tratará, después de todo, de una conspiración imperialista para impedir que haya ciencia en otras partes del mundo? (Pero no, en realidad no lo creo: se trata simplemente de una gran dosis de ignorancia combinada con el enemigo de siempre: la tontería.)&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2884260758257856644?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2884260758257856644/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2884260758257856644' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2884260758257856644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2884260758257856644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2003/05/tecnoamenaza-microscopica-o-los.html' title='Tecnoamenaza microscópica (o los placeres de la paranoia)'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8508635559202995896</id><published>2003-04-23T11:33:00.002-05:00</published><updated>2009-08-11T11:37:57.612-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tecnología'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Divertimentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><title type='text'>Etiqueta electrónica</title><content type='html'>Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 23 de abril de 2003)&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todo mundo habla de que los adelantos de la ciencia y la tecnología hacen más fácil, segura y agradable nuestra vida. Es un hecho que sin avances como antibióticos, aviones, teléfonos, telas sintéticas, computadoras, automóviles, pañales desechables e infinidad de otros artefactos y productos que usamos diariamente, la vida podría ser, efectivamente, muy difícil.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo que nunca se dice son las muchas y sutiles formas en que estos avances logran también, paradójicamente, complicar nuestra existencia y llenar el camino diario de infinidad de piedritas que convierten hasta la actividad más sencilla en una verdadera monserga.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un ejemplo son esos conmutadores telefónicos computarizados a los que uno se enfrenta, por ejemplo, cuando llama al banco. Para empezar, suponen que uno tiene un teléfono de teclas (tonos). Si se tiene la mala fortuna de mi amiga Estrella, editora de la revista &lt;i&gt;¿Cómo ves?&lt;/i&gt;, quien en cuatro años no ha logrado que cambien el anticuado teléfono de disco de su oficina por un modelo más moderno, la cosa está perdida.&lt;i&gt; &lt;/i&gt;La computadora también da por hecho que uno es capaz de memorizar una larga lista de opciones numéricas (“si quiere reportar un robo, marque uno; si no quiere reportar un robo, marque dos; si no sabe lo que quiere, marque tres”). La opción que se necesita siempre está enterrada al fondo del “menú”. Uno se pregunta, ¿por qué abandonar el viejo sistema de operadoras humanas? (No me responda, querido lector; la pregunta es retórica.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otro ejemplo detestable son esas alarmas electrónicas de los coches, que cuando uno se acerca demasiado le espetan un agresivo “¡aléjese!”. ¡Uf!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otro más: nada hay más desesperante que estar junto a uno de esos tipos que creen que la principal utilidad de su teléfono celular es: a) que todos nos demos cuenta de la horrible musiquita que escogió como timbre, y b) que nos enteremos también de todos los detalles de una conversación que debería ser personal (la última moda son unos teléfonos con bocinita que hacen que los usuarios se sientan como si fueran policías hablando por su radio, lo cual tiene un efecto francamente ridículo).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por todo ello me atrevo a presentar aquí a consideración de usted algunas sugerencias de etiqueta electrónica que, estoy seguro, ayudarán a hacer más fácil la convivencia en esta era dominada por los microprocesadores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Teléfono fijo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El uso del teléfono tiene ya un siglo, y sin embargo los modales al respecto siguen teniendo algo de cavernario. Fui consciente de ello recientemente, cuando mi amigo Javier ironizó acerca de lo poco adecuado que resultaba que él, que se había tomado la molestia de subir tres pisos hasta mi oficina para hablar conmigo, tuviera que interrumpir su charla para esperar a que otra persona que me llamó en ese momento por teléfono acabara de decirme lo que quería. De modo que la primera regla para el uso del teléfono sería: Nunca interrumpa una conversación en persona por atender una llamada. En todo caso, lo indicado es informarle al que llama que uno está ocupado y pedirle que llame en un rato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Teléfono celular&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como ya habrá usted notado, pienso que el abuso de los “móviles” es una de las principales calamidades que no s ha legado la tecnología moderna. Y abuso es prácticamente el 99% del uso que se les da: avisarle a la esposa que “ya va uno llegando a la casa”, traerlo prendido en clase “por si a alguien se le ocurre llamar”, usarlo a voz en cuello en cines o restaurantes, destruyendo la paz de los demás e imponiéndoles una conversación que las más de las veces suena como las del anuncio ese de “hay llamadas que no se deberían cobrar” (¡hay llamadas que no se deberían &lt;i&gt;hacer&lt;/i&gt;!)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De modo que los modales mínimos para uso del celular serían los siguientes: si está en un lugar en donde resulta a todas luces inadecuado recibir llamadas &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;una misa, una junta de trabajo, una conferencia (sobre todo si es usted el conferencista, aunque he presenciado casos en que un asistente, en el momento de hacerle una pregunta al expositor, recibe una llamada y ¡prefiere contestarla!&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, apague su celular. Si es usted incapaz de apagarlo, debido a un caso avanzado de adicción, por favor acuda cuanto antes a un psicólogo, pero mientras tanto tenga al menos el decoro de apagar el timbre y usar el vibrador. Si está usted en un restorán, donde la gente normalmente intenta pasar un buen rato y no escuchar los gritos del “celulítico” de la mesa de junto, y recibe una llamada, salga del local. Esto tiene la ventaja de mejorar la recepción del aparatejo, que siempre tiende a ser pésima, y la desventaja de que deja uno a los amigos con la palabra en la boca, lo cual siempre es grosero. Lo mismo se aplica si va uno de visita a casa de algún amigo. Ver uso del teléfono alámbrico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Una regla adicional, que por alguna razón relacionada con el subdesarrollo todavía no ha sido convertida en ley, es la prohibición terminante de utilizar el celular mientras se maneja. Está comprobado que atender una llamada reduce el tiempo de respuesta de un conductor en forma significativa (tan significativa como para chocar, en muchos casos). Usar el celular mientras maneja es signo seguro de barbarie. Al menos, asegúrese de utilizar un equipo de manos libres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Correo electrónico&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El uso del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;e-mail &lt;/span&gt;se ha popularizado a extremos escalofriantes. Aunque la etiqueta a este respecto es conocida, no está de más recordar algunas reglas vitales:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al responder un mensaje, procure “citar” las palabras de su corresponsal, copiándolas de su mensaje original. La mayoría de los programas facilitan esto poniendo copia del texto cuando lo responde. No hay nada más desconcertante que recibir un mensaje como los que suele mandar Sergio, otro amigo, que sólo dicen “órale, ya vas” (imaginar a un servidor rascándose la cabeza tratando de recordar de qué se trata el asunto).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Asegúrese también de revisar &lt;i&gt;siempre&lt;/i&gt; que el destinatario del correo sea el correcto. Los modernos programas “facilitan” la vida insertando automáticamente la dirección de la persona a la que &lt;i&gt;creen&lt;/i&gt; que uno le quiere escribir, con el resultado de que a veces la carta de encendida pasión que uno quería enviar a &lt;i&gt;Cons&lt;/i&gt;uelo le llega al &lt;i&gt;Cons&lt;/i&gt;ejo directivo. Los resultados pueden ser desastrosos, sobre todo si Consuelo es la esposa de uno de los miembros de dicho consejo. He visto matrimonios y amistades terminar por errores de este tipo. Una variante es cuando uno se balconea al responder a todos los miembros de una lista de correos, en vez de hacerlo sólo a la persona que envió el último mensaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, no, no, no envíe cadenas, sean del amuleto de la suerte, del niño que necesita transplante de riñón o de la niña que fue secuestrada. &lt;i&gt;Son todas falsas&lt;/i&gt; y sólo sirven para saturar el buzón de sus amigos. Lo mismo es cierto respecto a la mayoría de los avisos sobre virus. Mejor consígase un buen antivirus que se actualice automáticamente por internet (algunos son gratis). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tampoco es buena idea enviar mensajes que contienen anexos (&lt;i&gt;attachments&lt;/i&gt;) gigantescos, aunque se trate de las últimas fotos del chilpayate recién nacido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las computadoras portátiles (&lt;i&gt;laptops&lt;/i&gt;) y de bolsillo (Palm) tienen también sus complicaciones (escribir en la Palm mientras se cruza una calle, por ejemplo, es suicida), pero el espacio no da para abordarlas. Le recomiendo, querido lector, que use su sentido común y piense un poco en el respeto que le debe a sus vecinos. De otro modo, habrá que copiar la idea de algunos restoranes estadounidenses, que cuentan ya con “zonas libres de celulares”. La idea me parece maravillosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8508635559202995896?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8508635559202995896/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8508635559202995896' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8508635559202995896'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8508635559202995896'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2003/04/etiqueta-electronica.html' title='Etiqueta electrónica'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-5175403108380370015</id><published>2003-02-05T23:35:00.002-06:00</published><updated>2009-03-30T15:43:20.342-06:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venenos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Química'/><title type='text'>El triste caso del regio más chupador (o “la dosis hace el veneno”)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"   style="border-collapse: separate; color: rgb(85, 85, 68);   font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: 18px; orphans: 2; text-align: left; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;font-family:tahoma;font-size:13px;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-family:georgia;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-family:georgia;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-family:georgia;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;el 5 de febrero de 2003)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;A finales del año pasado se publicó en el diario &lt;i&gt;Reforma &lt;/i&gt;(27 de diciembre de 2002) una historia que merece pasar a formar parte de la amplia enciclopedia de la estupidez humana. O quizá de recibir uno de los prestigiados premios Darwin (www.darwinawards.com/), que se otorgan &lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;muchas veces póstumamente&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; a aquellas personas que se distinguen por su capacidad para eliminarse a sí mismos en la lucha por la existencia, contribuyendo así a la selección natural que elimina a los menos aptos.&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El caso consiste en lo siguiente: en una discoteca de Monterrey, Nuevo León, llamada &lt;i&gt;Vat Kru&lt;/i&gt; (vaya usted a saber el porqué del nombrecito), los conductores del programa televiso de televisión “No te equivoques” organizaron un concurso para encontrar “al regio más chupador” (bueno, el periódico era más educado y decía “al regio que toma más tequila”).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El afortunado ganador fue un joven de 19 años, Marco Israel López Vargas, quien demostró sus habilidades –y su escasa inteligencia&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; bebiéndose la escalofriante cantidad de ¡40 tequilas! (Para un abstemio como un servidor, la hazaña parece tan imposible como consumir 40 huevos cocidos uno tras otro y sin tomar agua.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero como usted imaginará, la historia no terminó ahí. Después de ganar el concurso, el joven llegó –seguramente con más que un poco de ayuda de sus amigos&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; a su casa en la madrugada del domingo y se durmió. A la mañana siguiente, su padre, Martín López Huerta, intentó despertarlo sólo para descubrir que estaba muerto. Ya imaginarán ustedes la angustia del padre, quien pedía (no muy perspicazmente; la inteligencia tiene un componente hereditario) “que se esclarezcan los hechos y me digan de qué murió mi hijo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y precisamente ese es el punto de esta nota: cualquier persona medianamente sensata debería (sí, debería) saber que tomar un exceso de alcohol puede ser mortal. En particular, quienes organicen un concurso de tomar alcohol deberían tener claro cuál es la dosis letal de esta sustancia, y saber al menos aproximadamente cuánto alcohol contiene cada copa, de manera que pudieran establecer un límite de seguridad para evitar precisamente lo que sucedió con el joven Marco. (Para ser justos, habría que señalar que Tony Dalton y Kristoff, los conductores del programa, niegan haber organizado un “concurso”. “Qué es para ti un concurso? Porque nosotros no hacemos concursos, güey, digo, había unas niñas y eso sí, mas, bueno, tampoco es un concurso, y dijimos que la que bailara más sexy le regalábamos la entrada, ya sabes. Pero no fue concurso, básicamente no fue un concurso de que ‘eh, esto es un concurso’, ya sabes”, afirmó con gran lucidez Kristoff. Dios los cría y ellos se juntan, añade este relator.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De hecho, se trata de un caso extremo de falta de cultura científica (en particular, de cultura química, tan despreciada por... bueno, supongo que por todos los que no son químicos). En mi opinión, todo mundo debería saber un principio importante: que cualquier sustancia, en dosis suficientes, puede resultar tóxica. En otras palabras, como lo expresa un certero dicho, “la dosis hace el veneno”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué es un veneno? El diccionario lo define como una sustancia que, introducida o aplicada al cuerpo en poca cantidad, causa la muerte o trastornos graves. Por supuesto el chiste es saber cuánto se considera “poca cantidad” (o como dice otro dicho, “qué tanto es tantito”). Quizá por eso los químicos preferimos hablar de “sustancias tóxicas” y decir que hay grados de toxicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Existen sustancias capaces de matar a un humano de 70 kilos que consuma menos de 700 microgramos de ellas (o sea, menos de un miligramo). Se trata de las biotoxinas, los venenos más potentes que existen. Dos ejemplos son la toxina botulínica, producida por la bacteria &lt;i&gt;Clostridium botulinum&lt;/i&gt;, y la ricina, que puede obtenerse de la semilla conocida en inglés como &lt;i&gt;castor bean &lt;/i&gt;y cuyo nombre no he logrado averiguar en español.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Existen también sustancias “supertóxicas”, que son mil veces menos tóxicas que las biotoxinas (70 miligramos se requieren para matar a nuestro sujeto de 70 kilos), como los agentes neurotóxicos y la atropina. Luego siguen las sustancias “muy tóxicas” (cianuro, ciertas toxinas producidas por hongos y ¡la vitamina D! Dosis letal para nuestro sujeto: 3 y medio gramos); las “moderadamente tóxicas” (35 gramos resultan mortales; insecticidas organofosforados, barbitúricos) y las “ligeramente tóxicas”, que incluyen a los disolventes comerciales y, sorprendentemente, a la aspirina (aunque tendría usted que consumir hasta 350 gramos de aspirina para suicidarse, si no le perfora antes el estómago... lo cual, desde luego, igual resulta mortal).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las sustancias cuya dosis letal es mayor que 350 gramos se consideran inofensivas. Pero, ¿lo son en realidad? Para todo fin práctico sí, pero lo notable es darse cuenta de que &lt;i&gt;toda &lt;/i&gt;sustancia tiene una dosis letal: “la dosis hace el veneno”. La vitamina D, por ejemplo, es indispensable para nuestra vida, pero un exceso la convierte en mortal. En el otro extremo, la toxina botulínica, cuyo uso por terroristas sería una catástrofe, se usa en clínicas de belleza, en dosis exquisitamente controladas, para eliminar (por unas semanas o meses) las arrugas de los rostros de mujeres que se niegan a dejar de ser bellas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En cuanto al alcohol, que tiene una función depresora sobre el sistema nervioso, la dosis consumida es determinante para sus efectos. Una concentración de 0.05 por ciento de volumen en la sangre produce un efecto de tranquilidad y desinhibición. Pero cuando el nivel llega a 0.1 por ciento se produce falta de coordinación, con 0.3 por ciento, inconsciencia, y con 0. 5 por ciento de alcohol en la sangre, es decir, con sólo una parte en doscientas, se produce la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Antes de organizar un evento como el que causó la muerte de Marco, creo que los organizadores &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y también el propio Marco, igual que todos nosotros&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; tenían la responsabilidad de saber que podía resultar peligroso, y de obtener la información mínima para saber hasta dónde puede llegar un “chupador” consumiendo tequila. No resulta tan difícil; cualquier médico los podría haber asesorado. Como dijo posteriormente el papá de Marco: “Es letal lo que les están dando a los muchachos, es alcohol, es como una arma”. Lástima que su hijo no lo supo a tiempo.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Arial;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La cultura química sí sirve para algo... sobre todo si no quiere usted pasar a formar parte de los merecedores de los premios Darwin.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Termino con un descarado anuncio: hace unos años escribí, dentro de una colección publicada por la Secretaría del Medio Ambiente y la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, un pequeño libro, en forma de relato para jóvenes, que habla de estos temas, titulado precisamente &lt;i&gt;&lt;a href="http://mbonfil.googlepages.com/ladosishaceelveneno"&gt;La dosis hace el veneno&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;. Si desea puede usted adquirirlo en las oficinas de la Sociedad, al teléfono 56-22-73-30.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-5175403108380370015?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/5175403108380370015/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=5175403108380370015' title='21 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5175403108380370015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5175403108380370015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2003/02/el-triste-caso-del-regio-mas-chupador-o.html' title='El triste caso del regio más chupador (o “la dosis hace el veneno”)'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8152999107268333261</id><published>2002-12-04T21:04:00.007-06:00</published><updated>2010-03-03T00:05:58.235-06:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='UNAM'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Divulgación Científica'/><title type='text'>Luz de la ciencia, luz del arte: seis años del Museo de la Luz</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-style: italic; line-height: 18px;font-family:tahoma,'Trebuchet MS',lucida,helvetica,sans-serif;" &gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;,&lt;br /&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 4 de diciembre de 2002)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-style: italic; line-height: 18px;font-family:tahoma,'Trebuchet MS',lucida,helvetica,sans-serif;font-size:13px;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No hay noches oscuras en la gran ciudad. El brillo tecnológico de la civilización compite con el manto estrellado y, al iluminarlo, lo opaca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aún así, el amanecer es triunfo sobre la oscuridad y muestra detalles que permanecían invisibles en la penumbra, por más iluminada que ésta estuviera con fluorescencias verdosas, brillos rojizos de mercurio o arcoiris de neón.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;A la salida del sol, las calles del centro adquieren vida lentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S43U7KHepoI/AAAAAAAAEJM/b4T1w93zIXk/s1600-h/mululz.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 280px; height: 226px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S43U7KHepoI/AAAAAAAAEJM/b4T1w93zIXk/s400/mululz.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444241637353891458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;Primero con el rumor de barrenderos. De policías. De panaderos y voceadores. Luego con la lenta construcción de puestos callejeros. Horas después el bullicio de los vendedores ambulantes y sus marchantes las habrá invadido irremediablemente –en algunas calles cerrando el paso de los automóviles–, llenándolas de colores y plásticos y gritos y regateos y también de pequeños robos; de olores y sabores; de colores y sonidos, de gente y movimiento.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En medio de esta vida, este caos que constituye el orden diario del centro de la capital, los nacientes rayos del sol iluminan la torre del Antiguo Templo de san Pedro y san Pablo, que fuera también sede de la Hemeroteca Nacional. El Museo de la Luz surge a un nuevo día.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La ciencia ilumina. Igual que ilumina el arte. Igual que la luz. En ausencia de luz, las cosas no tienen color; no son siquiera visibles. Un niño “ilumina” cuando colorea un dibujo; así también arte y ciencia, razón y belleza, cuando iluminan nuestro mundo, nuestras vidas, les dan color, luz y significado. Sin arte y sin ciencia, que es como decir sin luz, el mundo no es comprensible, no tiene color, no tiene sentido, no tiene siquiera sabor ni textura: es gris e insípido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S43WsBviPOI/AAAAAAAAEJU/ghnOOcIf5vM/s1600-h/muluz+dentro.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 236px; height: 158px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S43WsBviPOI/AAAAAAAAEJU/ghnOOcIf5vM/s400/muluz+dentro.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444243576431197410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt; La ciencia ilustra; muestra, explica. Educa; ilumina. También el arte ilustra: muestra el significado profundo de las experienc&lt;div&gt;  &lt;/div&gt; ias; muchas veces construye las experiencias mismas, engendrándolas ahí donde antes no las había. Para entender la luz, hay que conocer la total oscuridad. Cualquiera que haya experimentado la forma en que la luz, al ir apuntando luego de la oscuridad total, hace que las cosas vayan apareciendo –vayan de hecho existiendo ahí donde antes, al no ser visibles, no estaban– cuenta con una metáfora adecuada para explicar la experiencia científica, ese momento en que entendemos, en que las cosas adquieren de pronto un sentido que parece imposible no haber percibido antes.&lt;div&gt;  &lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;  &lt;/div&gt; Ilustrar, aluzar, iluminar. La historia también ilustra. La época llamada de la ilustración fue, más que nada, una época científica. El espíritu de compartir la visión racional y empírica del mundo llevó a grandes proyectos como la Enciclopedia, y a la consolidación de la ciencia como la concebimos modernamente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con este mismo sentido, &lt;div&gt;  &lt;/div&gt;el proyecto del Museo de la Luz de la UNAM, con su carga de historia, de ciencia y de arte, surge en el caos ciudadano: como una suerte de faro, una manera de lanzar una luz que ilumine, ilustre y comparta el placer de la ciencia –el placer del arte– con quienes convivimos en el diario  ajetreo de esta capital, quizá la más poblada del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La idea de compartir la luz –lo que es la luz, en todos sus aspectos– con el público de la ciudad es novedosa; quizá única. Se trató, desde la concepción misma del proyecto hasta el momento de darlo al mundo, de conjuntar todos los diferentes aspectos del fenómeno luminoso: sus facetas científica, humana, artística, vital, histórica. Una utopía que hoy, seis años después, se mantiene, todavía incompleta pero a la vez exitosa y disfrutable, como un punto de paz en medio de los puestos, las mercancías, el ruido y la gente que puebla el centro citadino.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La luz es radiación electromagnética, que es decir vibración de un éter inexistente. Perturbación del campo eléctrico y magnético que viaja a la velocidad, sí, de la luz. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; La luz viaja en línea recta... menos cuando prismas, espejos, lentes la desvían. O cuando, atrapada en fibra óptica, se comporta como el agua en la manguera y posibilita las modernas telecomunicaciones, la computación óptica y cuántas otras cosas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La luz nos permite ver, gracias a ojos que han evolucionado en millones de años; a moléculas minúsculas que cambian al ser iluminadas, a lentes vivas que enfocan y a cerebros que interpretan señales. Da color y temperamento al mundo, según sean los matices que porte.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La luz surge, fluorescente, de sustancias que la generan, o en reacciones termonucleares que ocurren en las estrellas. Se descompone en arcoiris, se refleja, crea infinitos en un par de espejos. Impulsa la vida, desde la intimidad fotosintética de las células hasta el ciclo ecológico global de la biósfera.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Crea ilusiones ópticas, se enfoca, merced la labor de los optometristas, correctamente para ver. Nos sorprende con cualidades paradójicas y efectos inesperados –sombras de colores, figuras imposibles, reflejos geométricos de belleza insospechada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y nos permite también apreciar la majestad del recinto que alberga el museo, la calidad de su historia y de los murales y vitrales que lo adornan. Su pequeña tienda compite, cándida, con la vendimia de las calles. Su portal ofrece un puñado de sueños de ciencia teñida con arte ante la pobreza que reina en las calles. No es inútil el empeño, pues ante la realidad dura sólo la maravilla de la razón, la esperanza y la belleza salvan. Vale la pena, sí, compartir los sueños del hombre científico y artista, no sólo limitarse a sobrevivir un día más. Vale la pena un museo, vale la pena la luz, vale la pena la ciencia como vale el arte. Ése es quizá el mensaje más oculto en los viejos muros.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt; &lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S432U04ByEI/AAAAAAAAEJc/BBe-9HBVhSc/s1600-h/muluz+dentro+2.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 257px; height: 172px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S432U04ByEI/AAAAAAAAEJc/BBe-9HBVhSc/s400/muluz+dentro+2.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444278362212255810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;  &lt;/div&gt; El atardecer tiñe de rosa el horizonte, la luz va disminuyendo al caer la noche. Un día más ha pasado en el Museo de la Luz. El publico, ávido de maravillas, no se va decepcionado, aunque sí con ganas de más... El divulgador se debate entre el optimismo se maravillarse por lo logrado y el pesimismo de lamentarse por lo que se podría lograr. Es un paso en el camino de compartir, iluminando con el gozo de lo disfrutable que tienen ciencia y arte.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;   &lt;/div&gt; Y luego la noche cae nuevamente en la esquina de El Carmen y San Ildefonso. El Museo de la Luz duerme y las calles a su alrededor, ahora silenciosas, son un poco menos oscuras que hace seis años. Quizá su torre no sea realmente un faro, un rayo poderoso que barrene la noche, sino sólo una modesta boya que ancla y marca el sitio donde puede encontrarse un poco de ciencia, un poco de arte. De razón y belleza. Con suerte, un poco de luz con qué dar sentido al diario ajetreo de la capital.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8152999107268333261?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8152999107268333261/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8152999107268333261' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8152999107268333261'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8152999107268333261'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2002/12/luz-de-la-ciencia-luz-del-arte-seis.html' title='Luz de la ciencia, luz del arte: seis años del Museo de la Luz'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/S43U7KHepoI/AAAAAAAAEJM/b4T1w93zIXk/s72-c/mululz.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-6082009301023478481</id><published>2002-07-10T13:30:00.001-05:00</published><updated>2009-09-07T13:34:54.741-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relaciones humanas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cultura científica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Método científico'/><title type='text'>Las reglas para discutir</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style=" color: rgb(85, 85, 68);  line-height: 18px; font-family:tahoma;font-size:13px;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Coordinación de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;Humanidades &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;el 10 de julio de 2002)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Desde hace tiempo me inscribí a una de esas listas de discusión por correo electrónico que están disponibles en internet. La experiencia ha resultado interesante por la oportunidad de discutir distintos temas con personas de medios distintos al que normalmente me muevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Quizá una de las sorpresas más inesperadas ha sido descubrir lo distinta que puede ser la forma de discutir y argumentar de las personas. Tanto así, que a veces la comunicación parece imposible. Por mi parte, mi formación científica me ha condicionado a utilizar una cierta modalidad de discusión y argumentación que me atrevería a llamar “científica”, si no fuera porque es exactamente la misma que utilizan los filósofos, los humanistas y científicos sociales, y básicamente cualquiera que se dedique a la reflexión racional (¿habrá de otra?).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;De cualquier modo, en las discusiones de la famosa lista de correos me he llevado algunas sorpresas. Una fue cuando, luego de opinar (en contra de lo expresado por otro miembro de la lista) que no porque a uno no le guste algo deber tratarse de eliminarlo, pues otras personas sí pueden disfrutar de ello, fui tachado de “intolerante”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Recordando otras ocasiones en las que he tenido discusiones acaloradas con amigos en las que a veces parece que no hay manera de entendernos, se me ocurrió formular algunas “reglas” elementales para facilitar las discusiones y evitar las peleas. Y al hacerlo, me di cuenta de que los científicos normalmente proceden utilizando algo parecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 1: Comunicar claramente al otro nuestras ideas. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Esto podría parecer obvio, si no fuera por la cantidad de ocasiones en que uno entiende precisamente lo contrario a lo que nuestro interlocutor intentaba comunicar. Lo mejor es expresar nuestro mensaje de la manera menos ambigua posible, asegurándonos de que el otro nos entienda. A veces incluso conviene definir los términos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Los científicos tratan de evitar este problema utilizando un lenguaje especializado en el que las palabras resultan lo menos ambiguas posible (en términos técnicos, tratan de eliminar la &lt;i&gt;polisemia&lt;/i&gt;). El uso que hacen de abreviaturas, esquemas, diagramas y cifras precisas ayuda también a evitar los malentendidos.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 2: Tratar de entender lo que el otro comunica. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Como complemento a la regla 1, esto significa que no basta con que alguien trate de comunicarse claramente; también se necesita de un interlocutor dispuesto a hacer el esfuerzo de entender el mensaje. Desde simplemente prestar atención hasta preguntar cuando no se entienda algo, el papel activo del escucha resulta vital cuando se trata de comunicarse productivamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Quien haya asistido a un seminario científico o a una buena clase de ciencia sabrá a lo que me refiero: cuando un científico no entiende algo, simplemente levanta la mano y pregunta. Como la claridad resulta esencial para una discusión, esta actitud ayuda a evitar muchos problemas.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 3: Apoyar nuestras tesis con argumentos. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Todo periodista distingue claramente entre una simple opinión y un argumento basado en pruebas. Cuando dos personas tienen puntos de vista distintos, lo que se esperaría en una discusión racional es que cada un explique por qué piensa lo que piensa y en qué se basa para proponer lo que propone.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height:18.0pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 4: Discutir abierta y respetuosamente los argumentos. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Como contraparte a la regla 3, la discusión de las ideas y la evidencia en la que se apoyan permite llegar a un entendimiento, o al abandono de los argumentos que no resultan convincentes. La discusión de los argumentos y el abandono de los incorrectos o menos convincentes, es de hecho un proceso darwiniano de selección muy similar al que permite la evolución de los seres vivos. Sólo que aquí lo que se selecciona son las ideas.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Para los científicos, las reglas 3 y 4 son esenciales: el pan de cada día. En todos los niveles de discusión científica, desde las que se dan con los compañeros de laboratorio hasta el arbitraje de los artículos enviados a una revista internacional, pasando por los seminarios y congresos en los que los investigadores presentan sus resultados preliminares ante sus colegas para obtener retroalimentación y crítica, los científicos (como los filósofos) siempre discuten y discuten, tratando de convencerse mutuamente y de hallar los errores o lagunas en la argumentación del otro. Es así como la ciencia avanza, tal como lo expresara el filósofo Karl Popper en el título de su libro &lt;i&gt;Conjeturas y refutaciones&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 5: Estar dispuestos a cambiar nuestras ideas. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Una discusión no tiene sentido si los interlocutores están de antemano decididos a &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; cambiar su manera de pensar. Desde un principio debe aceptarse que tal vez uno sea convencido (convertido) por los argumentos del otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;En ciencia está claro que éste es el mecanismo que permite el avance del conocimiento. Al igual que sucedería con una especie de organismos que se reprodujeran siempre perfectamente, sin errores ni mutaciones, las discusiones dogmáticas impiden la evolución del pensamiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Regla 6: En caso de no poder ponerse de acuerdo, estar dispuestos a discrepar. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Esto es lo que se conoce en inglés como &lt;i&gt;agree to disagree&lt;/i&gt;: la disposición a respetar, en caso de desacuerdo, el derecho del otro a no compartir nuestra opinión. Otro nombre que recibe esta actitud de el de &lt;i&gt;tolerancia&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;En ciencia se trata siempre de mantener la cohesión de una comunidad científica, pero de vez en cuando se dan desacuerdos que no pueden reducirse, y entonces la comunidad se divide en dos bandos, cada uno defendiendo –y argumentando– su propio punto de vista. Normalmente, tarde o temprano, uno de los bandos gana, por contar con mejores pruebas y argumentos. Pero mientras esto sucede, hay que respetar la posición contraria, aunque a uno le parezca equivocada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;; mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;Finalmente, &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;en caso extremo, tenemos la &lt;i&gt;Regla 7: Si el punto en el que no se puede congeniar es vital, uno puede decidir cortar la comunicación&lt;/i&gt;. Esto puede resultar doloroso, pero es necesario cuando los dos interlocutores –que a partir de ahora dejarán de serlo– viven, diríamos, en “mundos diferentes”. Los políticos sufren este tipo de rupturas con cierta frecuencia. También los amantes. De cualquier modo, es importante saber que la sana distancia es mejor que la guerra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;En el caso de los científicos, el mejor ejemplo de esta imposibilidad de comunicación se da cuando se enfrenta a charlatanes y seudocientíficos como los creyentes en el “fenómeno ovni” (el peor ejemplo es Jaime Mausán), astrólogos, adivinos y vendedores de máquinas de movimiento perpetuo. Resulta imposible comunicarse con ellos porque su cosmovisión es totalmente distinta –e incompatible– con la de la ciencia. Al grado de que muchas veces resulta irracional. Y sin embargo, no puede negarse el derecho que tienen las personas a creer en este tipo de cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;font-family:&amp;quot;;"&gt;Bien, ahí está. Espero que a algún lector le pueda resultar interesante este intento de evitar pleitos. En caso de que no esté usted de acuerdo, puede estar seguro de que estoy dispuesto a discutir con gusto.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-fareast-MS Mincho&amp;quot;;mso-ansi-language:ES-MXfont-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-6082009301023478481?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/6082009301023478481/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=6082009301023478481' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6082009301023478481'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6082009301023478481'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2009/09/las-reglas-para-discutir.html' title='Las reglas para discutir'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8873759461884006548</id><published>2001-12-05T16:52:00.007-06:00</published><updated>2011-04-04T18:09:25.218-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Divulgación Científica'/><title type='text'>Lo que usted siempre quiso saber sobre divulgación científica*</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma, 'Trebuchet MS', lucida, helvetica, sans-serif; font-size: 13px; font-style: normal; line-height: 18px;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Humanidades&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 5 de diciembre de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;*pero no le pareció que valiera la pena &amp;nbsp;preguntar&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La divulgación científica se ha venido realizando desde hace ya algunos siglos. Algunos señalan a Galileo o a Fontanelle como los primeros divulgadores científicos. En México destacan, durante la colonia, Alzate y Bartolache como precursores del arte de llevar el saber científico al público general.&lt;br /&gt;En nuestros días, la labor de pioneros como &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Estrada_Mart%C3%ADnez"&gt;Luis Estrada&lt;/a&gt; y el proyecto que se aglutina alrededor del Programa Experimental de Comunicación de la Ciencia de la UNAM (posteriormente Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia y hoy &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Direcci%C3%B3n_General_de_Divulgaci%C3%B3n_de_la_Ciencia"&gt;Dirección General de Divulgación de la Ciencia&lt;/a&gt;) ha llegado a producir frutos importantes, entre los que se cuentan revistas como &lt;i&gt;Naturaleza&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.comoves.unam.mx/"&gt;¿Cómo ves?&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, museos como &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.universum.unam.mx/"&gt;Universum&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; y el &lt;a href="http://www.luz.unam.mx/"&gt;de la Luz&lt;/a&gt;, e infinidad de exposiciones, conferencias, actividades, libros y folletos (amén de la formación de un buen número de divulgadores profesionales).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, entre el grueso de la comunidad científica sigue privando un gran desconocimiento acerca de la naturaleza, e importancia de la divulgación científica como disciplina profesional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho camino se ha recorrido, hay que reconocerlo, desde los tiempos en que era necesario enfrentar la desconfianza y a veces la abierta hostilidad de los investigadores científicos cuando se enfrentaban a un periodista o divulgador científico. Tales actitudes estaban, hasta cierto punto, justificadas por la improvisación y falta de profesionalismo de los comunicadores, que muchas veces tergiversaban –no intencionalmente, desde luego, sino por falta de preparación– la información proporcionada por el investigador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy lo común es que, cuando uno busca acercarse a un especialista, encuentre a una persona amable y dispuesta a colaborar, pues a lo largo de los años el trabajo de los comunicadores de la ciencia ha logrado ganar la confianza de la comunidad de investigadores. En general, parece que éstos han adquirido conciencia de que no basta con hacer buena investigación, sino que hay que fomentar la apreciación de la ciencia y la cultura científica entre la población.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿quién lo debe hacer? Desde hace tiempo se reconoce que hace falta profesionalizar la formación de divulgadores. Para ello se han hecho varios esfuerzos, entre los que quiero destacar la creación del &lt;a href="http://www.cientec.or.cr/mhonarc/redpop/doc/msg00488.shtml"&gt;Diplomado en Divulgación de la Ciencia&lt;/a&gt;, de la DGDC, que actualmente está por empezar su octavo ciclo. Se tienen planes de crear también una Maestría en Divulgación de la Ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es precisamente ahora que han vuelto a poner de manifiesto algunos de los prejuicios (en el sentido de juicios previos, hechos antes de contar con la información necesaria, no de discriminación) que tienen los investigadores científicos en relación con la divulgación de la ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay investigadores que están naturalmente dotados no sólo para hacer su labor, sino también para divulgar. Escriben excelentes artículos y libros, o dan conferencias y participan programas de radio y TV. Sin embargo, son una minoría. Existen muchos otros científicos que no cuentan con las habilidades para comunicar sus conocimientos al público en forma comprensible y atractiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y estrictamente hablando, no tendrían por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciencia ha desarrollado un lenguaje superespecializado como una más de las herramientas que le permiten funcionar eficientemente, y el abismo que se ha creado entre quienes son capaces, digamos, de leer un artículo publicado en una revista de investigación científica y el público que puede leer un periódico es inmenso. Porque básicamente cualquier ciudadano cuenta con la información previa –el contexto– que le permite comprender una nota periodística (qué es México, quién es Fox, qué significan siglas como PRI, EUA, DF...). En cambio, sólo los especialistas saben qué es un condensado de Bose-Einstein, o qué significan las iniciales fMRI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para poner la información científica al alcance del no especialista, se necesta una labor de &lt;i&gt;&lt;a href="http://nodivulgaras.blogspot.com/2006/09/divulgacin-y-recreacin.html"&gt;recreación&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; (algunos dicen “traducción”, que bien entendida tiene que ser necesariamente una recreación). Los recursos con que cuenta el divulgador –explicaciones, comparaciones, metáforas, símiles, acompañados desde luego del buen manejo de los diversos medios de comunicación, en especial el escrito– permiten dar el contexto faltante, de modo que el conocimiento científico pueda tener sentido para el público.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los investigadores científicos son formados para realizar otro tipo de labor: la investigación. No reciben durante sus estudios herramientas para divulgar sus conocimientos. Si a esto agregamos que en los sistemas de evaluación y estímulos no se les reconocen las labores de divulgación que lleven a cabo –aunque esta última situación parece estar comenzando a cambiar–, es perfectamente entendible que sólo unos cuantos investigadores especialmente dotados e interesados realicen regularmente estas tareas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conclusión que en general se ha considerado razonable es que se deben formar divulgadores profesionales, cuya ocupación específica sea precisamente esa labor de ser un puente entre el mundo de la investigación científica y el los ciudadanos comunes que, sin ser especialistas, tienen necesidades informativas y culturales en relación con la ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, recientemente he oído opiniones –de primera y segunda mano– de investigadores que, a pesar de reconocer la importancia de la divulgación científica, a la hora de la hora revelan que les parece una labor secundaria, de escaso interés y –lo más preocupante–, definitvamente un problema trivial: algo que cualquier científico puede hacer fácilmente. Sobre las rodillas, digamos. (Una notoria excepción son los pocos investigadores destacados que defienden a capa y espada la importancia de la divulgación profesional: entre ellos &lt;a href="http://books.google.com/books?id=ZKnKXuxhNMAC&amp;amp;printsec=frontcover&amp;amp;source=gbs_ge_summary_r&amp;amp;cad=0#v=onepage&amp;amp;q&amp;amp;f=false"&gt;Marcelino Cereijido&lt;/a&gt;, del CINVESTAV-IPN, por ejemplo, quien ha afirmado que si tuviera que elegir entre la supervivencia de investigadores y divulgadores, escogería lo segundo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que, por lo que puedo ver, sigue habiendo necesidad de convencer a muchos investigadores de que hacer divulgación no sólo es un bonito juego que a algunos nos gusta hacer en nuestros ratos libres. Constituye una necesidad nacional que puede beneficiar notoriamente al sistema científico, y es una labor que sólo puede llevarse a cabo al nivel profesional que se necesita si se cuenta con profesionales preparados específicamente, a los que se les pague por realizarla. Hacia allá se encaminan los esfuerzos de divulgadores en todo el país.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8873759461884006548?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8873759461884006548/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8873759461884006548' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8873759461884006548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8873759461884006548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2011/04/lo-que-usted-siempre-quiso-saber-sobre.html' title='Lo que usted siempre quiso saber sobre divulgación científica*'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-5872985350182773064</id><published>2001-11-21T10:38:00.001-06:00</published><updated>2009-07-08T10:46:13.979-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mente'/><title type='text'>Mente y belleza</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 5 de mayo de 2004)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Para Enrique, por tantas explicaciones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El estudio del comportamiento humano es quizá una de las áreas más controvertidas en las ciencias biológicas. El debate entre lo que es producto de la cultura y lo que tiene una base biológica o genética ha durado cientos de años, y sigue siendo tema de debate e investigación. El comportamiento sexual del ser humano ha sido uno de los temas más favorecidos por este tipo de investigaciones.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hace unos años, por ejemplo, varios investigadores, entre los que se encontraban Dean Hammer y Simon LeVay, investigaron acerca de las causas biológicas de la homosexualidad, el primero encontrando genes relacionados con este comportamiento, y el segundo estudiando las diferencias en ciertas estructuras de los cerebros de hombres homo y heterosexuales. Estos resultados parecían apoyar la idea de que las preferencias sexuales son algo determinado biológicamente, y no tanto un rasgo cultural aprendido (o incluso elegido por decisión personal). Desde luego, las protestas de quienes consideraban que este enfoque era reduccionista y absurdo no se hicieron esperar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero la tecnología avanza, y los métodos para estudiar el funcionamiento cerebral permiten hoy hacer experimentos en humanos que antes hubieran sido inconcebibles (no por peligrosos o poco éticos, sino literalmente porque a nadie se le hubiera ocurrido que pudieran llevarse a cabo –excepto quizá a los escritores de ciencia ficción).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Recientemente, un reporte difundido por la agencia Reuters indica que investigadores de la universidad de Harvard han estudiado la respuesta cerebral de hombres heterosexuales ante las caras de individuos de uno y otro sexo considerados atractivos. Los resultados son por demás interesantes, y abren vías para numerosas investigaciones posteriores, así como para la especulación e incluso las visiones fantacientíficas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Para el estudio, publicado en la revista &lt;i&gt;Neuron&lt;/i&gt;, los científicos utilizaron una de las nuevas técnicas para obtener imágenes del interior del cuerpo vivo, todas ellas basadas en el fenómeno de resonancia magnética nuclear (RMN), descubierto en 1946. Las técnicas de RMN aprovechan la propiedad que tienen ciertos átomos –en particular el de hidrógeno– de absorber radiación electromagnética –ondas de radio– y emitirlas de nuevo con cambos en su fase o su frecuencia. Como las moléculas que forman la materia viva contienen abundante hidrógeno, y como la absorción y emisión de radiación varía según el tipo de tejido, es posible, utilizando computadoras, formar imágenes nítidas del interior del cuerpo vivo. Inicialmente estas imágenes estaban limitadas a una especie de “rebanadas” bidimensionales, pero posteriormente se ha avanzado hasta obtener imágenes volumétricas e incluso “videos” en los que puede apreciarse el movimiento o el flujo de sangre que ocurre en el interior de un cuerpo –o un cerebro– vivos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En particular, la técnica particular utilizada en el estudio al que me refiero se denomina MRI, o visualización por resonancia magnética (&lt;i&gt;magnetic resonance imaging&lt;/i&gt;). El experimento consistió en 3 fases: en la primera, varios varones heterosexuales jóvenes observaron en una pantalla fotos de rostros de hombres y mujeres, y las clasificaron en “atractivas” o “normales”. Las caras ya habían sido clasificadas previamente mediante un estudio de opinión. Se encontró que las opiniones de los sujetos del experimento coincidían con la clasificación previa: tanto caras femeninas como masculinas podían ser reconocidas como atractivas o “promedio” por los sujetos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En la segunda fase, utilizando otro grupo de varones con las mismas características, los sujetos podían controlar mediante un botón el tiempo durante el que el rostro aparecía en la pantalla: se notó que tendían a ver por más rato los rostros femeninos atractivos, mientras que hacían desaparecer rápidamente todos los demás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, en la tercera etapa –la más interesante–, un tercer grupo de jóvenes observó las fotos mientras que los científicos observaban el interior de sus cerebros utilizando MRI. En particular, se estudiaron ciertos centros cerebrales (conocidos como “centros del placer”, entre ellos el llamado &lt;i&gt;nucleus accumbens&lt;/i&gt;) cuya actividad ha sido relacionada con objetos placenteros (o como dicen los especialistas, “gratificantes”), por ejemplo, con la comida, las drogas o el dinero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El resultado fue claro: sólo las fotos de mujeres atractivas activaban los “centros del placer”; las fotos de hombres, aun si eran considerados atractivos, no producían la activación de estas zonas cerebrales, e incluso produjeron “lo que puede considerarse como una respuesta de aversión”, en palabras de Hans Breiter, autor principal del estudio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La finalidad del estudio era separar la apreciación estética de rostros bellos de la atracción hacia ellos (cuestión que ha sido debatida, según comentan los propios autores, desde hace largo tiempo en el campo de la estética –Kant se preguntaba si la percepción de la belleza podía separarse del deseo). El tema es apasionante, y tiene ramificaciones que abarcan de lo biológico (las bases evolutivas de la apreciación de la belleza) hasta lo social (la posible discriminación laboral hacia personas “promedio” para favorecer a la gente guapa).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, la metodología y las características del los sujetos resultan muy sugerentes más allá el campo de las bases neurológicas del juicio estético.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por un lado, y regresando al tema con que inicia este texto, el experimento obvio que uno pensaría es realizar la misma prueba con individuos homo y bisexuales (así como mujeres con diversas orientaciones sexuales). Aunque el sentido común predice que los “centros de placer” de los cerebros de homosexuales sólo reaccionarían ante rostros atractivos del mismo sexo, y los de bisexuales ante los de cualquier sexo, sería muy interesante comprobar si en efecto sucede así. (Las elaboraciones sofisticadas como una “máquina para detectar homosexuales” me parecen demasiado fantasiosas –por inútiles–, pero sería interesante encontrar también si las reacciones cerebrales coinciden siempre con lo que se afirma a nivel consciente, por ejemplo en personas que no aceptan la atracción que sienten por su mismo sexo.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, hay que tener cuidado. El boletín de Reuters cita a Nancy Etcoff, una de las coautoras del estudio, comentando que los resultados sugieren que “la percepción humana de la belleza puede ser innata”. Me parece que la afirmación es muy arriesgada: no hay que confundir el encontrar una estructura cerebral que se correlaciona con un fenómeno mental, con el erróneo concepto de que dicha estructura &lt;i&gt;es&lt;/i&gt; el fenómeno. El hallar que un gen o una estructura cerebral sean indispensables y participan en un fenómeno de la conciencia no quiere decir que dicho fenómeno no sea mental, sino físico: por el contrario, sería absurdo pensar que pudiera haber fenómenos mentales que &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; tuvieran un sustrato en el cerebro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al final, lo que quizá este tipo de experimentos logren es enfrentarnos a la visión dualista que todavía muchas veces tenemos cuando nos enfrentamos al estudio de lo mental.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-5872985350182773064?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/5872985350182773064/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=5872985350182773064' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5872985350182773064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5872985350182773064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/10/mente-y-belleza.html' title='Mente y belleza'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-888795455473910903</id><published>2001-11-07T10:34:00.002-06:00</published><updated>2009-07-08T10:37:48.923-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Premios Nobel'/><title type='text'>Los premios Nobel 2001</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-family: 'Times New Roman'; font-size: 16px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 7 de noviembre de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Cada año, en el mes de octubre, se anuncian los ganadores de los premios Nobel, esa especie de óscares del mundo de la ciencia, la literatura y la economía. En esta ocasión los premios científicos (fisiología o medicina, física y química) recayeron en tres tríos de investigadores, principalmente estadounidenses, cuyos logros abarcan interesantes campos de frontera. &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;William Knowles, Ryoji Noyori y Barry Sharpless (japonés el segundo y estadounidenses los otros dos) fueron elegidos para recibir el premio Nobel de química, “por su trabajo en reacciones de hidrogenación y oxidación catalizadas quiralmente”. Por su parte, Eric Cornell, Wolfgang Ketterle y Carl Weiman (el segundo alemán naturalizado estadounidense, y los otros estadounidenses por nacimiento) recibirán el premio de física “por obtener condensación de Bose-Einstein en gases diluidos de átomos alcalinos, y por los primeros estudios fundamentales de las propiedades de los condensados”. Finalmente, Leland Hartwell, Timothy Hunt y Paul Nurse (estadounidense el primero e ingleses los otros) ganaron el premio de fisiología o medicina por ser descubridores de “reguladores clave del ciclo celular”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como siempre, hace falta algunas explicaciones para entender precisamente el significado de estos logros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Vemos primero el premio de química: destacan dos palabras: “catálisis” y “quiralmente”. La primera no es tan desconocida: la catálisis es un fenómeno químico que consiste en que una reacción química es acelerada (o, en ocasiones, retardada) por la participación de una sustancia (el catalizador) que no es consumida en la reacción: el catalizador modifica la velocidad de la reacción. Las enzimas, proteínas que controlan las reacciones químicas que ocurren dentro de las células vivas, son quizá los catalizadores mejor conocidos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Respecto a la segunda palabra, la quiralidad es una propiedad de las moléculas que pueden existir en dos formas, una “izquierda” y otra “derecha”. En la química de todos los días, especialmente la inorgánica, no es frecuente encontrar este tipo de sustancias, pero en la química orgánica, y especialmente en la bioquímica, son de lo más común. Los aminoácidos que forman nuestras proteínas, o los azúcares que pueden utilizar nuestras células, por ejemplo, sólo son útiles en una de sus dos formas posibles. Los fármacos normalmente también sólo tienen efecto en una de sus dos presentaciones, y la opuesta puede incluso resultar dañina. El problema es que para los químicos resulta extremadamente difícil fabricar sólo una de las dos formas: normalmente se obtiene una mezcla en partes iguales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El trabajo premiado con el Nobel de química consiste en la obtención de catalizadores que permiten llevar a cabo reacciones en las que se produce sólo una de las dos formas de una molécula en particular. Esto se logra gracias a que dichos catalizadores son en sí mismos quirales (es decir, son “izquierdos” o “derechos”). Los catalizadores desarrollados por Knowles y Noyori permiten realizar reacciones de hidrogenación (también conocidas como de reducción), mientras que los que obtuvo Sharpless catalizan reacciones de oxidación. De este modo, será posible obtener con gran eficiencia y pureza compuestos que seguramente resultarán vitales para la industria farmacéutica: actualmente ya se ha obtenido mediante estos métodos la L-dopa, útil en el tratamiento del mal de Parkinson.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El premio Nobel de física, por su parte, es resultado de los trabajos de un físico hindú de apellido Bose, quien escribió a Einstein en 1924 para comunicarle algunos cálculos que había realizado sobre las propiedades de los fotones. Einstein extendió los cálculos de Bose para aplicarlos a átomos, y predijo que si ciertos tipos de átomos se enfriaran podrían sufrir una especie de cambio de estado en el que pasarían a ocupar todos un mismo nivel de energía. Comparando esta transición a lo que ocurre cuando un gas se condensa para formar un líquido, se le llamó “condensación de Bose-Einstein”. Cornell y Weiman lograron en 1995 confirmar este predicción y obtener un condensado Bose-Einstein al enfriar unos dos mil átomos de rubidio a dos milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto (un logro tecnológico verdaderamente notable). Ketterle, por parte, realizó experimentos similares, pero usando átomos de sodio, y además en mayor número, lo que permitió estudiarlos más detenidamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los átomos que forman un condensado Bose-Einstein se comportan de manera particular, pues además de estar en un mismo nivel de energía, en cierto modo se superponen unos con otros. Los físicos afirman que su comportamiento es similar a los de los fotones en un rayo láser (en el que la vibración de los fotones está perfectamente sincronizada, a diferencia de lo que sucede con los desordenados fotones de la luz común). Gracias a esto, los condensados Bose-Einstein han sido ya utilizados para estudiar las propiedades de la luz, lográndose disminuir su velocidad e incluso detenerla. Se espera que estos desarrollos tengan aplicación en los campos de la nanotecnología (tecnología a escala microscópica).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, el premio de fisiología o medicina se otorga a estudios que revelan el mecanismo que controla uno de los fenómenos más centrales de la vida: el ciclo celular. Las células son la unidad fundamental de los seres vivos, y por tanto nacen, crecen, se reproducen y... bueno, como las células se reproducen dividiéndose para formar dos células nuevas, estrictamente no mueren. Y precisamente el ciclo celular consiste en la secuencia en que una célula nueva crece, luego comienza a duplicar su material genético (ADN) en preparación para la división, luego continúa creciendo mientras confirma que todo esté en orden y finalmente, se divide. Cada nueva célula lleva consigo una de las copias del ADN completo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los trabajos de Hartwell en los sesenta permitieron estudiar el ciclo celular, identificando los genes que lo controlan, en particular el gen que da inicio al proceso. Hartwell también descubrió que las células revisan que la duplicación del ADN haya sido realizada sin errores antes de proceder a la siguiente fase del ciclo celular.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hunt, por su parte, descubrió que las proteínas llamadas ciclinas, que se forman y se destruyen secuencialmente a lo largo del ciclo celular, son las encargadas de controlar sus distintas fases. Y Nurse descubrió posteriormente que ciertas enzimas, activadas por las ciclinas, modifican&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a otras proteínas para a su vez activarlas o desactivarlas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De este modo, los trabajos de estos investigadores han permitido desentrañar gran parte del mecanismo general por el que los genes, fabricando proteínas que a su vez controlan la actividad de otras proteínas y genes, regulan el crecimiento ordenado de las células. Sus descubrimientos han tenido gran importancia para el estudio del cáncer, que consiste fundamentalmente en un crecimiento desordenado y dañino de células.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como se ve, los tres premios abren nuevas áreas de desarrollo para sus respectivas ciencias. Muy apropiado para un premio que este año cumple un siglo de distinguir lo más destacado en el campo de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-888795455473910903?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/888795455473910903/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=888795455473910903' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/888795455473910903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/888795455473910903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2009/07/los-premios-nobel-2001.html' title='Los premios Nobel 2001'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7283171593079085430</id><published>2001-10-17T10:24:00.002-06:00</published><updated>2009-07-08T10:30:12.300-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Evolución'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Genes'/><title type='text'>Genes y lenguaje</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;font-family:'Times New Roman';font-size:16;"  &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; text-align: left;font-family:tahoma;font-size:13;"  &gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 17 de octubre de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Hace unos días se dio a conocer, en la revista &lt;i&gt;Nature&lt;/i&gt;,&lt;i&gt; &lt;/i&gt;una noticia científica de gran interés: el descubrimiento del primer gen directa e indiscutiblemente relacionado con el lenguaje.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Claro que la novedad fue rápidamente opacada por el anuncio de los ganadores de los premios Nobel de este año, que siempre acaparan los reflectores del mundo científico. Sin embargo, vale la pena comentar el descubrimiento, pues se relaciona con problemas que llegan a tocar la esencia del ser humano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El gen en cuestión es, como todos los genes, un fragmento de ADN (ácido desoxirribonucleico) localizado, hoy se sabe, en el cromosoma 7 del ser humano, y recibe el curioso nombre de FOXP2. (No, querido, lector o lectora, no me lo estoy inventando. Si algún lector quiere lucir su ingenio e inventar algún chiste político con la sigla, por favor no me lo envíe.) Fue localizado gracias a un estudio a largo plazo realizado en una numerosa familia en la que se presenta con gran frecuencia una profunda alteración de la capacidad de hablar, que incluye dificultades para coordinar los movimientos de sus labios y lengua, así como para formar palabras y formar frases gramaticalmente correctas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Debido a la forma típica en que se heredaba la enfermedad dentro de la familia, los genetistas que las estudiaban supieron que la alteración era causada por un solo gen. Esta circunstancia resultó especialmente atractiva, pues era la oportunidad de analizar la influencia de un gen individual –en vez de un conjunto complejo de genes, interactuando unos con otros– en un comportamiento humano complejo como es el habla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Estudiando la forma en como la enfermedad se heredaba entre los miembros de la familia, los investigadores pudieron ir localizando al gen responsable en forma cada vez más precisa. Finalmente, gracias a la aparición de un nuevo sujeto, ajeno a la familia estudiada, y a la información publicada por el proyecto del genoma humano, pudieron “acorralar” al gen y detectar su ubicación precisa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y precisamente es ahí donde empieza la parte controvertida del asunto, porque la discusión sobre si el lenguaje es una construcción cultural o si, por el contrario, es una consecuencia de nuestra constitución biológica se ha mantenido durante décadas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quizá ya haya usted reconocido el tema: se trata nuevamente de la vieja discusión entre natura y cultura: biología contra educación (casi casi podríamos decir “cuerpo &lt;i&gt;versus &lt;/i&gt;alma”). Y sí, podría ser sorprendente que las cosas no hayan avanzado más allá de esta dicotomía maniquea, pero la realidad es que hay evidencias claras de que existe un componente biológico (y por tanto, genético) importante en el habla humana. Por otro lado, hay estudiosos que piensan que no tiene sentido tratar de “reducir” algo tan claramente cultural, tan típicamente humano como el lenguaje, a simple biología y genes. Incluso puede ser un ejemplo más de la ciencia deshumanizante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Analicemos un poco la cuestión. En cierto modo, se puede decir que el habla, el lenguaje, es la base de la comunicación y hasta de la conciencia humana. Es por ello que suena peligroso pensar que eso que nos hace humanos pudiera ser simplemente el producto de uno o unos genes. Y en efecto, tal reduccionismo suena desmesurado y absurdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero tampoco la posición radicalmente opuesta suena sensata: ¿cómo podría el ser humano haber adquirido, a lo largo de la historia de su evolución, la capacidad del lenguaje, si no es gracias a que contaba primero con las estructuras biológicas –cerebrales, con un desarrollo controlado por los genes correspondientes– con las que pudiera implementarse esta capacidad? Pensar de otra manera –que el lenguaje es una capacidad puramente “mental”, o “cultural”, separada tajantemente de la biología, sería recurrir a un dualismo que si bien era convincente –o casi– en la época de Descartes, hoy resulta insostenible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Y qué es lo que hace el gen FOXP2, a todo esto? Como todos los genes, contiene las instrucciones para fabricar una proteína. Se trata, sin embargo, de una proteína especial, pues controla a su vez la activación o inactivación de otros genes (adhiriéndose a otros tramos de ADN y permitiendo que la información que contienen sea leída o no). Tomando en cuenta lo notorio de sus efectos, es probable que FOXP2 sea un gen que influye en la base del desarrollo del complejo aparato neural y fisiológico que hace posible el habla. Probablemente, piensan los expertos, haya otros genes cuyas alteraciones afecten aspectos menos generales del lenguaje: que, por ejemplo, dificulten la construcción de palabras, o el uso de ciertas reglas de gramática.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, no se trata de pensar que un fenómeno tan fascinante como el lenguaje –que da origen al mundo de lo humano y de la cultura– pueda ser explicado como el resultado directo de un gen o unos genes. Los propios autores la investigación son cautelosos al reportar sus hallazgos: “Nuestros hallazgos sugieren que FOXP2 está involucrado en el proceso de desarrollo que culmina con el habla y el lenguaje”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Uno de los genetistas entrevistados por &lt;i&gt;Nature&lt;/i&gt; expresa la complejidad genética del ser humano mediante un símil interesante: “encontrar un gen es como encontrar una pieza de un auto. Se ve útil, como si fuera parte de un mecanismo más grande. Pero no sabemos qué hace, con qué otras piezas interactúa, o cómo es el vehículo completo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:12;"   lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family: verdana;font-family:times new roman;font-size:100%;"  &gt;De lo que sí podemos estar seguros, es de que este descubrimiento abrirá la puerta a nuevos desarrollos. Y aunque no es probable que se encuentren genes para, por ejemplo, hablar otro idioma o con acento argentino, sí comenzaremos a entender mejor cómo surge en nuestro cerebro esa maravillosa capacidad que es el lenguaje, puente que une el mundo físico con el universo cultural.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7283171593079085430?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7283171593079085430/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7283171593079085430' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7283171593079085430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7283171593079085430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/10/genes-y-lenguaje.html' title='Genes y lenguaje'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-3745608791149570561</id><published>2001-10-03T10:20:00.002-06:00</published><updated>2009-07-08T10:31:48.254-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='UNAM'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Divulgación Científica'/><title type='text'>Divulgación e improvisación</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;font-family:'Times New Roman';font-size:16;"  &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; text-align: left;font-family:tahoma;font-size:13;"  &gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 3 de octubre de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;En la Gaceta UNAM del pasado 17 de septiembre aparece una convocatoria para un “Concurso de guión de series radiofónicas de divulgación científica”, dirigida a “estudiantes, investigadores, profesores y divulgadores de la ciencia de la UNAM”.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Me congratulo de ver el interés de Radio UNAM por la divulgación de la ciencia: por un momento parecía que la consideraba dispensable, pues como se recordará (&lt;a href="http://2culturas.blogspot.com/2001/09/adios-la-ciencia-en-radio-unam.html"&gt;&lt;i&gt;Humanidades &lt;/i&gt;217&lt;/a&gt;), recientemente la nueva dirección de la emisora decidió –unilateral y súbitamente– cancelar los programas de la barra de ciencia que se habían transmitido con buen éxito durante años para hacer espacio a un nuevo programa noticioso conducido por Ricardo Rocha.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El hecho despertó numerosas protestas. Tantas, que el director de la estación, Fernando Escalante, ofreció abrir un nuevo espacio para estos programas, siempre y cuando se presentaran nuevos proyectos (dando a entender así que los proyectos originales no eran satisfactorios, suposición que habría que comprobar).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ahora, la convocatoria publicada es muestra de que, &lt;i&gt;además &lt;/i&gt;de los espacios que Escalante tan sensatamente se ha ofrecido respetar para los programas de la antigua barra de ciencia, Radio UNAM desea explorar nuevas vías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No obstante, hay que comentar que la idea del concurso, aun cuando es muy buena, tiene la desventaja de abrir las puertas a uno de los males que han plagado gran parte de la divulgación científica que se hace en nuestro país: la improvisación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La importancia de la divulgación científica se reconoce cada vez más ampliamente. A diferencia de lo que sucedía hace unos años &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;cuando el simple hecho de realizar labores de divulgación podía significar que un investigador fuera despreciado y hasta sancionado por sus colegas, por dedicarse a una labor “poco seria”&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; hoy se reconoce que el conocimiento científico debe ponerse al alcance de la población general.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Evidencia de ello es el auge de los museos y centros de ciencias, de revistas, colecciones de libros y programas de radio que actualmente pueden disfrutarse en el panorama mexicano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, todavía no se ha logrado el reconocimiento paralelo de la importancia que tiene la labor de los divulgadores profesionales de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante años los divulgadores nos hemos enfrentado con el arraigado prejuicio de que nuestra ocupación es algo que puede improvisarse sobre las rodillas, que no requiere una formación previa. Es frecuente encontrar esta idea entre los investigadores científicos (aunque aclaro, no en todos). Después de todo, ¿quién mejor preparado que ellos para comunicar al público los conceptos científicos que construyen y con los que diariamente trabajan?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo, la amarga realidad es que son raros &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;salvo contadas y muy honorables excepciones en las que una habilidad innata suple la carencia de una formación especializada&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; los casos en los que un investigador puede desempeñar esta labor de forma efectiva. Sobre todo si se trata de hacerlo en forma constante. La divulgación científica no consiste simplemente en “traducir” la ciencia a un lenguaje sencillo y cotidiano; se trata de una labor de recreación que requiere no sólo de una buena comprensión de los conceptos sino de una cultura científica amplia y un manejo profesional de los recursos del lenguaje y la comunicación, además del criterio necesario para adecuar el mensaje al público receptor y la creatividad para hacerlo de forma novedosa e interesante. Es por ello que, idealmente, debe ser realizada por divulgadores profesionales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La divulgación científica y la formación de divulgadores han sido una preocupación constante de la UNAM, materializada en la creación del Programa Experimental de Comunicación de la Ciencia, que después se convertiría en el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia y finalmente en la actual Dirección General de Divulgación de la Ciencia, DGDC. A lo largo de su existencia, dicha dependencia ha lanzado diversos e importantes proyectos de divulgación en diversos medios. Asimismo, la formación de divulgadores profesionales ha avanzado de la preparación de personal por aprendizaje práctico, primero, y posteriormente con cursos especializados, hasta el actual Diplomado en Divulgación de la Ciencia y, en un futuro próximo, una Maestría en Divulgación de la Ciencia, actualmente en preparación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A lo largo de toda esta trayectoria, y con base en la experiencia y la reflexión sobre el tema, ha quedado claro que la divulgación científica es una tarea que puede ser realizada óptimamente sólo cuando el personal dedicado a ello cuenta con una preparación especializada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Volviendo al concurso convocado por Radio UNAM, en mi opinión personal muestra que todavía se sigue prefiriendo improvisar labores de divulgación que encomendarlas a expertos que cuenten con la formación y la experiencia necesarias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pensar que estudiantes, investigadores o profesores sin experiencia ni formación en divulgación puedan generar una propuesta profesional de divulgación resulta, cuando menos, muy optimista. Habrá que esperar los resultados, claro, pero si esa es la vía, ¿por qué no se abrió un concurso equivalente para generar un nuevo espacio noticioso, en vez de recurrir a un profesional reconocido como Ricardo Rocha? Después de todo, como argumenta Florence Toussaint en una nota reciente publicada en &lt;i&gt;Proceso&lt;/i&gt; (2 de septiembre), “no deja de ser una afrenta a la comunidad universitaria –con dos escuelas y una facultad en donde se enseña periodismo– que su propia emisora no sea capaz de producir un noticiario innovador, profundo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En un texto publicado en &lt;i&gt;Humanidades &lt;/i&gt;(no. 217), el director de Radio UNAM aboga por que la divulgación científica se presente “a través de radionovela, biografía, episodio dramatizado o cualquier otro formato que motive al radioescucha para seguirnos sintonizando y logre entusiasmar a nuevos radioescuchas”. Pero quien conozca un poco respecto a la divulgación en radio sabrá que precisamente los géneros dramatizados presentan dificultades especiales para realizar esta labor, en virtud de la densidad de información que tiene que comunicarse para lograr un mensaje que tenga sentido y el poco tiempo con el que se cuenta en radio para&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;lograrlo: las dramatizaciones reducen todavía más ese tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sería muy deseable que, junto con el afán por, en palabras de Escalante, “replantearnos esquemas que motiven a quienes nos sintonizan a seguir valorando el trabajo académico, científico y cultural de la UNAM”, se valorara la experiencia acumulada por los profesionales que durante años han producido y conducido programas de divulgación científica en Radio UNAM, para que, junto con los nuevos planteamientos, esta labor pueda enriquecerse no sólo con base en ideas preconcebidas, sino en el sólido conocimiento y experiencia de los profesionales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-3745608791149570561?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/3745608791149570561/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=3745608791149570561' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3745608791149570561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3745608791149570561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/10/divulgacion-e-improvisacion.html' title='Divulgación e improvisación'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-3363809257943273194</id><published>2001-09-19T10:15:00.003-05:00</published><updated>2009-07-08T10:19:55.846-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='UNAM'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Divulgación Científica'/><title type='text'>¿Adiós a la ciencia en Radio UNAM?</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: rgb(0, 0, 0); font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;font-family:'Times New Roman';font-size:16;"  &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; text-align: left;font-family:tahoma;font-size:13;"  &gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 19 de septiembre de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Una de las premisas centrales de la divulgación científica que se hace en nuestro país –y el pretexto de esta columna– es que la ciencia es cultura. Por eso, cuando la ciencia logra conquistar espacio en algún medio cultural, superando división artificial entre ciencias y humanidades (las “dos culturas” de C. P. Snow), hay que festejar el acontecimiento. Nuestro periódico &lt;i&gt;Humanidades &lt;/i&gt;es uno de estos espacios. Otro lo ha sido, hasta ahora, la radiodifusora universitaria, nuestra querida Radio UNAM.&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante un largo tiempo, la programación de la emisora ha incluido programas dedicados a la difusión de la cultura científica. Como se trata de una estación esencialmente cultural –no comercial, hay que recordarlo– esta labor se inserta perfectamente en sus labores de difusión cultural. Al igual que las otras dos funciones sustantivas de la universidad &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;la enseñanza y la investigación&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; la difusión es una labor importantísima para la sociedad, y justifica plenamente la inversión que ésta hace para mantenerla funcionando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hasta hace unas semanas, Radio UNAM contaba con una barra diaria de programas de ciencia que, con distintas trayectorias, cubrieron en forma muy exitosa las necesidades de un público bien definido. Esto se debe, en gran parte, a que los programas eran producidos y conducidos por divulgadores profesionales de la ciencia que contaban con la preparación y la experiencia necesaria, algo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que no es tan común encontrar en los medios masivos de comunicación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Entre estos programas destacaron los siguientes: &lt;i&gt;En la ciencia&lt;/i&gt;, un espacio breve que se había transmitido ininterrumpidamente desde 1982, y &lt;i&gt;A la luz de la ciencia&lt;/i&gt;, con duración de una hora, ambos producidos por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM y conducidos por Rolando Ísita y su equipo de colaboradores;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Por pura curiosidad, &lt;/i&gt;a cargo de Juan Manuel Valero, producido por la Coordinación de la Investigación Científica, la Facultad de Química y la DGDC; y finalmente &lt;i&gt;La respuesta está en la ciencia&lt;/i&gt;, de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Estos programas se transmitían en la barra de 2 a 3 de la tarde en días hábiles, y todos contaron con un público que supo responder con interés y fidelidad al trabajo profesional realizado por sus responsables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, como parte de una reorganización de la programación total de la estación, la barra de ciencia fue sustituida un nuevo programa de tipo noticioso, conducido por Ricardo Rocha. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es claro el beneficio que un comunicador tan famoso le puede aportar a una estación, que, quizá, no tiene ya la cantidad de radioescuchas que solía tener. Lo que no entiendo es qué puede ganar Rocha: supongo (espero) que no dinero, tomando en cuenta la grave crisis económica que enfrenta la UNAM. &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-size:14;"&gt;El&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; director de la estación, Fernando Escalante, declaró al periódico &lt;i&gt;Reforma &lt;/i&gt;(Cultura, 30 de agosto del 2001) que la entrada de Rocha “no impactará en el presupuesto”, pues “es una coproducción y por ello compartimos gastos y utilidades”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo malo es que, para hacer lugar al nuevo programa, se haya decidido prescindir de la barra de ciencia. Desde luego, hubo una reacción inmediata del personal involucrado, ante lo cual la directiva de la estación invitó, según &lt;i&gt;Reforma&lt;/i&gt;, a “elaborar un nuevo proyecto radiofónico a la brevedad, para que podamos continuar con la divulgación de la ciencia”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esto no debería ser necesario: los proyectos de los programas mencionados han probado ser buenos. Al parecer se trataba de un prejuicio –en el sentido de juicio previo, antes de ver la evidencia– de los directivos de Radio UNAM. En la nota de &lt;i&gt;Reforma&lt;/i&gt;, Fernando Escalante dijo: “La estructura de Radio UNAM no ha cambiado en los últimos 20 años. Lo que pretendemos ahora es hacerla más atractiva. Que los conductores no se dediquen a platicar durante dos horas con sus invitados, sino que exploren todas las opciones de producción que da la radio”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Uno podría preguntarse, ¿por qué una estación exitosa, dentro de su ramo, que es el cultural, tendría que cambiar? Como dicen los gringos, “si no está descompuesto, no lo arregles”. El programa indiscutiblemente más exitoso de la radio en la capital, el de Gutiérrez Vivó en Radio Red, al igual que muchos de formato similar, consisten, esencialmente, en un señor sentado frente a un micrófono, dando sus opiniones y entrevistando gente. Esa fórmula funciona y gusta al público, si está bien hecha (es decir, si conductores, temas e invitados son buenos e interesantes: pienso en Miguel Ángel Granados Chapa y su &lt;i&gt;Plaza Pública&lt;/i&gt;, uno de los grandes éxitos de Radio UNAM, o el maravilloso programa de Jaime Litvak). Recordemos también el inmenso éxito de los programas de Ikram Antaki, a pesar de que más bien parecían conferencias. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo más irónico es que el nuevo programa de Rocha, anunciado con bombo y platillo en los medios de comunicación, consiste en... un señor sentado frente a un micrófono entrevistando a invitados. Y recibiendo reportes de enviados especiales, reporteros, etcétera... En fin, al parecer, se planea invitar a los participantes en los programas de la barra de ciencia a colaborar con el programa de Rocha.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En una carta publicada en el semanario &lt;i&gt;Proceso&lt;/i&gt; (19 de agosto de 2001), un grupo de personas, supongo que trabajadores de Radio UNAM, afirman que la estación “fue pionera en los programas de opinión que hoy están de moda en la radio comercial”, lo cual es muy cierto. También protestan porque afirmar que “Radio UNAM se encuentra estancada desde los años setenta (...) es falso y una falta de respeto para muchos universitarios que han dedicado a la emisora su mejor esfuerzo”. Estoy totalmente de acuerdo: en particular, las instituciones y personas que han producido los programas de la barra de ciencia a lo largo de todos estos años (he tenido el honor se ser invitado a todos ellos alguna vez) han hecho una labor que no puede descartarse de un plumazo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Espero que la oferta de conservar estos espacios, aun cuando sea en otro horario, se cumplan sin escudarse en una supuesta necesidad de “renovar los proyectos”. De otro modo, los radioescuchas perderíamos una de las mejores oportunidades que teníamos de conocer el panorama dela ciencia. Y eso sería una tragedia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-3363809257943273194?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/3363809257943273194/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=3363809257943273194' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3363809257943273194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3363809257943273194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/09/adios-la-ciencia-en-radio-unam.html' title='¿Adiós a la ciencia en Radio UNAM?'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-6044127859583731410</id><published>2001-08-22T10:05:00.005-05:00</published><updated>2011-06-10T11:04:54.566-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Evolución'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Darwin'/><title type='text'>El disgusto por la ciencia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;Por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Humanidades&lt;span style="font-style: italic;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Coordinación de&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;span class="Apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="border-collapse: separate; color: black; font-family: 'Times New Roman'; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; line-height: normal; orphans: 2; text-indent: 0px; text-transform: none; white-space: normal; widows: 2; word-spacing: 0px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma; line-height: 18px; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 22 de agosto de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Para RBB, con más cariño del que se imagina&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hace unas semanas sostuve, a través del correo electrónico (me confieso adicto a estos inventos de la modernidad) un debate con uno de mis primos, joven culto dedicado a las letras hispanas, sobre la teoría de la evolución por selección natural, que como sabemos fue formulada por Charles Darwin y publicada en su famoso libro &lt;i&gt;El origen de las especies &lt;/i&gt;en 1959. A pesar de que la versión de Darwin ha sido refinada y complementada desde entonces, incorporando los avances de la genética, la biología de poblaciones y de la biología molecular, el mecanismo esencial que propuso (la selección natural) ha probado ser suficiente para explicar los diversos aspectos y modalidades de la evolución en el mundo biológico. Hoy en día, el darwinismo sigue siendo suficiente para entender la evolución y el surgimiento de nuevas especies.&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por eso me sorprendí cuando, en medio de una discusión sobre la evolución del lenguaje, mi primo comentó, con tono irónico, lo siguiente: “Pobre... ¿sigues teniendo fe en el malabarismo lógico de Don Carlitos?”. Debo confesar que me escandalizó ver a una de las más grandes y poderosas ideas en la historia de la ciencia –la “peligrosa idea de Darwin” que, según Daniel Dennett, puede extenderse mucho más allá de los límites de la biología para llevarla a los campos del estudio de la mente, de la cultura y hasta de la moral– reducida al nivel de “malabarismo lógico”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Rascando un poco descubrí que lo que mi primo tenía, seguramente, era una concepción incompleta y ligeramente tergiversada de lo que significa no sólo el darwinismo, sino la ciencia en general. Según él, hay quienes “dicen que la CIENCIA es, (...)conocimiento cierto y verdadero y objetivo y no sé qué otra maravilla más allá de la interpretación con base en un modelo arbitrariamente seleccionado”. En otras palabras, mi querido pariente ha sido presa de una infección ideológica (memética, en los términos de Richard Dawkins) cada vez más común en estos tiempos: la concepción posmodernista de que la ciencia es sólo un conjunto de creencias arbitrarias, sin mayor base que cualquier otro sistema de ideas como las religiones o los cultos esotéricos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La idea (¡errónea!) de que la ciencia pretende  tener la verdad absoluta y objetiva acerca de la totalidad del universo es muy común, gracias a lo mal que se enseña la ciencia en las escuelas, e incluso es sostenida &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡oh, vergüenza! &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; por numerosos investigadores científicos, a quienes no les vendrían nada mal algunos cursos de historia y filosofía de la ciencia (¡pero moderna, más allá de Mario Bunge y su librito &lt;i&gt;La ciencia, su método y su filosofía&lt;/i&gt;, por favor!).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En realidad, el conocimiento científico actualmente aceptado como válido dista mucho de ser definitivo, pues está en constante cambio (ya Karl Popper, precursor de las modernas visiones &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¡darwinistas!&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; de la epistemología, afirmaba que la ciencia avanza formulando conjeturas y tratando a continuación de refutarlas). Pero no sólo eso: el saber científico es también relativo, pues depende de la cultura en la que está inmerso y necesariamente refleja los prejuicios y las creencias de la sociedad en la que surge.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo, no por ello puede saltarse a la conclusión de que entonces el conocimiento científico es inválido y la ciencia es sólo un sistema de creación de mitos que resulta cómodo o útil creer. Por su propia esencia, la ciencia y los científicos tienen un compromiso fundamental con la realidad: el de tratar de acercarse a ella de la manera más honesta posible, tratando de entenderla con base en observaciones y experimentos, sometiendo a prueba las hipótesis y desechando las que no puedan explicar las evidencias. La ciencia tiene en su interior mecanismos autocorrectivos que permiten que el conocimiento que produce se vaya refinando y depurando, y aun cuando su método esté sujeto a todas las fallas de los seres humanos que los ejercen (errores, trampas, prejuicios, sectarismos y hasta fraudes), eso no impide que se trate de la manera más efectiva con la que cuenta la humanidad para acercarse a entender el funcionamiento del mundo natural.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La ciencia funciona, y la prueba es que el conocimiento que produce puede aplicarse en forma práctica. Las teorías que explican dichos éxitos, y que nos permiten formarnos una visión del mundo en que vivimos que lo hace no sólo comprensible, sino manipulable y por tanto mejorable, pueden estar equivocadas, pero son honestas en tratar de explicar los fenómenos de manera coherente con la evidencia experimental. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En otras palabras, si las teorías científicas muchas veces resultan estar erradas y son sustituidas por otras, si el conocimiento científico es incompleto y lo acepta, si a veces los científicos, al enfrentarse a creyentes en los ovnis o las “curaciones cuánticas” tienen que decir “no sé” (circunstancia que es aprovechada por los émulos de Jaime Mausán para descalificar a la ciencia, pues ellos en cambio sí son poseedores de “la verdad”), todo ello es debido a que la ciencia no puede darse el lujo de dejar de tratar honestamente de acercarse a la realidad. De otro modo no sólo perdería todo sentido, sino que dejaría de funcionar y se convertiría, entonces sí, en sólo otro mecanismo generador de mitos cómodos pero inútiles.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El descontento y el rechazo que muchas veces causan las ideas científicas pueden explicarse por varias causas. Una de ellas es la percepción de que la ciencia ha traído numerosos males a la humanidad (bombas atómicas, contaminación, calentamiento global, desforestación). Esta visión, desgraciadamente, ignora los mucho más numerosos beneficios que hemos recibido gracias al conocimiento científico que tenemos de la naturaleza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otra causa de rechazo a la ciencia es la arrogancia con la que muchas veces se presenta, por lo que es percibida con justa razón como deshumanizante, cuando en realidad nos podría permitir conocernos mejor y en ese grado ser humanística. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, las revelaciones de la ciencia muchas veces no coinciden con nuestras expectativas, lo cual nos puede hacer sentir incómodos y desorientados. Hoy la ciencia ha mostrado que el hombre no es el centro del universo; que es sólo uno más entre los animales; que la vida es sólo un complejo proceso químico; que no hay una alma o esencia humana más allá de los sutiles mecanismos cerebrales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero quienes apreciamos la ciencia sabemos que las visiones que nos presenta (nótese que no digo “verdades”, palabra que carece de sentido en este contexto) no sólo pueden enriquecer nuestra visión del mundo, sino conocernos profundamente y permitirnos acceder a experiencias vitales tan enriquecedoras como las que nos proporcionan las artes, las humanidades o las relaciones humanas. En el fondo, la ciencia, la literatura española o una relación amorosa nos dan en cierto modo lo mismo: una experiencia vital que nos produce satisfacción y nos hace ser más de lo que somos. Vale la pena arriesgarse a conocerlas, aunque a veces cueste un poco de trabajo, e incluso aunque a veces duela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-6044127859583731410?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/6044127859583731410/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=6044127859583731410' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6044127859583731410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6044127859583731410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/08/el-disgusto-por-la-ciencia.html' title='El disgusto por la ciencia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-37165437507243457</id><published>2001-06-27T09:49:00.000-05:00</published><updated>2008-08-20T09:51:02.130-05:00</updated><title type='text'>Tres libros a favor del ambiente</title><content type='html'>Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en Humanidades,&lt;br /&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 27 de junio de 2001)&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Entre las muchas vías que se pueden elegir para divulgar la ciencia –para ponerla al alcance del público no especializado– una de las más interesantes es el uso de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La escritura de cuentos y novelas “de ciencia” ha sido explorada de diversas maneras, y con resultados de lo más diverso, especialmente porque como se trata de un área en que la literatura se confunde con la divulgación, los productos tienen destinos de lo más inesperado. A veces una obra que se escribió sin el menor interés por transmitir conceptos científicos al lector funciona admirablemente para este fin, llegando incluso a ser utilizada como material didáctico en cursos escolares. Así, algunas obras, por ejemplo de ciencia ficción, que se escribieron sólo con fines literarios, han permitido que generaciones de jóvenes –y adultos– comprendan principios básicos de la física, la química o la biología. En otras raras ocasiones, una obra que pretendía educar acaba siendo reconocida más por su valor literario que por ser especialmente buena para transmitir ideas (aunque lo normal es que las dos cosas vayan juntas).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, la escritura de libros de divulgación dirigidos a los jóvenes que puedan servir para comunicar conceptos, actitudes y valores relacionados con la ciencia ha sido una estrategia bastante exitosa en nuestro país. Como prueba están los casi 200 títulos de la colección “La ciencia para todos” (antes “La ciencia desde México”), publicada por el Fondo de Cultura Económica. A pesar del muy desigual nivel y calidad de sus textos, y de que no siempre cumplen su función estrictamente divulgativa, pues llegan a semejar libros de texto, existen en esta colección muchas obras admirables (y algunas que, paradójicamente, llegan a ser utilizadas en cursos de posgrado). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Existen otras colecciones que, aunque constan de un número mucho menos de títulos y no cuentan con los amplios recursos propagandísticos que el FCE tiene a su disposición (entre los que destaca el exitosísimo concurso anual que se organiza para que los estudiantes de secundaria y prepa escriban ensayos y reseñas sobre sus títulos, una idea genial), ofrecen textos de gran calidad y originalidad. “Viajeros del conocimiento”, de Pangea Editores, y “Viaje al centro de la ciencia”; de ADN Editores y CONACULTA son las más destacadas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero existe otro esfuerzo, menos conocido, que hoy quisiera destacar. Se trata de la Colección básica del medio ambiente, coeditada por la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICYT) y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). En la Casa Universitaria del Libro –recinto que, por cierto, merece todo tipo de felicitaciones por la importante y excelente labor que realiza, no sólo en la presentación de libros, sino en la impartición de cursos que han sido decisivos en la formación de una nueva generación de editores, correctores y escritores en nuestro país– se presentaron recientemente tres nuevos libros de esta colección, que completa así diez títulos, todos ellos dedicados a la promoción y divulgación del conocimiento del ambiente y el cuidado del mismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El suelo: ese deconocido&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, de Elizabeth Solleiro Rebolledo, nos habla de la ecología del suelo. A través de un ameno relato acerca de varios adolescentes el libro nos explica las principales características del suelo, su origen y destino, su degradación y conservación. “El suelo es como la piel de la tierra, la parte superficial de la corteza terrestre que permite sostener la vida vegetal y animal. Si no se conoce no se puede decidir qué sembrar o cómo sembrar, sin que se deteriore o pierda”, dice la autora. Y en efecto, es curioso cómo el conocimiento que uno generalmente tiene del suelo que pisa es prácticamente nulo. Cuando se descubren las maravillas que hay bajo nuestros pies es cuando se aprecia el valor de este interesante librito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por su parte, &lt;i&gt;Aguas con el agua&lt;/i&gt;, de Ernesto Márquez Nerey, se enfoca a promover la “cultura del agua”, recurso que como sabemos es vital para cualquier sociedad, y que aunque es abundante en nuestro país, está muy mal distribuido, además de mal utilizado, contaminado y desperdiciado. Un grupo de estudiantes que deciden organizar un pequeño congreso sobre el agua descubren lo esencial acerca de este recurso en México, su papel en la civilización y en la salud, y las maneras de conservarla, y de paso permiten que el lector se apasione y se informe sobre este refrescante tema.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, &lt;i&gt;Campamento Biofilia&lt;/i&gt;, de Alejandra Alvarado Zink, el número 10 de la colección, aborda el popular tema de la biodiversidad, esta vez mediante un fresco relato acerca de la visita de un grupo juvenil a un campamento en el que traban contacto con la diversidad biológica de nuestro país, con sus diversas caras, las amenazas que enfrenta y la manera de eludirlas para conservar este importante patrimonio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hasta hora, los primeros siete libros de la Colección básica del medio ambiente han tenido muy buena aceptación en el medio escolar, y a decir de estudiantes y profesores cumplen bien su objetivo de divulgar los conceptos básicos del cuidado del ambiente. Es seguro que estos tres nuevos títulos tendrán también éxito. De este modo, la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cumple admirablemente con su objetivo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es de agradecer que en un país tan grande y diverso como el nuestro, pero en el que la ciencia es –¡todavía!– tan poco apreciada, exista una sociedad tan empeñosa como la SOMEDICYT (a la que me honra pertenecer), que a lo largo de más de diez años ha realizado labores de divulgación de la ciencia y ha promovido la formación y profesionalización de los divulgadores, especialmente a través de su congreso anual. La Colección básica del medio ambiente es una muestra de que, aún con pocos recursos, pueden lograrse resultados ampliamente recomendables&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Nota final: los tres títulos, junto con el resto de la colección, están disponibles en las oficinas de la SOMEDICYT, en planta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;baja de La casita de la ciencia, frente al museo &lt;i&gt;Universum&lt;/i&gt;, en el circuito cultural de ciudad Universitaria, o al teléfono 56-22-1-73-30, en días hábiles por las mañanas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-37165437507243457?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/37165437507243457/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=37165437507243457' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/37165437507243457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/37165437507243457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/06/tres-libros-favor-del-ambiente.html' title='Tres libros a favor del ambiente'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7342738970929873197</id><published>2001-06-13T09:43:00.000-05:00</published><updated>2008-08-20T09:45:07.593-05:00</updated><title type='text'>Accidentes y condicionamiento</title><content type='html'>Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en Humanidades,&lt;br /&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 13 de junio de 2001)&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Escribo este texto con algo de dificultad, pues tengo que usar un collarín ortopédico debido a un accidente de tránsito: un conductor &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que evidentemente desconocía la propiedad de impenetrabilidad que presentan los cuerpos sólidos&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; pensó que podía acelerar sin esperar a que el auto que estaba delante lo hiciera. Desgraciadamente, el de adelante era yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero mi tema no este&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;leve accidente, sino un hecho curioso que surgió a raíz de él: cuando tuve necesidad de pasar nuevamente por el lugar preciso en donde sucedió el choque, sentí una gran aversión. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un amigo se burló de mí cuando le comenté mi nerviosismo: “y luego andas tú hablando de pensamiento mágico y cosas así”, dijo, riéndose, cuando le dije que me daba miedo volver a pasar por el mismo sitio. Yo me sentí apenado, claro, pues él tenía razón: ¿por qué habría yo de temer que se repitiera un accidente sólo por pasar de nuevo por ahí?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Más tarde &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;tratando de justificarme, lo confieso&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; reflexioné que quizá no se trataba sólo de supersticiones mías: quizá, me dije, se trate de algo semejante al condicionamiento pavloviano. El fisiólogo ruso Iván Petrovich Pavlov (1849-1936) demostró en 1889 que, si se sometía a perros a un estímulo dado –por ejemplo, darles de comer– simultáneamente con un estímulo condicionante –como el sonido de una campana–, podía establecerse un vínculo entre este sonido, de modo que alguna respuesta fisiológica que normalmente sólo se presentaba ante el primer estímulo –por ejemplo, la salivación en presencia de comida se presentara ahora ante el segundo estimulo. Así, Pavlov logró que los perros produjeran saliva en abundancia con sólo escuchar la campana, sin necesidad de que hubiera comida cerca: una respuesta condicionada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Posteriormente se confirmó que este tipo de “aprendizaje” primitivo y mecánico que es el condicionamiento pavloviano es vital para muchos animales y desde luego de nosotros, los humanos. Es fácil, por ejemplo, que uno asocie un determinado sonido u olor con ciertas circunstancias particularmente desagradables –una enfermedad, un accidente, un evento doloroso. Es clásico el caso de alguien que se intoxica consumiendo algún alimento en particular –digamos, camarones– y a partir de la fuerte diarrea acompañada de vómitos, cólicos, etc. que suele presentarse en estos casos, desarrolle una fuerte e “irracional” aversión a estos mariscos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Volviendo a mi accidente y al temor a que se repitiera, se me ocurre que quizá soy una simple víctima más del mecanismo descubierto por el ruso de los perros: quedé marcado por el evento traumático y ahora no podré pasar por el lugar del accidente sin temer un nuevo percance.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero independientemente de lo descabellada que pueda ser&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mi idea, resulta interesante pensar en lo que hay detrás del mecanismo pavloviano. ¿Por qué resulta útil para los seres vivos ser capaces de ser condicionados de una manera tan mecánica por estímulos del medio?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Una respuesta simple es que así se garantiza que no se repetirá una conducta que puede resultar peligrosa o dañina: si una vez se come algo que resulta tóxico, el condicionamiento de aversión evita que el animal vuelva a consumir ese alimento. Y lo mismo respecto a otras cosas o conductas que puedan amenazar la supervivencia del organismo. Es lógico pensar que una especie que presente este mecanismo de protección puede sobrevivir mejor que otra que no lo tenga; el mecanismo pavloviano adquiere así sentido evolutivo. Aunque no se conozcan con detalle los mecanismos moleculares o genéticos que controlan el condicionamiento, los detalles fisiológicos y cerebrales que lo hacen posible se han estudiado bastante (de hecho, los neurofisiólogos utilizan este tipo de condicionamientos de aversión como una útil herramienta de investigación para explorar los mecanismos cerebrales y psicológicos de animales de laboratorio).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero hay otro nivel en el que el condicionamiento pavloviano resulta apasionante: cuando se lo considera como una forma de inducción. Como se sabe, la ciencia se basa en la observación y la experimentación de algún fenómeno de la naturaleza para llegar, luego de reunir algún número de datos, a una generalización (teoría o ley). Sin embargo, este proceso de inducción (el paso de un número limitado de observaciones a una ley general que se supone válida en todos los casos) no es fácil de justificar filosóficamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, actualmente algunos filósofos han comenzado a desarrollar una rama de la filosofía conocida como &lt;i&gt;epistemología evolucionista&lt;/i&gt;, en la que buscan conectar la reflexión acerca de cómo conocemos el mundo, sobre todo por medio de la ciencia, con el conocimiento que se tiene acerca de la evolución de los seres vivos. Dentro de esta perspectiva, podría sostenerse la hipótesis de que un mecanismo como el condicionameitno pavloviando es una forma uy primitiva de inducción: a partir de sólo una experiencia negativa, el organismo “aprende” a evitar experiencias similares. Es como si con hacer sólo una medición, como pesar una piña, un científico decidiera que todas las piñas pesan un kilo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, es interesante pensar que procesos intelectuales como la deducción puedan tener bases biológicas... Parafraseando a Marcelino Cereijido, del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;cinvestav &lt;/span&gt;del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;ipn&lt;/span&gt;, ¿acabará la filosofía siendo una rama de la biología?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Posdata: ya volví a pasar por el lugar del accidente, y no pasó nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7342738970929873197?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7342738970929873197/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7342738970929873197' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7342738970929873197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7342738970929873197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/06/accidentes-y-condicionamiento.html' title='Accidentes y condicionamiento'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2846085149220053806</id><published>2001-05-30T09:38:00.000-05:00</published><updated>2008-08-20T09:41:39.132-05:00</updated><title type='text'>Mitocondrias y periodismo científico</title><content type='html'>Por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en Humanidades,&lt;br /&gt;periódico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 30 de mayo de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En memoria de la doctora Aurora Brunner Liebshard&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;En las pasadas semanas han aparecido en los diarios dos noticias científicas que me dan pie para hablar de los problemas y las dificultades que pueden presentarse en el ejercicio de una de las especialidades más demandantes del periodismo: el periodismo científico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera noticia, difundida ampliamente en los medios de todo el mundo el sábado 5  de mayo, anunciaba con grandes titulares –dirigidos, seguramente, a despertar un interés igualmente grande– que un científico estadounidense, el doctor Jacques Cohen, había logrado crear los primeros bebés genéticamente modificados (como botón de muestra, el titular del diario español El país rezaba “Nacen en Estados Unidos 15 bebés con genes de su padre y de dos mujeres”, mientras que en el sitio de noticias científicas de Yahoo, en la red, el encabezado era “Nacen los primeros bebés genéticamente alterados”... como se ve, el periódico impreso parece ser ligeramente más riguroso que los sitios en la red).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde luego, la noticia resultó en un gran escándalo: la posibilidad de que se hubiera creado a 15 bebés cuyos genes hubieran sido modificados suena aterradora, pues uno de los límites más claros –y en los que prácticamente todo el mundo está de acuerdo– para la manipulación genética es el no manipular la llamada “línea germinal” humana, es decir, no realizar modificaciones en seres humanos que puedan ser transmitidas a la descendencia e introducirse así en el patrimonio genético de la especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo más curioso sucedió al día siguiente: a pesar de ser domingo, el lector de, por ejemplo, La jornada, pudo encontrarse con una especie de  desmentido de la información anterior: “Niega científico de Estados Unidos haber creado bebés genéticamente modificados”, anunciaba la nota publicada en este diario. A su vez, Yahoo publicó el lunes siguiente una nueva versión de la misma nota publicada el sábado, pero con una cabeza que enfatizaba un ángulo muy diferente del asunto: “Tratamiento contra la infertilidad deja a niños con ADN extra”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aclaremos de qué se trataba el asunto. Nuestras células contienen, entre los muchos organelos microscópicos que realizan distintas funciones vitales, unas minúsculas pero complejas estructuras llamadas mitocondrias. Estos organelos, que frecuentemente son comparadas con “centrales energéticas” celulares, cumplen la importante función de oxidar los azúcares de los que se alimenta la célula para obtener energía utilizable. Las mitocondrias, a diferencia de la mayoría de los organelos celulares, tienen la característica de poseer su propia información genética, almacenada en moléculas de ADN (ácido desoxirribonucleico). Esta información genética es independiente de los genes contenidos en el núcleo de la célula, y permiten que las mitocondrias, si bien no son capaces de vivir independientemente, sí puedan gozar de una cierta autonomía (en forma quizá parecida a nuestra querida universidad, que es autónoma aunque no puede vivir sin el subsidio que le da el gobierno).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar esta breve explicación, añadiré que las mitocondrias –y su información genética– se transmiten de padres a hijos de una manera especial: a diferencia de lo que ocurre con los genes nucleares, de los cuales recibimos la mitad de nuestra madre y la mitad de nuestro padre, nuestros genes mitocondriales se transmiten únicamente por la vía materna (la explicación es que cuando el espermatozoide fecunda al óvulo, sólo penetra en él la cabeza, que contiene el núcleo, pero el cuerpo ni la cola, que contienen las mitocondrias paternas, de modo que el bebé tiene sólo mitocondrias –y ADN mitocondrial– proveniente de la madre. Esta característica ha permitido estudiar la antigüedad de los genes de las mitocondrias y remontarnos hasta la famosa “eva mitocondrial”, así como estudiar las migraciones de grupos humanos en la prehistoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno: pues lo que hizo el doctor Cohen, del Instituto de Medicina Reproductiva y Ciencia del Centro Médico de San Barnabas, en Nueva Jersey, y que motivó los escandalosos encabezados a los que nos referimos al principio, fue inyectar citoplasma tomado de óvulos de mujeres fértiles incluyendo sus mitocondrias en óvulos completos de mujeres infértiles, y posteriormente fecundar los óvulos así tratados para producir bebés. El proceso se llevó a cabo como una forma de remediar la esterilidad de mujeres que no podían producir óvulos fértiles debido a defectos o carencias en su ADN mitocondrial: al mezclar sus mitocondrias con las de una mujer fértil, los óvulos se volvían capaces de ser fecundados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se trató entonces todo el escándalo de una exageración de los medios de comunicación? No exactamente: efectivamente, los bebés obtenidos efectivamente contienen ADN mitocondrial de dos mujeres distintas, y en ese sentido puede decirse que han sido “alterados genéticamente”. Por otro lado, el ADN mitocondrial forma sólo una parte minúscula del patrimonio genético de un ser  humano, además de que los genes mitocondriales de los bebés son “naturales”, es decir, no han sido alterados artificialmente. Lo único que hizo el procedimiento fue producir una nueva mezcla de genes que ya se encontraban en la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más bien podría hablarse de un manejo tendencioso de la información, que se presentó inicialmente como un alarmante caso de manipulación genética y sólo después del reclamo de los científicos involucrados se corrigió para verla como un curioso efecto secundario de un tratamiento contra la infertilidad. Tampoco queda claro de quién fue la culpa, pues se argumenta que la información, publicada en la revista Human reproduction, fue tergiversada ya desde un editorial incluido en la propia publicación científica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, todo quedó en un escándalo fallido y varios desmentidos publicados en todo el mundo. El incidente muestra cómo sigue existiendo un extendido prejuicio contra todo lo que signifique manipulación genética –con la carga de irracionalidad e ignorancia que todo prejuicio conlleva. Sin que esto signifique, claro, que deba aceptarse irreflexivamente algo tan delicado como la manipulación del patrimonio genético humano. Pero quizá el saldo final sea bueno, pues ha dado pie para que el gran público conozca lo que es el ADN mitocondrial y para que los divulgadores de la ciencia podamos escribir artículos como éste, en los que podemos hablar acerca de las curiosidades de la herencia&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2846085149220053806?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2846085149220053806/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2846085149220053806' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2846085149220053806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2846085149220053806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/05/mitocondrias-y-periodismo-cientfico.html' title='Mitocondrias y periodismo científico'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-6582237024670003080</id><published>2001-05-16T09:37:00.000-05:00</published><updated>2008-08-20T09:38:14.699-05:00</updated><title type='text'>Tito, Tito, Capotito</title><content type='html'>por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;,&lt;br /&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 16 de mayo de 2001)&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;“Tito, Tito, capotito, sube al cielo y pega un grito. ¿Qué es?” Así rezaba una adivinanza muy popular, cuya respuesta era invariablemente “el cohete”. El grito, por supuesto, era la colorida explosión que normalmente acompaña a los petardos empleados en ferias y festejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Afortunadamente, el cohete en el que viajó Dennis Tito, millonario californiano que tuvo el dinero y la voluntad suficiente para convertirse en el primer “turista espacial”, no sufrió ningún tipo de explosión. Eso sí, seguramente este Tito sí habrá pegado varios gritos, pero de júbilo (“fue como estar en el paraíso”, dijo a su regreso). Y no es para menos, pues logró cumplir un sueño que había acariciado largamente y que muchos otros seguramente querrían compartir (como lo atestiguan las decenas de aspirantes que supuestamente ya se apuntaron en la lista para hacer un viaje a la Estación Espacial Internacional). Originalmente su excusión estaba planeada para visitar la estación MIR, pero como ésta había excedido su vida útil y tuvo que ser destruida, la estancia de Tito se cambió al proyecto internacional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al parecer, el viaje de Tito costó la friolera de 20 millones de dólares –lo que pone al turismo espacial un poco fuera del presupuesto de la mayoría de nosotros–, y fue realizado no a bordo de una nave estadounidense –como hubiera sido lógico esperar–, sino de un cohete Soyuz ruso. De hecho, la NASA se opuso a que los rusos enviaran al millonario al espacio, e incluso amenazaron con prohibir su ingreso a la parte estadounidense de la estación espacial. Destacó la ligeramente cínica crítica de John Glenn, el septuagenario astronauta y ex senador gringo, quien afirmó que el viaje de Tito era un uso incorrecto para la estación, que se supone debe usarse para fines de investigación. Recordemos que hace unos años Glenn logró volver al espacio a los 77 años de edad, viaje que muchos consideraron como un capricho que logró cumplir gracias a su puesto en el senado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, el viaje de Tito lo pone a uno a pensar en muchas cosas. En primer lugar, lo más obvio: la posibilidad de realizar viajes turísticos al espacio, a la luna, algún día quizá a Marte... ¿qué tan realista será esta idea, antes sólo posible en la ciencia ficción? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y más allá de las posibilidades e implicaciones del turismo espacial, ¿qué nos dice el viaje de Tito acerca de la utilidad que tiene seguir desarrollando la ciencia y la tecnología que permiten los viajes al espacio?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un argumento que se oye frecuentemente a favor de estas inversiones es el que cuestiona la validez, e incluso la ética, de gastar grandes cantidades de dinero en proyectos como mandar hombres a la luna o explorar otros planetas con sondas que cuestan cifras de 6 ceros en dólares, mientras por otro lado millones de seres humanos viven en la extrema pobreza o mueren de hambre aquí en la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hay varias respuestas posibles a este cuestionamiento: uno es la importancia de explorar otros mundos, no sólo por el conocimiento mismo que se obtiene, sino por la tecnología que se desarrolla colateralmente a esta empresa. Muchas de las comodidades de que gozamos en la vida moderna –los privilegiados que podemos gozar de ellas, no olvidemos que una gran fracción de la población del planeta no cuenta ni siquiera con servicios básicos como agua corriente, electricidad o teléfono&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; son producto de las investigaciones tecnológicas que se hicieron en la década de los 60 para poder llegar a la luna. Todavía hoy seguimos recibiendo avances técnicos como nuevos materiales, alimentos, tecnología computacional y de comunicaciones que directa o indirectamente son derivadas de la investigación espacial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo, no puede negarse que el viaje de Dennis Tito no parece haber aportado ningún beneficio importante para la humanidad &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;ni siquiera para un parte de ella. Lo único que parece haber demostrado es que, si uno tiene el dinero suficiente, puede hoy cumplirse caprichos tan extraños como hacer turismo en una estación espacial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ante esta realidad, la visión cínica que afirma que la ciencia y la tecnología son manifestaciones de un sistema capitalista que sólo busca la dominación y el enriquecimiento de unos cuantos, bajo el pretexto de la búsqueda del conocimiento. Cuesta trabajo no caer en este tipo de pensamiento. Consideremos, como un intento de antídoto, los riesgos de pensar así. ¿qué pasaría si proliferara la visión de la ciencia como un “gasto”, una empresa que no es costeable para una sociedad que enfrenta retos mucho más urgentes?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La consecuencia inmediata sería el empobrecimiento y quizá la desaparición del sistema científico, lo cual a su vez nos privaría de una de las fuerzas sociales que han resultado más influyentes en el rumbo de la humanidad en los pasados siglos. El peligro de perder de vista los amplios y múltiples beneficios que la investigación científica y tecnológica –en todas sus manifestaciones&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; nos proporcionan, deslumbrados tan sólo por el mal ejemplo de Tito y su capricho espacial es que nos ocupemos sólo de lo urgente, olvidando lo importante: que enfoquemos nuestros recursos sólo a los problemas del momento, y olvidemos el desarrollo que debemos mantener para el futuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Después de todo, no hay que olvidar que la ciencia y la tecnología sirven para muchas, muchas más cosas que para poner una sonrisa en el rostro de un millonario californiando de edad madura que siempre soñó con viajar al espacio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-6582237024670003080?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/6582237024670003080/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=6582237024670003080' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6582237024670003080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6582237024670003080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/05/tito-tito-capotito.html' title='Tito, Tito, Capotito'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-413850961364359961</id><published>2001-05-02T09:33:00.000-06:00</published><updated>2008-08-20T09:36:04.344-05:00</updated><title type='text'>Amistad, evolución y mente</title><content type='html'>por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;,&lt;br /&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 2 de mayo de 2001)&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las explicaciones darwinianas parecen estar de moda últimamente. Mucho más allá del ámbito de la simple biología –donde no es sorprendente que el abuelo Darwin siga siendo la figura más influyente de todo el panteón de esa ciencia; después de todo, como ya lo dijera Sewall Wright, “nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución”– el pensamiento darwinista ha comenzado a tener influencia en campos tan disímbolos como la química farmacéutica, la computación, la psicología, los estudios culturales y de comunicación, y hasta la filosofía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En un libro recientemente publicado (&lt;i&gt;La máquina de los memes&lt;/i&gt;, Grijalbo, 2001), la psicóloga Susan Blackmore trata de resumir y sistematizar una de estas nuevas derivaciones de lo que el biólogo Richard Dawkins llama “darwinismo universal”: la teoría de los memes (singular mem), ideas, conceptos, o cualquier tipo de fragmentos de información mental que pueden ser transmitidos de cerebro en cerebro y que compiten entre sí en forma semejante a como lo hacen los genes en los organismos vivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La idea básica es relativamente simple: los genes, por su propia naturaleza de “replicadores” o “replicones” (unidades de información genética capaces de reproducirse, o “replicarse”, en el lenguaje de los biólogos moleculares) son entidades que evoluciónan. El mecanismo es algo así: dada una variedad de posibles secuencias genéticas –genes–, aquellas que puedan reproducirse en mayor número y con mayor fidelidad comenzarán a predominar en una población dada, por sobre otros genes menos eficientes para replicarse. De este modo, el simple hecho de copiarse con eficiencia hace que un gen sea “exitoso”. Las posibles ventajas o desventajas que confiera al organismo que lo porta se convierten así no en causas, sino en efectos de la eficiencia reproductiva del gen. Esta es, a grandes rasgos, la teoría del “gen egoísta”, planteada hace años por el propio Dawkins.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La idea de los memes, planteada también por este influyente especialista en comportamiento animal, es sólo una extensión del mismo concepto: ¿no existirán otro tipo de entidades capaces de reproducirse, cambiar y evolucionar en forma semejante a como lo hacen los genes? Claro que sí: las ideas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un ejemplo sencillo son las modas: a partir de una idea original que alguien tiene, una moda como, por ejemplo, el usar tatuajes o aretes en el ombligo, se va “contagiando” de cerebro en cerebro –muchas veces ayudada por factores como su utilidad, belleza o significado como señal de pertenencia a una comunidad. A lo largo del proceso, la moda va cambiando y transformándose lentamente: evoluciona, y puede llegar a universalizarse (o casi), o a extinguirse. Igualmente puede competir con otras modas “rivales”, llegando a dominar una en ciertas poblaciones y otra en grupos distintos (piénsese en el abismo que separa la moda de los “darks” de la de los “skatos”, por ejemplo).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los chistes son otro ejemplo de memes: una historia comienza siendo contada por su autor, y va siendo repetida –dependiendo de lo contagiosa que resulte, además de su efectividad para provocar la risa, entre otros factores– y en el proceso puede modificarse, cambiar e irse perfeccionando o deteriorando. Nuevamente, evoluciona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La utilidad de la idea de los memes es que pone a fenómenos psicológicos, sociológicos y culturales sobre una base biológica,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;conectando así mundos que alguna vez parecieron separado por un abismo. Blakmore muestra, por ejemplo, cómo el pensamiento memético nos permite abordar cuestiones como la de por qué los seres humanos no podemos dejar de pensar continuamente. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si suponemos que los memes –ideas– que permanezcan más constantemente en la conciencia de un individuo tienen mayores probabilidades de ser comunicados a otro individuo, puede esperarse que a lo largo del tiempo evolucionen memes perfectamente adapatados para hacer precisamente eso: estar dando vueltas una y otra vez en el cerebro que los aloja, esperando ser contagiados a otros cerebros. Naturalmente, este tipo de memes competirán unos con otros, con el resultado de que nuestros pobres cerebros acaban siendo colonizados constantemente, no porque los memes “pretendan” hacerlo, sino simplemente porque han sido seleccionados (en el sentido de “selección natural”) para ello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin aceptamos esta propuesta, no es difícil brincar a otras explicaciones. Por ejemplo, acerca de la amistad. ¿Por qué existe la amistad? ¿Tiene alguna utilidad evolutiva –fomenta la reproducción de nuestros genes–, o podrá tener algo que ver con los memes?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Una de las características principales de toda amistad es que se la busca sobre todo para platicar: compartir ideas, información, experiencias. Dicho de otro modo, para permitir que los memes que habitan nuestra mente se reproduzcan en la de nuestro amigo o amiga. Las constantes pláticas entre camaradas se pueden ver así como grandes y fértiles campos en los que los memes brincan de un cerebro a otro, aumentando el número de copias que dejan en las mentes por las que han pasado, cumpliendo así su único propósito: reproducirse. En el proceso, desde luego, estos memes cambian poco a poco, a la manera del “teléfono descompuesto” (el juego memético por excelencia), y van así evolucionando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por supuesto, la amistad tiene también obvias conveniencias desde el punto de vista genético: un individuo que tenga muchos amigos probablemente sobrevivirá, al igual que sus hijos, y se reproducirá con más eficacia que una persona aislada y solitaria. Pero esto no es obstáculo para pensar que los memes que fomentan las amistades no hayan influido también para desarrollar esta característica –la de formar constantemente amistadas– en nuestra especie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tomando en cuenta las ideas anteriores, ¿podría uno atreverse a ir aún más allá, y tratar de proponer una explicación memética del amor? Quizá no es necesario –después de todo, este sentimiento probablemente pueda ser analizado en términos de ventajas genéticas–, y definitivamente es prematuro, pero sería un campo interesante para explorar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-413850961364359961?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/413850961364359961/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=413850961364359961' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/413850961364359961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/413850961364359961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/05/amistad-evolucin-y-mente.html' title='Amistad, evolución y mente'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7801627162834095742</id><published>2001-04-18T09:20:00.001-06:00</published><updated>2008-08-20T09:25:32.816-05:00</updated><title type='text'>Divulgación de la ciencia: fuera y dentro de la UNAM</title><content type='html'>por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;,&lt;br /&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;el 18 de abril de 2001)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recientemente ha corrido el rumor de que el CONACYT está muy interesado en promover la divulgación científica. Éstas son buenas noticias, pues de ser cierta, significarían que por fin se comienza a apreciar la importancia estratégica que esta actividad puede tener para promover el desarrollo del aparato científico y tecnológico nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero antes de que esto comience a sonar como discurso oficial, veamos un poco a qué puede uno referirse cuando habla de divulgación de la ciencia. Se trata de una actividad proteica (palabra que quiere decir “multiforme”, aunque en esta época de ingeniería genética y proteínas por todas partes el significado se confunde un poco...) y por lo tanto difícil de definir. Hay quien habla de divulgación científica cuando piensa en un museo de ciencias, en una revista tipo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Cómo ves?&lt;/span&gt; o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Muy interesante&lt;/span&gt;, o en una serie de conferencias sobre temas científicos. Otros consideran que sólo publicaciones de muy alto nivel, accesibles sólo para un público bien educado, como por ejemplo la revista Scientific american, pueden ser consideradas verdadera divulgación científica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otro lado, existe la discusión acerca de si el periodismo científico es una disciplina independiente, o sólo una variedad especializada de la divulgación científica. Los pedagogos y profesores, por su parte, parecen pensar que el objetivo de la divulgación debe ser apoyar el proceso enseñanza-aprendizaje tanto dentro del salón (creándose entonces confusión entre lo que es propiamente el material didáctico y la divulgación científica) o fuera del aula (la llamada “educación no formal”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De lo que casi nadie parece dudar es de la importancia de poner el conocimiento científico al alcance del público, de modo que pueda apreciarlo, comprenderlo y utilizarlo. Y aquí viene la paradoja, puesto que aunque todo mundo reconoce la importancia de la divulgación, poco se ha hecho para apoyarla y fortalecerla en forma seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La UNAM, afortunadamente, tiene una larga tradición al respecto, que se materializa en la creación del Programa Experimental de Comunicación de la Ciencia, posteriormente transformado en Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia (CUCC) y finalmente en Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC). A través de los años esta dependencia universitaria ha llevado a cabo proyectos tan importantes como las revistas &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Naturaleza &lt;/span&gt;y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Cómo ves?&lt;/span&gt;, los museos de ciencias &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Universum &lt;/span&gt;y de la Luz, la producción de libros y videos diversos y la puesta en marcha de exposiciones, cursos, ciclos de conferencias, talleres, páginas de internet y boletines varios. Al mismo tiempo, el CUCC/DGDC se ha convertido en una de las instituciones más destacadas en la formación de personal dedicado a la divulgación científica a través tanto del aprendizaje directo como del Diplomado en Divulgación de la Ciencia, que se imparte anualmente y en la definición de proyectos que luego han servido de guía y marcado pautas a nivel nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, pareciera que actualmente a la divulgación científica no se le da, dentro de la estructura universitaria, la importancia que debiera tener. El translado del CUCC de la Coordinación de Difusión Cultural, donde estuvo originalmente, a la Coordinación de la Investigación Científica, significó enfrentarse a criterios ajenos a su esencia (la divulgación, aunque es parte de la actividad científica, no es investigación; se consagra a la comunicación del conocimiento científico al público no científico, no a crear nuevo conocimiento). Posteriormente, la transformación del CUCC en DGDC, llevada a cabo al inicio del rectorado de Francisco Barnés, significó la pérdida de su calidad de dependencia académica, para pasar a ser una entidad administrativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adicionalmente, la difícil situación política, económica y académica por la que atraviesa la UNAM ha hecho que los recursos para la divulgación disminuyan, y la situación laboral del personal dedicado en forma profesional a la esta actividad dentro de la UNAM no parece estar mejorando, sino al contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, no parece claro que los funcionarios universitarios sean conscientes de la utilidad de poner la ciencia al alcance de las mayorías, y de formar y apoyar al personal dedicado profesionalmente a esta actividad. Sigue prevaleciendo, especialmente entre los investigadores científicos, la idea de que la divulgación es algo que puede hacerse sin mayor preparación, improvisadamente, sobre las rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso la idea de que las actividades de divulgación pueden redundar en beneficio de la ciencia nacional aún no es fácilmente aceptada. Recuerdo una triste ocasión en que, hablando con un alto funcionario, expresé lo conveniente que sería que el CONACYT apoyara las actividades de divulgación, puesto que esto mejoraría la percepción que el público general tiene de la ciencia y por tanto redundaría en un mayor respaldo público y social para el gasto nacional en ciencia y tecnología. La obtusa respuesta del burócrata fue preguntarme si contaba con las cifras para sustentar tan peregrina afirmación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, y a pesar de no contar con estos datos, hoy parece que el CONACYT ha decidido, por fin, poner manos a la obra y trabajar para que la sociedad que con sus recursos apoya el desarrollo científico y tecnológico nacional tenga una mejor percepción de la naturaleza e importancia de estas actividades.  Y, esperamos, la apoye más decididamente. Ojalá que este esfuerzo pronto rinda frutos, en forma no sólo de programas y actividades de divulgación a nivel nacional, sino en el reconocimiento, dentro de los claustros universitarios, de la importancia y valor académico de esta actividad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7801627162834095742?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7801627162834095742/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7801627162834095742' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7801627162834095742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7801627162834095742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/04/divulgacin-de-la-ciencia-fuera-y-dentro.html' title='Divulgación de la ciencia: fuera y dentro de la UNAM'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-3121191051492458123</id><published>2001-03-21T20:18:00.000-06:00</published><updated>2008-03-21T20:19:43.834-06:00</updated><title type='text'>Escepticismo y dogmatismo en ciencia</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 21 de marzo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: right; font-style: italic;" class="dedicatoria"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Para María Emilia Beyer, divulgadora entusiasta&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando se habla de la necesidad de poner el conocimiento científico al alcance del público, se dan justificaciones de lo más variado. Hay quien opina que sin un manejo de los conceptos básicos de la ciencia y la capacidad para ejercer el pensamiento científico una persona no puede considerarse educada. Hay quien piensa que sólo con una ciudadanía científicamente ilustrada podrá nuestro país dejar de ser subdesarrollado (aunque los políticos pervierten esta patriótica aspiración convirtiendo la educación científica en capacitación tecnológica, asegurando así nuestro futuro como nación maquiladora). Otros afirman que la ciencia es tan peligrosa que no puede dejarse en manos de los científicos, y que para poder responsabilizarnos de ella, todos tenemos que comprenderla, al menos en un nivel general. Finalmente, algunos piensan que es el valor estético e intelectual de la ciencia lo que justifica su difusión, de la misma manera que el resto de la cultura –no olvidemos que la ciencia forma parte de ella– se ofrece al pueblo en conciertos, exposiciones, publicaciones, cursos y festivales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ni qué decir tiene que, como divulgador de la ciencia, estoy básicamente de acuerdo con todas estas posiciones. Sin embargo, hoy quisiera hablar de otra justificación para esta labor: la de luchar contra el desconocimiento y la ignorancia acerca de los fenómenos naturales y de la misma ciencia, que muchas veces pone en peligro la posibilidad misma de seguir explorando la naturaleza de la manera más efectiva que ha encontrado el ser humano: mediante la investigación científica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Veamos primero una vertiente del asunto. Todos hemos oído o leído, en algún momento, afirmaciones tales como que –para tomar el ejemplo que planteó hace poco una querida amiga– los hombres son infieles debido a un aminoácido especial que está presente en su metabolismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La afirmación puede parecer neutra a quien no tenga mayor conocimiento del asunto, pero es tan triste –o tan grave, según se quiera ver– como el pensar que usando cristales de cuarzo, imanes en las suelas de los zapatos o balanceando un péndulo sobre la barriga de un enfermo, pueden curarse enfermedades que van desde una indigestión hasta un cáncer de hígado, pasando por el sida o la artritis. O que una lucecita en el cielo –o una fotografía trucada– son pruebas fehacientes de que existe vida en otros planetas, que esta vida es inteligente, que tiene civilizaciones más avanzadas que la nuestra, que ha construido naves interplanetarias (seguramente capaces de superar la velocidad de la luz) y que nos ha estado visitando desde hace cientos de años, vigilándonos y de vez en cuando secuestrando a un ser humano –de preferencia una muchacha buenona- para desarmarla y volverla a armar o tener sexo con ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo, existe gente que se gana la vida haciendo programas de televisión, dando conferencias y vendiendo videos y discos compactos sobre la existencia de extraterrestres que nos visitan. Y los sitios donde se leen las cartas, se hacen limpias o se imparte todo tipo de “medicina alternativa” proliferan a más no poder, gracias al dinero de la gente. ¿No es esto prueba de que hace falta divulgar la ciencia, explicarla y compartirla con el público, hacer que la entienda para no ser embaucado tan fácilmente?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde luego que sí, aunque habría que matizar. Volviendo al ejemplo del aminoácido de la infidelidad, habría que comprender que los aminoácidos son sólo moléculas pequeñas que son utilizadas para construir las proteínas –moléculas más grandes, con diversas funciones– que conforman nuestro cuerpo. Es discutible que una proteína específica –o un gen, que es la instrucción para fabricar una proteína– pueda afectar nuestro comportamiento, aunque hay genes que lo hacen (e incluso moléculas relacionadas con los aminoácidos que participan en la transmisión de impulsos nerviosos). Pero pensar que un aminoácido pueda causar un comportamiento tan complejo como la infidelidad es simplemente ser víctima del reduccionismo más extremo (como lo es también, probablemente, pensar que un planteamiento tan simplista como que “los hombres son infieles” sea cierto sin más). De cualquier modo, opinaba mi amiga, sería mejor que el programa de televisión donde vio tamaño desbarro hubiera evitado tocar el tema, si no podía incluir información correcta. Por poner un ejemplo, ¿qué pensaría el lector si en una telenovela oyera a una de las protagonistas decir que el sol gira alrededor de la tierra una vez cada 24 horas?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, la lucha contra seudociencias, supersticiones y charlatanerías es un terreno peligroso, donde es fácil caer en el exceso y convertirse en un dogmático de la ciencia. Ejemplo de ello son algunos grupos de “escépticos” cuyo trabajo es muy importante, pero que a veces, al tratar de combatir estas aberraciones, exageran la nota y llegan a descalificar ideas, teorías y áreas completas de investigación como inválidas sólo porque no se adaptan a una visión más bien simplista y positivista de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por ejemplo, recientemente leí en la página electrónica de la revista “Skeptical Enquirer” (www.csicop.org) un artículo en el que se descalificaban, con argumentos más bien débiles y chatos, las ideas contenidas en el libro &lt;i&gt;La estructura de las revoluciones científicas&lt;/i&gt;, de Thomas S. Kuhn (Fondo de Cultura Económica, 1971), una de las obras más influyentes de la filosofía de la ciencia de las últimas décadas. Lejos de entablar una crítica filosófica, el artículo se limitaba a afirmar categóricamente que la ciencia no sufre revoluciones como las descritas por Kuhn, sino una evolución más parecida a la darwiniana. Otras ideas que he visto descalificadas en esta revista y otras similares son el marxismo, los estudios sobre la ciencia y la filosofía darwinista.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuál es el problema, entonces? En mi opinión, es simple: para criticar a los enemigos de la ciencia y defender adecuadamente a esta, hay que tener un conocimiento profundo de qué es y cómo funciona, no una visión dogmática. Finalmente, ¿no es el pensamiento dogmático lo más opuesto al espíritu científico?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-3121191051492458123?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/3121191051492458123/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=3121191051492458123' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3121191051492458123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3121191051492458123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/03/escepticismo-y-dogmatismo-en-ciencia.html' title='Escepticismo y dogmatismo en ciencia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8649495021709196846</id><published>2001-03-07T20:16:00.000-06:00</published><updated>2008-03-21T20:17:47.506-06:00</updated><title type='text'>2001: Odisea de ciencia ficción</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 7 de marzo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hace unos días fui a ver una película titulada &lt;i&gt;Planeta rojo&lt;/i&gt;. Desgraciadamente, caí en el engaño de pensar que se trataba de una cinta de ciencia ficción, y sufrí una gran desilusión, pues el argumento, lleno de errores, huecos y trampas, puede ser calificado como cualquier cosa menos ficción científica. (La mercadotecnia que acompañó el estreno de la cinta, en cambio, fue un ejemplo de campaña bien orquestada para crear expectativa y conseguir una afluencia masiva de incautos espectadores).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo triste es comprobar que el público, tan malacostumbrado a aguantar sin queja cualquier atentado que los estudios hollywoodenses, las distribuidoras de cine o las cadenas de salas cinematográficas quieran ejercer en su contra, muestra también una ausencia de criterio tal que resulta incapaz de diferenciar una buena película perteneciente a este género de un bodrio del tipo de aquellas viejas películas japonesas con monstruos de plástico que luchaban contra hombres vestidos con trajes de licra. (Por cierto, me quedé con ganas de ver otro estreno reciente que recupera esta línea: &lt;i&gt;Godzila 2000 contra el calamar extraterrestre&lt;/i&gt;. Sobra decir que si deseaba verla era por puro morbo.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, convendría distinguir la buena ciencia ficción de la mala. Ya hace tres años hablé en este espacio un poco del tema, por lo que sólo mencionaré algunas características que el producto genuino debe reunir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En primer lugar, debe ser una obra de ficción que contenga elementos científicos, y que éstos que resulten centrales para la trama. Isaac Asimov solía plantear un escenario en el que todos los elementos eran congruentes con la ciencia conocida hasta el momento, añadiendo un solo elemento ficticio, para a partir de ahí construir un relato apasionante que siempre resultaba verosímil y coherente con el resto del conocimiento científico. Muchos autores de ciencia ficción proceden de modo similar, tratando de proyectar en su mente y en sus relatos, en congruencia con la ciencia conocida, un escenario futuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es por esto que muchas veces se ha calificado a la ciencia ficción como “literatura de anticipación”, pues los mundos que plantea suelen ser posibles en el futuro real... aunque pocas veces lleguen a serlo en sus detalles. Son escasos los ejemplos como Julio Verne, quien en sus novelas predijo adelantos tecnológicos como el submarino, los viajes a la luna por medio de cohetes (aunque se trataba más bien de gigantescas balas disparadas por un monumental cañón tipo &lt;i&gt;columbiad&lt;/i&gt;) y otros más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un caso que suele causar leve confusión es el gran maestro de la ciencia ficción Arthur C. Clarke &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;reconocido por la película y novela clásicas del género: &lt;i&gt;2001: Odisea espacial&lt;/i&gt;–, quien en 1945 propuso la posibilidad de colocar satélites en órbitas geoestacionarias, es decir, girando a la misma velocidad que la tierra. De este modo, los satélites parecerían estar inmóviles respecto al suelo debajo de ellos. Hoy la comunicación telefónica y por radio con todas partes del mundo es una parte indispensable de la vida moderna. Muchos consideran que éste es un ejemplo de predicciones de la ciencia ficción que pueden convertirse en realidad. El problema es que Clarke no planteó este desarrollo tecnológico en un escrito de ciencia ficción, sino en un artículo serio publicado en una revista técnica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un segundo elemento que requiere la buena (la verdadera) ciencia ficción es un respeto por el conocimiento científico. En otras palabras, excepto por el elemento fantástico que constituye el meollo de la historia, el argumento de ciencia ficción debe ser coherente con el conocimiento científico del momento. Esto explica por qué la ciencia ficción seria (buena) no tiene comparación con las historias fáciles tipo &lt;i&gt;Guerra de las Galaxias &lt;/i&gt;o &lt;i&gt;Planeta rojo&lt;/i&gt;, en las que se inventan en todo momento recursos como naves que viajan más rápido que la luz sin explicar cómo logran esta hazaña (hasta hoy considerada imposible según la teoría de la relatividad einsteniana), o peor, “fuerzas” sobrenaturales que confieren a los poseedores habilidades telepáticas, etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero basta de caracterizar a la ciencia ficción. Hablemos de su valor. Independientemente del valor literario, que muchas veces ha sido puesto en duda –yo aceptaría que puede tratarse de un género menor, pero uno que ha dado varias verdaderas obras maestras–, la ciencia ficción es un interesante puente que une el campo de lo científico con lo artístico. Es ciencia y es literatura. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Octavio Paz, humanista prototípico –aunque también humano, con todo lo que esto implica–, se interesaba por la ciencia, y trataba de leer algunos libros científicos para mantenerse informado de lo que pasaba en esa “otra” cultura que resulta cada vez más importante para comprender al mundo. En su libro &lt;i&gt;La llama doble&lt;/i&gt;, dedicado a explorar los temas gemelos del erotismo y el amor, menciona dos anticipaciones del futuro humano. Una era 1984, de George Orwell, que planeaba una sociedad totalitaria y completamente controlada por medio de tecnología y métodos represivos que incluían la alteración del lenguaje y la realidad histórica con el fin de mantener el control absoluto del individuo por el estado. La segunda es “Un mundo feliz, de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Aldous Huxley, en la que la antiutopía era producto de la manipulación de óvulos fecundados, que permitía obtener clonas humanas de diversas categorías: en la punta de la pirámide social se hallaban los individuos alfa, cada uno producto de un óvulo fecundado sano e intacto. Después venían los beta, los gamma, y finalmente los épsilon, de los cuales se obtenía una docena por cada óvulo original, y que tenían capacidades severamente disminuidas por lo que eran usados como esclavos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Durante toda la segunda mitad del siglo &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;xx&lt;/span&gt;, la amenaza del comunismo mantuvo a los Estados Unidos y a sus aliados bajo el temor de la predicción de Orwell. Paz se asombraba de ver cómo, con la caída del bloque socialista y los desarrollos en el campo de la ingeniería genética, la amenaza orwelliana resultó infundada, y la que parece hacerse presente es el futuro temido por Huxley.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En fin, podría concluir aventurando que el poder anticipador de la ciencia ficción no es quizá tan importante como su valor literario y su papel como un puente entre las ciencias y las humanidades. Es una de las maneras en que puede lograrse que la sociedad se informe y se cuestione acerca del futuro al que pueden conducirnos los avances técnicos y científicos. Finalmente, la ciencia ficción es un medio para volvernos más conscientes acerca del poder que deposita en nosotros el conocimiento que produce la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8649495021709196846?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8649495021709196846/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8649495021709196846' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8649495021709196846'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8649495021709196846'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/03/2001-odisea-de-ciencia-ficcin.html' title='2001: Odisea de ciencia ficción'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8261788422475471257</id><published>2001-02-21T20:14:00.000-06:00</published><updated>2008-03-21T20:15:51.019-06:00</updated><title type='text'>De vacas y noticias</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 21 de febrero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Seguramente usted, como la mayoría de quienes leen los periódicos o prestan atención a las noticias transmitidas mediante las vibraciones del inexistente éter electromagnético (o sea, en radio y televisión), ya está harto de oír hablar de las famosas vacas locas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al igual que el mal de Alzheimer, el sida y el virus ébola, la encefalitis espongiforme bovina, y su variante humana, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, es una de esas nuevas maldiciones que lo ponen a uno a pensar si no estaremos, como afirman los milenaristas trasnochados, “pagando el precio de tanto avance científico/tecnológico sin control”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sí, a primera vista, pareciera que el argumento tiene algo de razón. Pero sólo a primera vista: desde luego, las ideas de que el sida o el ébola pudieran ser resultado de desarrollos bélicos destinados a crear armas biológicas resultan totalmente infundados, pues además de no contar todavía con los conocimientos que pudieran permitirnos crear virus tan bien adaptados (diseñados, diría el filósofo Daniel Dennett), se sabe que al menos el VIH surgió mucho antes de que existiera la tecnología de manipulación genética necesaria para “fabricarlo”. El Alzheimer, por su parte, más que una consecuencia de la vida moderna –aunque se lo ha ligado con la exposición a altos niveles de aluminio–, parece ser una de esas típicas enfermedades que no se conocían porque no se contaba con los medios para detectarla. La demencia senil, su principal manifestación, se conoce desde siempre; la formación de placas de proteína en las células cerebrales, causa molecular del mal, sólo se descubrió recientemente, y la investigación actual se centra en buscar las razones detrás de esta alteración.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Volviendo a la enfermedad de las vacas locas, una cosa es decir que la actual crisis –dudo en llamarla “epidemia– puede haber sido causada, según parece, por la ligeramente repugnante práctica de incluir harina de carne de vaca en el alimento para vacas (otra variante humana de esta enfermedad, el “kuru”, se presentaba en ciertos grupos que practicaban el canibalismo ritual devorando cerebros humanos), y otra muy distinta pensar que su existencia se debe a la intervención humana. Es un hecho que las partículas transmisoras se concentran en el tejido nervioso, pero puede que haya habido otras vías de transmisión que no involucren el canibalismo. De hecho, la variante que afecta a las ovejas, conocida como “scrapie”, es conocida desde mucho antes de que existieran los alimentos procesados para ganado. En otras palabras, no es muy válido dar por hecho que el ser humano es culpable del &lt;i&gt;surgimiento &lt;/i&gt;de estas nuevas enfermedades; pero es muy posible que haya contribuido a su &lt;i&gt;proliferación&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, el manejo tendencioso que pretende culpar a la ciencia y la técnica de estos males no es el único peligro con el que uno se topa cuando lee sobre el tema en los periódicos. Otro quizá más preocupante es la simple ignorancia, que se manifiesta en la publicación de información simplemente errónea. El diario &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt;, por ejemplo, publicó hace unos días un reportaje en cuya nota introductoria anunciaba “Un virus que obliga a la revisión de los transgénicos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El primer error consiste en haber usado la palabra “virus”. Así como muchas veces los físicos se jalan los pelos cuando ven que un mal periodista científico o divulgador cambian “neutrón” por “protón” (“¿qué no da lo mismo?”), los biólogos desesperan cuando se confunden seres tan distintos como virus, bacterias y protozoarios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sólo que en el caso de las vacas locas el error es todavía peor, porque, como quizá usted ya ha oído, la enfermedad es transmitida por un extraño agente conocido como “prión” (nada que ver con partidos políticos), que tiene propiedades muy especiales que lo distinguen de los virus y de cualquier otro agente infeccioso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De hecho, los priones fueron postulados –y descubiertos- por un investigador llamado Stanley Prusiner y su equipo, cuando trataban de encontrar la causa del &lt;i&gt;scrapie &lt;/i&gt;(años después, en 1997, Prusiner recibió el premio Nobel de fisiología y medicina por estos descubrimientos). Lo que encontraron es que la enfermedad parecía poder ser transmitida sin la intervención de ácidos nucleicos (el ADN o su primo el ARN, portadores dela información genética en todos los seres vivos conocidos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Luego de exhaustivos estudios, el equipo de Prusiner concluyó que la enfermedad parecía ser contagiada únicamente mediante proteínas (que llamaron priones), aunque según todos los cánones de la biología son incapaces de transmitir información genética, y en particular de reproducirse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cómo se resolvió esta contradicción? Al parecer, los priones son simplemente una forma alterna de una proteína (llamada PrP) que se produce normalmente en el tejido nervioso de los animales susceptibles. Las proteínas son largas cadenas de aminoácidos que se pliegan en formas complicadas. Normalmente, una proteína sólo puede cumplir su función si se halla plegada correctamente (o, como se dice técnicamente, si tiene su conformación nativa). La proteína priónica, sin embargo, puede existir en dos conformaciones, una de las cuales se aglomera formando estructuras que dañan el tejido cerebral, produciendo las características lesiones que dejan un aspecto esponjoso (de aquí lo de encefalopatía espongiforme, que otra vez, no tiene nada que ver con los cerebros de algunos dirigentes de partidos políticos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al parecer, el mecanismo que permite la transmisión de la enfermedad no es la “reproducción” de las proteínas priónicas, sino que éstas pueden provocar, como si fueran moldes a presión, que las proteínas PrP que tienen la conformación normal pasen a adoptar la conformación dañina, o priónica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Para ser justos con el periódico, tengo que decir que en el cuerpo del reportaje se define, correctamente, que “Un prión es una variedad defectuosa de una proteína normalmente inofensiva que se encuentra en el organismo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El segundo error de la nota de &lt;i&gt;El Financiero&lt;/i&gt; (de su entrada, realmente, porque el cuerpo del reportaje no tiene mayores tropiezos) es la implicación de que la enfermedad de las vacas locas puede tener que ver con la producción de organismos transgénicos. Nuevamente, se aprovecha tendenciosamente el temor a todo lo que suene a manipulación genética para apuntar que podría tener una relación con esta enfermedad de moda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Leyendo el artículo, se descubre que lo único que tienen que ver los transgénicos en todo esto es que ante la imposibilidad de seguir usando alimento para vacas que contenga harina de carne, habría una mayor demanda de forraje que podría hacer que los países europeos –en donde es más intensa la crisis de las vacas locas– se mostraran dispuestos a usar cultivos transgénicos. O sea, como se ve, lo contrario de lo que parecía sugerir la entrada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuál es la moraleja de todo esto? Yo diría que hay tres: que no hay que tenerle tanto miedo a la ciencia, pues es raro –aunque no imposible– que produzca monstruos; que no hay que alimentar a los animales con harina de carne, sobre todo de su misma especie, y que para hacer periodismo científico hay que tener mucho cuidado con el uso de términos y conceptos, sobre todo en titulares y entradas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8261788422475471257?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8261788422475471257/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8261788422475471257' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8261788422475471257'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8261788422475471257'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/02/de-vacas-y-noticias.html' title='De vacas y noticias'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-4089340480287910059</id><published>2001-02-07T19:46:00.001-06:00</published><updated>2008-03-21T19:47:43.720-06:00</updated><title type='text'>¿Método científico?</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 7 de febrero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al profesor Rafael Xalteno López Molina, en Aguascalientes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Me escribe un lector, maestro de primaria, para comentarme que, durante un seminario de actualización magisterial sobre la enseñanza de las ciencias, expresó puntos de vista acerca del método científico que había leído en alguno de mis escritos. El resultado no fue alentador, pues las ideas que expuso fueron descalificadas por todos los asistentes, incluida la instructora. Debo aclarar que no se trataba de ataques a la ciencia o descalificaciones de su utilidad, sino, esencialmente, del argumento de que el “método científico” que se enseña en la escuela (y que consiste en una especie de receta de cocina que reza “observación, hipótesis, experimentación, comprobación, conclusión, teoría, ley...”) no existe; es un mito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Creo que valdría la pena&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;comentar y aclarar un poco el punto. Comenzaré por citar a Ruy Pérez Tamayo, quien en su libro &lt;i&gt;Cómo acercarse a la ciencia &lt;/i&gt;resume la cuestión con claridad y concisión. "El método científico &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;dice este autor&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, concebido como una receta que, aplicada a cualquier problema, garantiza su solución, realmente no existe, pero tampoco puede negarse que la mayor parte de los investigadores trabajan de acuerdo con ciertas reglas generales que a través de la experiencia han demostrado ser útiles..." Este mismo autor tiene incluso un libro completo –y muy recomendable– dedicado a explorar la cuestión, llamado precisamente &lt;i&gt;¿Existe el método científico? Historia y realidad&lt;/i&gt; editado por el Fondo de Cultura Económica, en la colección “La ciencia para todos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y en efecto: el método científico no existe, pero sí existe. No existe la caricatura que, todavía, desgraciadamente, sigue repitiéndose en los salones de clase (aunque tengo la esperanza de que suceda cada vez en menos salones). Esta especie de letanía tiene dos grandes defectos: uno, hace parecer que la investigación científica puede hacerse mecánicamente, sin pensar, con sólo seguir los pasos, y dos, es falsa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A diferencia de los conjuntos de instrucciones llamados algoritmos, como los que utilizan las computadoras para hacer todo lo que hacen, casi ninguna actividad humana (con excepciones como los algoritmos usados para sumar, restar, multiplicar o dividir) pueden seguirse como una receta que no requiera pensar. ¡Hasta para preparar unas galletas o unos tamales se necesita usar la inteligencia! (Y si no, compruébelo alguien que no sepa cocinar e intente preparar algún platillo siguiendo la receta al pie de letra.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La aplicación del método científico requiere un uso constante del razonamiento crítico y la argumentación basada en las reglas de la lógica. No basta, por ejemplo, con hallar una relación estadística entre dos hechos: para aceptar que uno es causa del otro, debe encontrarse el mecanismo que explica esta relación causal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por otro lado, la observación supuestamente “objetiva” y libre de prejuicios e hipótesis previas que supuestamente es el inicio de toda investigación científica es imposible. El solo hecho de escoger observar ciertos hechos y no otros implica la existencia de una hipótesis previa. El filósofo Karl Popper argumentaba que, lejos de ser observadores imparciales, los científicos comenzaban teniendo hipótesis previas sobre la naturaleza, que posteriormente sometían a prueba. Sólo las hipótesis que resisten estas continuas pruebas de confrontación con la realidad logran sobrevivir. Los científicos son prejuiciosos, pero luego someten sus prejuicios a prueba y los descartan si es necesario.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La experimentación presenta problemas similares, pues todo experimento conlleva teoría, y está por tanto lejos ser objetivo e imparcial. La formulación de teorías y leyes, por otra parte, no es siempre aplicable a todas las ciencias. En biología, por ejemplo, hay pocas cosas que puedan considerarse “leyes” en el sentido en que lo son la ley de la gravedad, las de la termodinámica o las leyes de Newton en física.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y sin embargo existe, a pesar de todo, algo que puede llamarse “método científico”: es una manera de pensar y de proceder que siguen los científicos, y que en gran medida los identifica como tales. Como comparación, veamos cómo proceden las disciplinas que &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; son científicas, como la astrología, el creacionismo o la “investigación” sobre ovnis tipo Jaime Maussán.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un astrólogo sigue ciertas reglas, fijadas en épocas remotas y que tienen que ver con el movimiento de los astros en el cielo, para asignar ciertas características y “predecir” ciertos acontecimientos o tendencias en la vida de una persona. Pero aunque pueden utilizarse cálculos precisos y computadoras para calcular el signo, el ascendente y la carta astral de una persona, todo ello se hace sin tomar en cuenta ninguna evidencia, ni poner a prueba hipótesis alguna. Solo se consideran los datos iniciales (fecha de nacimiento, principalmente) y se siguen las reglas. Y claro, tampoco se somete a prueba la validez de los resultados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El creacionismo, por su parte, aunque trata de adoptar un aspecto científico al considerar evidencia paleontológica y geológica, parte de una confianza dogmática en un texto revelado: la Biblia. La argumentación de un creacionista, en vez de apoyarse en evidencia tomada de la realidad, siempre se encuentra apoyada en argumentos bíblicos que no pueden discutirse o rebatirse, pues son aceptados como cuestión de fe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, la creencia en visitas extraterrestres y las extravagantes (y muchas veces míseras) evidencias que presentan quienes la defienden, aunque se ofrecen como “científicamente comprobadas”, confunden el uso de instrumentos científicos de precisión con la comprobación de la validez de una hipótesis, sin importar lo fantasiosa que ésta sea. Por otro lado, al presentárseles evidencia en contra de las visitas extraterrestres, o al comprobar que las supuestas pruebas que presentan carecen de validez, los creyentes suelen reaccionar proponiendo hipótesis &lt;i&gt;ad hoc&lt;/i&gt; a cual más increíbles: sí hay evidencia, pero el gobierno la ha ocultado; hay un complot mundial para esconder la verdad; etc.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Si como dice Pérez Tamayo, la forma de trabajar de los científicos ha demostrado ser útil, ¿en qué consiste? Lejos de estar basada en una receta, implica la obtención de datos por medio de observaciones y experimentos, dentro del contexto de una hipótesis, más o menos detallada, que pretende explicar algún aspecto de la naturaleza. Éstas últimas son confrontadas con los datos, por medio del razonamiento y la argumentación, y de esa manera se decide si la hipótesis resiste o debe ser modificada o sustituida por otra mejor. Todo ello sin reglas inflexibles, sin un orden establecido y sin garantía de resultados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En pocas palabras, el método científico consiste en aplicar el pensamiento racional a nuestra diaria labor de interpretar el mundo, y precisamente por eso es una de las actividades más interesantes que ha inventado la humanidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-4089340480287910059?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/4089340480287910059/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=4089340480287910059' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4089340480287910059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4089340480287910059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/02/mtodo-cientfico.html' title='¿Método científico?'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-6799207886600722025</id><published>2001-01-24T19:41:00.003-06:00</published><updated>2009-06-24T01:04:51.180-05:00</updated><title type='text'>La tecnología inútil</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 24 de enero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2001)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;  &lt;/p&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SkG-gN-LjsI/AAAAAAAACr8/4lkugCnAIXE/s400/Orimatic+bueno.JPG" style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 247px; height: 185px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350767293008416450" border="0" /&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La primera ocasión en que fui consciente de la cantidad de esfuerzo (y dinero) que nuestra sociedad está invirtiendo en el desarrollo de modernas tecnologías que son totalmente inútiles ocurrió en los baños de un café que estaba a un lado de mi casa. Más específicamente frente a un mingitorio. El aparato estaba dotado de un aditamento que en esa época (a principios de los noventa) era todavía novedoso: se trataba de una caja de acero inoxidable con una lucecita roja que parpadeaba y lo que parecía ser la lente de una minúscula cámara de video.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aunque su función no era muy misteriosa (evitaba que uno tuviera que “jalarle” manualmente al mingitorio luego de usarlo, mediante un rayo infrarrojo que detectaba que uno se paraba frente a él), lo realmente cómico era la ilustración de la placa que tenía pegada al frente, la cual mostraba al mingitorio computarizado siendo utilizado por... ¡un robot! (supongo que para que el usuario se diera cuenta del carácter futurista del invento, aunque más bien lo ponía a uno a pensar en la forma en como estaría construido el tal autómata).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ahora estamos acostumbrados no sólo a mingitorios, sino a excusados, llaves de agua, secadoras de manos y hasta dispensadores de jabón líquido que detectan mediante infrarrojo la presencia del usuario. Incluso hubo excusados con un aparato que colocaba una cubierta de papel desechable nueva luego de cada uso (supongo que para no contaminarse el trasero con los bichos que contuviera el del usuario previo), aunque por su complejidad no tardaban en descomponerse, y no tuvieron éxito. Y toda esta tecnología (y el gasto consecuente) tenía el muy loable fin de evitar que tuviéramos que tomarnos la molestia de jalar un a palanca, apretar un botón o girar una llave. ¡No cabe duda de que la ciencia y la tecnología aumentan nuestra calidad de vida!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A diferencia de los inventos realimente útiles como el teléfono (que disparó la transformación del mundo y sus grandes distancias en la famosa “aldea global”), o los antibióticos (que salvan a millones y alargaron la esperanza de vida del ser humano), la tecnología inútil sirve sólo para gastar dinero a lo tonto. Los ejemplos son prácticamente infinitos (uso la palabra “prácticamente” para evitar que un matemático demasiado celoso de la precisión me escriba para regañarme por usar erróneamente el lenguaje técnico, pues no es posible que sean &lt;i&gt;realmente &lt;/i&gt;infinitos). Van desde los limpiadores de ciertos autos de lujo, capaces de ajustar en forma “inteligente” su velocidad de acuerdo con la cantidad de lluvia que esté cayendo, hasta las cremas para el cutis que contienen ARN de colágeno, las cuales desde luego son completamente inservibles pero son caras y suenan muy bien. (Expliquemos que el colágeno es una proteína que confiere resistencia y elasticidad a la piel, y se produce dentro de las células a partir de la información contenida en el ADN, mediante la transmisión de esa información a una molécula llamada ARN mensajero. Sólo que las capas externas de la piel están formadas por células muertas, por lo que por más ARN que contenga una crema, es muy difícil que favorezca la síntesis de más colágeno.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Seguramente el lector(a) conoce muchos ejemplos más de objetos que básicamente no sirven para nada nuevo, pero que cuestan muy caros y que debe haber costado mucho trabajo inventar y producir. Plumas con reloj digital integrado (hace años, las de hoy tienen un rayo láser o flotan en su base por medio de imanes); desarmadores especiales para hacer girar tornillos de hornos de microondas; aparatos de sonido que, mediante una docena de bocinas de distintas formas y tamaños, permiten reproducir la acústica de su sala de conciertos favorita; relojes de pulsera que por un lado tienen manecillas y por el otro una pantalla digital de cristal líquido; impresoras que combinan con el color de su computadora y por tanto cuestan un 25% más que las de color beige; una batería de cocina con chapa de tungsteno (o de wolframio) que supuestamente difunde más rápidamente el calor; juguetes computarizados tipo Tamagotchi o Furby, que finalmente se descomponen o cuando más sirven para lo mismo que una muñeca tradicional (hoy incluso hay en el mercado “perritos” electrónicos que cuestan una millonada)... No hay límite a la creatividad de los inventores y diseñadores de este tipo de “Novedades”, como puede apreciarse en cualquier catálogo de esas tiendas de regalos caros o en la publicidad que se envía con los estados de cuenta de las tarjetas de crédito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Uno podría sorprenderse de que en un mundo en el que la miseria y el hambre afectan a un porcentaje preocupante de la población, se dedique tanto tiempo y recursos a inventar este tipo de aparatos, y más todavía de que el público esté dispuesto a pagar por ellos (y normalmente precios altos). La explicación, supongo, es que la mayor parte de esta chatarra proviene de los Estados Unidos, país en el que la cantidad de dinero que se produce supera las necesidades de la población. Una versión popular del “sueño americano” es que uno puede hacerse rico inventando algún aparato que sirva para algo que a nadie se le haya ocurrido antes (un sacacorchos láser, digamos, o un juego de cinco tijeras de uñas diferentes, una para cada dedo de los pies) y vendiéndolo. La pregunta, entonces (y se la dejo a economistas y sociólogos, porque para mí es un misterio) es por qué el público mexicano, cuya realidad económica está muy por debajo de la del estadounidense medio, cae en las mismas trampas. Un buen tema de reflexión para la cuesta de enero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y a propósito, los controles automáticos para mingitorios que mencionaba al principio, con su aspecto de camaritas de video, fue hace años motivo de una broma del doctor Marcelino Cereijido, del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;cinvestav&lt;/span&gt;, quien publicó en la revista &lt;i&gt;Avance y perspectiva &lt;/i&gt;un artículo que causó furor. Pero esa es &lt;a href="http://www.clarin.com/diario/2004/09/21/sociedad/s-03101.htm"&gt;otra historia&lt;/a&gt;... &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;  &lt;/p&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-6799207886600722025?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/6799207886600722025/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=6799207886600722025' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6799207886600722025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/6799207886600722025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2001/01/la-tecnologa-intil.html' title='La tecnología inútil'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SkG-gN-LjsI/AAAAAAAACr8/4lkugCnAIXE/s72-c/Orimatic+bueno.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-587496727159629389</id><published>2000-09-20T16:34:00.000-05:00</published><updated>2008-02-04T16:35:05.629-06:00</updated><title type='text'>Guerras científicas</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 20 de septiembre &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El pasado 12 de septiembre tuve el gusto de asistir a una interesante discusión en la que se abordó el polémico tema de las llamadas “guerras científicas” (&lt;i&gt;science wars&lt;/i&gt;). El evento fue organizado por la revista &lt;i&gt;Fractal&lt;/i&gt; y la Casa Refugio Citlaltépetl y se llevó a cabo en ese lugar, dedicado precisamente a ofrecer asilo a escritores extranjeros que son amenazados en sus países. Participaron Shahen Hacyan, investigador del Instituto de Física de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;, columnista del periódico &lt;i&gt;Reforma&lt;/i&gt; y uno de los investigadores que han realizado una labor más sólida de divulgación de la física en nuestro país, y Carlos López Beltrán, quien es biólogo, historiador y filósofo de la ciencia, investigador en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de nuestra universidad y además de poeta y divulgador de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La discusión, que permitió la participación de los asistentes, me pareció especialmente interesante porque aborda un tema del que casi no se ha hablado en nuestro país: el del creciente desencuentro entre quienes se dedican a cultivar las ciencias naturales y los que se dedican a la filosofía y los estudios sobre la ciencia, que normalmente –aunque no siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; provienen del área de las humanidades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El tema no es nuevo: el título mismo de este espacio en nuestro decano periódico &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;humanidades&lt;/span&gt;, “Las dos culturas”, hace referencia a un famoso ensayo del científico y escritor C. P. Snow publicado en 1959, en el que se quejaba de la brecha de incomprensión, ignorancia y desprecio que se iba acrecentando cada vez más entre científicos y humanistas, dividiendo de este modo la cultura en dos compartimientos estancos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las “guerras científicas” pueden verse como una continuación de este problema. López Beltrán señaló tres incidentes recientes. El primero es la publicación, en 1987, de un artículo llamado “Donde la ciencia se ha equivocado”, firmado por T. Teocharis y M. Psimopoulos, en la afamada revista científica inglesa &lt;i&gt;Nature&lt;/i&gt;, en el que se denunciaban los “ataques” de filósofos y sociólogos a la ciencia y se convocaba a defender los conceptos de verdad y objetividad científica. El segundo es la publicación de una biografía de Louis Pasteur escrita por Bruno Latour, en la que se desmitificaba la figura de este héroe científico y se afirmaba que había alterado los resultados de algunos de sus experimentos más famosos para obtener resultados acordes con sus expectativas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, el tercero es el famoso “&lt;i&gt;affaire&lt;/i&gt; Sokal", ya comentado en este espacio. El físico estadounidense Alan Sokal, molesto por el mal uso de conceptos científicos, en particular provenientes de la física, en los escritos de filósofos “posmodernistas” como Jaques Lacan, Julia Kristeva, el propio Latour, Jean Baudrillard y otros –predominantemente franceses&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, y en general con lo que él percibe con una tendencia a desprestigiar a la ciencia por parte del área de “estudios sobre la ciencia” (&lt;i&gt;science studies&lt;/i&gt;, que comprenden disciplinas como la filosofía, historia y sociología de la ciencia), decidió contraatacar: escribió un artículo plagado de confusiones y tonterías, pero lleno de citas de estos autores (al que tituló “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica”), y lo mandó a una importante revista de sociología llamada &lt;i&gt;Social Text&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando el artículo fue aceptado y publicado, en 1996, Sokal proclamó a los cuatro vientos que había demostrado la falta de rigor no sólo del comité editorial de la revista, sino de la totalidad del área de estudios sociales sobre la ciencia, comprobando –según él&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que no tenían la menor idea de lo que hablaban. Poco tiempo después, junto con J. Bricmont, Sokal publicó el libro &lt;i&gt;Imposturas intelectuales&lt;/i&gt; (Paidós, 1999) en el que criticaba más ampliamente el mal uso de conceptos científicos por estos autores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como podrá imaginar el lector, cada uno de estos incidentes provocó un amplio debate en los medios, en los que salieron a relucir los crecientes desacuerdos entre defensores de uno y otro bando. En particular la “broma” de Sokal –aunque yo prefiero llamarla “trampa”, y un asistente al debate de Citlaltépetl la describió, muy acertadamente, como abuso de confianza”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; contribuyó a polarizar las posiciones. Sokal recibió apoyo de personajes como Stephen Weinberg, premio Nobel de física por su trabajo sobre partículas elementales y uno de los representantes de la ultraderecha científica (que defiende por ejemplo la superioridad indiscutible de la ciencia sobre otras formas de conocimiento y el carácter objetivo del conocimiento científico, conceptos ambos muy cuestionables desde el punto de vista filosófico).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En nuestro país, un artículo de Weinberg en el que apoyaba a Sokal fue publicado con el título “La tomadura de pelo de Alan Sokal” en la revista &lt;i&gt;Vuelta&lt;/i&gt; en septiembre de 1996. Uno de los temas que se mencionaron en el evento de Citlaltépetl fue los motivos que podrían haber hecho que el grupo de Octavio Paz, director de la revista, se interesara en el tema y decidiera tomar partido al publicar sólo uno de los puntos de vista. Otra reflexión que me viene a la mente es lo significativo de que el tema sólo pudiera ser tratado en &lt;i&gt;Vuelta&lt;/i&gt;, lo cual muestra la carencia de foros donde se pueda discutir la cultura científica en nuestro país.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A pesar de que en el evento de Citlaltépetl se ventilaron temas de gran interés, no hay espacio para mencionarlos todos: el propósito de esta breve reseña es sólo expresar el gusto que me dio la organización de un evento donde se pudieran discutir estos asuntos, pues es algo que hace falta en nuestro árido medio cultural, en el que la ciencia queda excluida como regla general. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por otro lado, el miedo que, en mi opinión, está en la base de las “guerras científicas” (miedo de los científicos a una subjetivización y relativización de su disciplina por parte de filósofos y sociólogos, que perciben amenazadora, y miedo de éstos al excesivo cientificismo que manifestado por radicales como Weinberg), sólo puede combatirse con conocimiento y discusión. Creo que los científicos no tienen por qué temer a los análisis a que es sometida su disciplina, sino estar abiertos a enriquecerse con ellos, pues creo que nadie tiene como objetivo “destruir” a la ciencia. Parafraseando a Daniel Dennett: ¿quién teme al relativismo? Sólo los dogmáticos. Voto porque discusiones y mesas redondas sobre la relación entre ciencias y humanidades sean cada vez más comunes en nuestro país.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-587496727159629389?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/587496727159629389/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=587496727159629389' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/587496727159629389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/587496727159629389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/09/guerras-cientficas.html' title='Guerras científicas'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-3519193248985030463</id><published>2000-09-06T16:31:00.000-05:00</published><updated>2008-02-04T16:33:45.545-06:00</updated><title type='text'>El genoma humano: ni completo ni amenazador</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 6 de septiembre &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-left: 8cm; text-align: right; line-height: normal;" align="right"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:10;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Con una cariñosa felicitación a &lt;i&gt;todo &lt;/i&gt;el equipo de &lt;i&gt;Humanidades &lt;/i&gt;por sus 10 años de labor fructífera&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Nuevamente el genoma. Esta vez para anunciar el final de lo que posiblemente sea, como se ha comentado ampliamente, uno de los proyectos más importantes y ambiciosos de la humanidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿En qué consiste el publicitado logro? Básicamente en el desciframiento, o lectura (técnicamente llamado “secuenciación”), de la información genética completa de la especie humana, contenida en los 23 cromosomas que se encuentran en los núcleos de cada una de nuestras células. Dicho de otro modo, la determinación del orden en que están unidos los aproximadamente tres mil millones de nucleótidos, cada uno portador de una base (adenina, guanina, citosina o timina) que forman el genoma humano, formando 23 grandes moléculas de &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;adn&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La hazaña fue lograda simultáneamente por dos grupos. Uno es un consorcio internacional, en el que participaban instituciones de investigación de varios países, el cual desarrollaba el Proyecto Genoma Humano, esa última gran empresa del siglo &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;xx &lt;/span&gt;iniciada hace diez años. El otro es una empresa privada, Celera Genomics Corp., la cual, a base de dinero, computadoras y una estrategia menos precisa pero mucho más rápida que la usada por el Proyecto Genoma (un enfoque típicamente neoliberal, pues), estuvo a punto de ganar esta carrera de fin de siglo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al final, ambas empresas decidieron, gracias a la mediación diplomática de la administración de Bill Clinton, presentar públicamente sus resultados en una especie de empate técnico justo antes de llegar a la meta. Lo cual no significa que los dos científicos que dirigieron el Proyecto Genoma, Francis Collins y su antecesor James Watson (famoso por haber descubierto, junto con Francis Crick, la estructura en doble hélice del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;adn &lt;/span&gt;en 1953) hayan dejado de sentir una notoria animadversión hacia J. Craig Venter, presidente de Celera y uno de los científicos más presumidos y provocadores de los últimos tiempos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, el estruendoso anuncio merece que hagamos algunas precisiones. Hay tres razones por las que el decir que se ha terminado de secuenciar el genoma humano es una imprecisión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Primero: en realidad no se trata del desciframiento de &lt;i&gt;toda &lt;/i&gt;la información genética de la especie humana: sólo de la de uno o unos cuantos individuos (el proyecto genoma analizó, según entiendo, &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;adn &lt;/span&gt;procedente de una persona cuya identidad no es conocida, mientras que Celera analizó el de cinco individuos, en diversas proporciones). Pero debido a que –a pesar del hecho comúnmente aceptado de que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;no hay dos individuos genéticamente iguales (excepto los gemelos homocigóticos)– la variabilidad genética entre individuos es mínima (la más considerable diferencia entre el chimpancé &lt;i&gt;Pan troglodytes &lt;/i&gt;y &lt;i&gt;Homo sapiens &lt;/i&gt;es tan sólo de alrededor del uno por ciento), el determinar la secuencia del genoma de un individuo justifica la afirmación de que se conoce el genoma humano. Sin embargo, es precisamente en estas mínimas diferencias en las que radica el hecho de que algunas personas tengan enfermedades o características genéticas particulares y otras no. A partir de la información del genoma “base” que se ha determinado, habrá que determinar –de hecho, ya se está haciendo– las diversas variantes (alelos) de los genes involucrados en estas enfermedades y particularidades. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Una segunda precisión es que, aún considerándolo como un “genoma base”, no se puede decir que lo que se ha secuenciado sea el genoma humano completo, porque hay una parte mínima pero indispensable de la información genética de nuestra especie que no se encuentra en los cromosomas del núcleo, sino dentro de las mitocondrias, esas pequeñas “centrales energéticas” de nuestras células, como señaló recientemente Ruy Pérez Tamayo en un artículo publicado en &lt;i&gt;Excélsior&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, tampoco puede decirse que se ha terminado de descifrar el genoma porque Celera cuenta actualmente con el 99 por ciento de la información, mientras que el Proyecto Genoma con sólo el 97. Las partes que quedan por secuenciar son, como puede adivinarse, las más difíciles: aquellas cuya “lectura” resulta, por alguna razón, especialmente ardua.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hechos estos comentarios, ¿qué podemos esperar de este logro histórico? No mucho por el momento, pero pronto seguramente serán identificados numerosos genes responsables de, o relacionados con, enfermedades genéticas, lo cual es un primer paso para comprender el mecanismo de las mismas y las posibles rutas para su prevención o tratamiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por otro lado, las predicciones catastrofistas de los agoreros que están siempre prestos a ver en la ciencia la causa de las peores desgracias no tienen mucho fundamento. Desde luego, está descartada la creación de seres humanos diseñados para ser esclavos y otras fantasías de ciencia ficción, tanto por la actual imposibilidad técnica como por la actitud responsables que científicos y sociedades están tomando ante las nuevas tecnologías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un peligro más tangible es la posibilidad de discriminación genética basada en nuevas y poderosas técnicas de análisis genético, que permitan predecir la susceptibilidad de un individuo a numerosas enfermeadesa y que podrían dificultar su acceso a seguros de salud o a empleos: un escenario similar al de la película &lt;i&gt;Gattacca&lt;/i&gt;. Sin embargo, es de esperar que conforme estas posibilidades se van convirtiendo en realidad, las sociedades vayan adaptándose y desarrollando maneras de lidiar con los posibles conflictos de un modo que no genere mayor inestabilidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué podemos esperar entonces para el futuro? En primer lugar, habrá que completar la secuenciación y comenzar a detectar los genes más importantes relacionados con enfermedades. También queda pendiente la tarea de determinar función del resto de genes, así como de sus secuencias reguladoras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Con el tiempo, podemos esperar que esto lleve –quizá más rápidamente de lo que pensamos– a desarrollar nuevas y más efectivas terapias génicas, sustitución o eliminación de genes nocivos, primero de individuos y luego de pool genético de la especie&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De lo que no hay duda es que, ante el nuevo futuro potencial de modificación genética, tendremos que aprender a ser responsables... pero para ello primero tendremos que estar bien informados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-3519193248985030463?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/3519193248985030463/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=3519193248985030463' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3519193248985030463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3519193248985030463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/09/el-genoma-humano-ni-completo-ni.html' title='El genoma humano: ni completo ni amenazador'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8040032014039960961</id><published>2000-06-28T16:23:00.000-05:00</published><updated>2008-02-04T16:27:33.189-06:00</updated><title type='text'>El futuro de la computación</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 28 de junio &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;No hay duda de que vivimos la era de la computación. Los avances en este campo no sólo han sido más acelerados que en ninguna otra área del desarrollo humano, sino que se trata de un cambio cualitativo. Por primera vez, el hombre tiene a su disposición una herramienta que puede competir –tal vez, para evitar amarillismos, sería mejor decir que “está a la altura”– de su cerebro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;La computadora no es sólo una máquina. Con la programación adecuada, una computadora puede convertirse en cualquier máquina que necesitemos, con la única limitación de que sólo puede trabajar con información.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Dije limitación, pero debería corregir: por ser, al igual que el cerebro, una máquina que procesa información, la computadora puede en principio &lt;i&gt;simular&lt;/i&gt; cualquier cosa (máquina, proceso, situación). Esto hace que en un sentido pueda convertirse, así sea en un sentido virtual, en cualquier cosa (una fábrica, una tormenta, un ser vivo, una sociedad, una epidemia, un motor... ¡incluso puede simularse una computadora dentro de otra!)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Teniendo en cuenta los avances que nos han llevado de ingenios como el monstruoso &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;eniac, &lt;/span&gt;que llenaba un cuarto en los primeros tiempos de la computación, a las primeras computadoras personales en los ochentas, y a las maravillas modernas que tienen un poder de procesamiento equiparable con el de las supercomputadoras de hace sólo unos años, ¿qué podemos esperar en el futuro inmediato?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Normalmente, cuando se abordan estas cuestiones se habla mucho de la creciente miniaturización y el incremento paralelo en rapidez y poder de cómputo. La nanotecnología y la fabricación de circuitos formados por moléculas ofrecen la tentadora posibilidad de llevar a la computación a sus límites físicos en cuanto a pequeñez, aunque una computadora “molecular” tendría el problema de verse afectada por efectos cuánticos que normalmente son despreciables, pero que a escalas tan pequeñas pueden afectar considerablemente la operación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Al rescate llega la llamada “computación cuántica”, que si entiendo bien promete máquinas que podrán efectuar miles de operaciones en paralelo, al distribuir el proceso en niveles simultáneos de esa realidad misteriosa en la que habitan las partículas subatómicas (procedimientos que, debo confesar, me resultan incomprensibles).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Sin embargo, más que estos avances digamos cuantitativos (más grande, más potente, más rápido), me atraen las los futuros cambios cualitativos que probablemente sufrirán –que ya están sufriendo– las computadoras tal como las conocemos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Las primeras máquinas personales dependían de un sistema operativo y programas almacenados en discos flexibles, que eran leídos al encender el aparato y almacenados en la memoria &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;ram&lt;/span&gt;. (otros programas aún más básicos están almacenados en &lt;i&gt;chips&lt;/i&gt; o circuitos integrados que forman parte de la máquina misma, pero la capacidad de almacenamiento de éstos es limitada.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Posteriormente se vio que era práctico que cada computadora contara con un disco duro en el que los programas necesarios estuvieran disponibles en forma directa y rápida. El crecimiento de la cantidad de información que pueden almacenarse en los discos duros ha crecido vertiginosamente, pasando de unos cuantos &lt;i&gt;megabytes &lt;/i&gt;a &lt;i&gt;gigabytes &lt;/i&gt;y más allá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Los discos compactos proporcionaron durante un tiempo un medio ideal para almacenar programas y –con el advenimiento del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;cd &lt;/span&gt;en el que se puede “escribir”– datos. Pero éstos normalmente eran transferidos al disco duro. Otros medios de almacenamiento –cintas, cartuchos &lt;i&gt;zip&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;jazz&lt;/i&gt;, etcétera– han cumplido funciones similares para el respaldo y transporte de información.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Al mismo tiempo, los programas comerciales –procesadores de palabras, hojas de cálculo, gestores de bases de datos– han ido creciendo y volviéndose más y más complejos. Tanto, que hoy son conocidos como &lt;i&gt;paquetes &lt;/i&gt;o &lt;i&gt;suites&lt;/i&gt;, y constan de una cantidad impresionante de programas principales, formados a su vez por numerosos módulos que trabajan en conjunto.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;La llegada de internet ha comenzado a cambiar nuevamente el panorama. Hoy gran cantidad de programas y hasta sistemas operativos pueden obtenerse o actualizarse “bajando” componentes directamente de la red. Si uno requiere una función para la cual el programa no está preparado, éste tomará lo que necesite del sitio adecuado en internet y se irá “armando” a sí mismo, creciendo según las necesidades del usuario. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Pero no sólo eso: hoy comienza a ser habitual que uno no sólo tenga su “página” o “sitio” en la red, sino que almacene ahí sus datos e información. Incluso hay ya programas –por ejemplo, antivirus– que uno no necesita instalar en su disco duro, porque radican en el sitio del fabricante en internet. El almacenamiento en un disco duro posiblemente sea pronto sustituido en su totalidad por una simple conexión a la red (aunque en realidad, la información seguirá estando almacenada en un disco duro: el de un &lt;i&gt;servidor&lt;/i&gt;, es decir una máquina de gran capacidad conectada a la red y a la que a su vez están conectadas nuestras computadoras). Para que esto sea posible se requerirá que dichas conexiones sean más rápidas, confiables y baratas que ahora, de modo que uno pueda estar conectado permanentemente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;Quizá pronto desaparezca la distinción entre computadora e internet: tendremos máquinas simples, sin disco duro, y todo el almacenamiento, e incluso gran parte del procesamiento de datos, se llevará a cabo en servidores de la red. Se regresará así, aunque en otro nivel, a la misma concepción con que comenzaron muchos sistemas de cómputo: una serie de terminales conectadas a un gran procesador central. Aunque esta vez será una red innumerable de computadoras conectadas a la red mundial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8040032014039960961?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8040032014039960961/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8040032014039960961' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8040032014039960961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8040032014039960961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/06/el-futuro-de-la-computacin.html' title='El futuro de la computación'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-9173697413392225979</id><published>2000-06-14T16:19:00.000-05:00</published><updated>2008-02-04T16:22:26.292-06:00</updated><title type='text'>Difusión cultural de la ciencia</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 14 de junio &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;  &lt;p class="ttulocentrado" style="margin-top: 12pt; text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Se puede hacer divulgación científica si uno no soporta a los niños, no le interesan las noticias científicas y no pretende enseñar nada?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es frecuente que los solteros de más de treinta que no tenemos hijos enfrentemos un problema: qué hacer cuando la conversación, en un grupo de amigos, deriva –caso frecuente y casi inevitable– al tema de la crianza, virtudes y cuidado de los respectivos vástagos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Enfrentado con esta situación, se me ocurren varias posibilidades. 1) Levantarse violentamente de la mesa y abandonar la habitación dando un portazo, opción claramente poco viable (a menos que quiera un quedar excluido del grupo de amigos). 2) Vetar el tema, otra alternativa poco prometedora e injustamente impositiva. 3) Resignarse a estar callado y escuchar a los presentes disertar interminablemente sobre un tema en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el que uno no tiene el menor interés hasta que se les acabe la cuerda. Recurso que, desde luego, tampoco me parece aceptable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No tengo la solución a este dilema (me enfrento a otro equivalente cuando la conversación, normalmente en un grupo de puros hombres, gira hacia otro de mis temas aborrecidos: el futbol). Pero la situación es semejante a la que enfrentamos los divulgadores de la ciencia que no queremos hacerle la competencia los maestros de escuela, ni nos interesa entretener infantes, ni nacimos con vocación de periodistas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El primer caso se encarna en la llamada “enseñanza no formal” de la ciencia, que hasta donde alcanzo a entender es una especie de escuela fuera de la escuela, donde se pretende que los alumnos aprendan los conceptos científicos que sus maestros –o las lagunas en los programas de estudio, o la falta de tiempo– no les permitieron asimilar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El problema es que precisamente una de las características esenciales de la divulgación científica, incluso una de sus mayores virtudes, es ser una actividad que busca acercar al público a la ciencia como algo que se hace por gusto, no como obligación. Y es sabido que para aprender algo, máxime si se trata de conceptos relativamente complejos o abstractos como los que pueden hallarse en la ciencia, es necesario hacer un cierto esfuerzo intelectual y de atención. En una escuela se cuentan con las condiciones para exigir a los alumnos esta dedicación, pero difícilmente puede lograrse esto cuando, por ejemplo, se visita un museo, se lee una revista o se observa un programa de televisión. Todo esto me hace pensar que probablemente la pretensión de “enseñar” ciencia sea una meta fútil para el divulgador científico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La ciencia como mero entretenimiento infantil es otro objetivo que no resulta excesivamente prometedor para el divulgador de la ciencia. La diferencia entre una auténtica labor de divulgación –que implica necesariamente poner la ciencia al alcance de un público que no está en contacto directo con ella ni con sus lenguajes especializados– y un enfoque meramente recreativo es más o menos la que puede hallarse entre un centro de ciencia como el &lt;i&gt;Exploratorium&lt;/i&gt; de San Francisco –o, en nuestras latitudes, un museo como &lt;i&gt;Universum&lt;/i&gt;, por ejemplo– y un parque temático de diversiones como &lt;i&gt;Epcot Center&lt;/i&gt;. Quizá el entretenimiento habría que dejárselo a los profesionales; por otro lado, no puedo evitar sentir que presentar la ciencia como mero entretenimiento es devaluarla un poco (opinión que, desde luego, es estrictamente personal).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El periodismo científico, por su lado, es una labor que admite muchas variantes, pero que esencialmente se caracteriza por enfocarse en lo novedoso. Se podría decir que para que algo sea periodismo tiene que se noticia: novedad. Otras características frecuentes en el trabajo periodístico son la premura con la que tiene que trabajarse y la necesidad imperiosa de contar con fuentes autorizadas y confiables, cuya información debe regularmente confirmarse, normalmente recurriendo a otras fuentes. Muchos divulgadores de la ciencia, sin embargo, nos interesamos por tratar temas que no son ni novedosos ni necesariamente importantes, aunque sí muy interesantes. El público, por su parte, necesita, para desarrollar una cultura científica, contar con antecedentes y un panorama que le permita desarrollar una perspectiva en la que las últimas noticias científicas puedan ser interpretadas y cobrar sentido, labor que no siempre logran hacer los periodistas científicos, ya sea por falta de espacio, de tiempo o hasta de interés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Bien; y entonces, ¿a qué quiere dedicarse este hipotético divulgador científico al que describo triplemente amenazado por Escila, Caribdis y su hermana desconocida?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Simplemente a difundir, divulgar, compartir algo que a él mismo (o ella) le causa placer, le interesa y le permite llevar una vida más rica y útil: la ciencia. entendida no sólo como conocimiento, sino también como método y como forma de enfrentar la realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta visión de la ciencia es muy similar a la que adoptan los artistas y quienes se dedican a labores de difusión cultural cuando organizan conciertos, sesiones de lectura de poesía, espectáculos de danza, recorridos arquitectónicos o exposiciones de cuadros o esculturas. No se trata de enseñar, ni de dar noticias, ni tampoco simplemente de entretener o divertir (para ello está la feria, la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;tv&lt;/span&gt; o el cine). Se trata de poner al alcance del público una parte de la cultura con la que normalmente no tiene contacto por iniciativa propia,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pero que creemos que vale la pena compartir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Así como vale la pena, a pesar del poco público que pueda apreciarlo, apoyar a un grupo que interpreta música antigua con instrumentos originales de la época, es válido defender una visión cultural de la divulgación científica que no la conciba como algo obligatorio, necesario y ni siquiera útil, sino simplemente como algo interesante, hermoso y enriquecedor. Como el arte, la ciencia no tendría por qué justificar su valor. Finalmente, junto con el arte, la ciencia es uno de los logros más elevados de la especie humana, ¿no es así?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-9173697413392225979?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/9173697413392225979/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=9173697413392225979' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/9173697413392225979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/9173697413392225979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/06/difusin-cultural-de-la-ciencia.html' title='Difusión cultural de la ciencia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2607577363715257530</id><published>2000-04-05T16:15:00.000-05:00</published><updated>2008-02-04T16:18:26.617-06:00</updated><title type='text'>La fidelidad en la divulgación de la ciencia (2)</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 5 de abril &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Después de una ausencia involuntaria, vuelvo a estas páginas con un tema que dejé pendiente. Decía en mi anterior colaboración que en la labor de divulgación científica deben satisfacerse dos criterios muchas veces opuestos: despertar (y mantener) el interés del público y al mismo tiempo ser fiel a los conceptos contenido científicos que ser presentan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Comentaba también el excesivo celo que muchas veces ponen los expertos al juzgar los trabajos de divulgación científica. Se llega a condenar como errores lo que probablemente sean sólo versiones, formas de presentar las cosas o, en caso extremo, licencias (justificadas) que se toma el divulgador para mejor conseguir sus fines. El excesivo requerimiento de fidelidad científica se puede convertir así en un verdadero obstáculo para esta complicada labor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, mencioné someramente en mi escrito el asunto de la independencia del divulgador científico que, en mi opinión (y la de otros colegas), no puede ser visto como un mero canal de comunicación que el investigador puede usar para poner sus descubrimientos al alcance del público general. Quizá valga la pena detenerse un poco más en este asunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Por qué podría un divulgador, que finalmente sólo comunica conocimientos que no produce, aspirar a ser independiente (es decir, no dependiente del investigador)? Después de todo, los únicos que producen conocimiento científico son, precisamente, los investigadores (no los llamo “los científicos” para resaltar que los divulgadores, por ser profesionales dedicados a la ciencia –a la &lt;i&gt;&lt;u&gt;divulgación&lt;/u&gt;&lt;/i&gt; de la ciencia– tienen pleno derecho a llevar también el apellido “científicos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En realidad, hay opiniones diversas respecto a este punto. Los periodistas científicos, por ejemplo, tienden a aceptar un compromiso implícito con la “objetividad” (o al menos a aspirar a la mayor objetividad posible). Esto determina que se conciban principalmente como responsables de obtener la información que el público requiere o que puede ser de su interés, garantizar su confiabilidad y presentarla en una forma accesible y que permita que cada quien se forme su propia opinión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los divulgadores científicos, por otro lado –aunque aclaro que la diferencia entre divulgadores y periodistas científicos nunca ha estado clara, ni creo que llegue a estarlo–, tendemos más a concebir nuestra labor como una creación –o, más bien, una re-creación– de la información, con fines que pueden ir de lo simplemente informativo, pasando por lo didáctico, hasta lo verdaderamente artístico o literario (los ejemplos de esto último no faltan).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Queda claro, supongo, que esta última concepción de la divulgación de la ciencia fácilmente entra en conflicto con los requerimientos de fidelidad científica. Es una labor más de tipo cultural, que no se considera necesariamente obligada a tener una “utilidad”, sino sólo a producir una obra original, interesante y adecuada a ciertos estándares (incluso estéticos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, e independientemente del enfoque que dé a su labor, un buen divulgador científico debería aspirar, como ya comentaba en la ocasión anterior, a poder cumplir su tarea en forma adecuada si depender de un “revisor” que garantice su calidad. De igual forma, creo que en la evaluación de las labores de divulgación de la ciencia, la opinión de los colegas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y, por supuesto, una ponderación cuidadosa de la respuesta del público&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; deberían ser los criterios decisivos, y no una “certificación” por parte de los expertos científicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Se me dirá que esto abre la puerta a tergiversaciones y errores por parte de los divulgadores. Cierto: como en cualquier actividad &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;incluida la investigación científica&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, el reconocer la madurez y profesionalismo de quienes la realizan, y el otorgamiento de la relativa independencia que éstas conllevan, puede permitir abusos y equivocaciones. Pero, en un gremio maduro, el “control de calidad” interno, por parte tanto de los mismos individuos como de la comunidad de colegas, basta para garantizar que estos casos sean poco frecuentes (nunca inexistentes: la filosofía de “cero defectos” es sólo una utopía, aunque una a la que hay que aspirar).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De modo que, ¿a qué o a quién debe serle fiel el divulgador científico? No a la versión de la ciencia que manejan los expertos, la que se publica en las revistas especializadas (&lt;i&gt;journals&lt;/i&gt;), desde luego, pues sólo es inteligible para el iniciado. Debe serle fiel a la ciencia; a la esencia de los conceptos que pretende compartir. Esto muchas veces implica transformarlos, buscarles nuevos enfoques y relaciones, e incluso reinventarlos, todo con el fin de hacerlos accesibles a su público. Si cumple con esto, el divulgador científico podrá estar seguro de honrar su compromiso de fidelidad, al tiempo que logra también, mediante la recreación de la ciencia que ofrece, cumplir el requisito de mantener interesado a su público. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2607577363715257530?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2607577363715257530/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2607577363715257530' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2607577363715257530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2607577363715257530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/04/la-fidelidad-en-la-divulgacin-de-la.html' title='La fidelidad en la divulgación de la ciencia (2)'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-5367655226520678489</id><published>2000-01-19T09:14:00.000-06:00</published><updated>2008-01-25T09:17:10.120-06:00</updated><title type='text'>La fidelidad en la divulgación de la ciencia (1)</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 19 de enero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 2000)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quien pretende divulgar la ciencia, compartirla con el público general, se enfrenta a dos retos principales. El primero es hacerlo en forma amena, interesante, incluso estética. El segundo, que es al que me quiero referir aquí, es serle fiel al conocimiento científico: no distorsionarlo, abaratarlo ni falsearlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La tensión esencial&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, ambos requerimientos son, en cierta forma, mutuamente contradictorios: mientras más ameno se trate de ser al realizar una obra de divulgación, más riesgo se corre de distorsionar el contenido científico que presente. E inversamente, cuanto más fiel se sea a la expresión original de un conocimiento científico, más probable es que el producto resulte críptico, aburrido e inaccesible para el lego. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta “tensión esencial” (parafraseando al filósofo de la ciencia Thomas Kuhn) es lo que hace que dedicarse a la divulgación científica no sea –por más que así lo crean algunos investigadores jactanciosos– una labor que pueda realizarse “al ái se va”, sobre las rodillas. Por el contrario: se requiere de la sensibilidad para dar con el tono justo, la expresión precisa, la cantidad idónea de información y contexto que permita al lector (en el caso de un escrito) acceder no sólo a la información, sino al conocimiento y, de preferencia, a esa “experiencia científica” (por analogía con la experiencia estética) que conocemos quienes gozamos de la ciencia. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es cierto que existen algunos casos de individuos especialmente dotados en forma innata con la cualidad de ser excelentes divulgadores de la ciencia (algunos investigadores científicos tienen esta suerte, aunque son muy pocos). En caso de no pertenecer a esta minoría favorecida, el aspirante a divulgador científico tendrá que someterse a un largo aprendizaje y preparación para llegar a cumplir su cometido –poner la ciencia al alcance del público– en forma, al menos, adecuada. (Tal es el caso, sobra decirlo, de quien escribe.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las cadenas de la fidelidad&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hay ocasiones en que el segundo componente de esta tensión esencial llega a convertirse en una dificultad insuperable. En efecto, el requerimiento de fidelidad al conocimiento científico que se le exige al divulgador con frecuencia es excesivo y deja de ser garantía de calidad (de que no se “vulgarizará” a la ciencia) para convertirse en obstáculo en la labor de compartirla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde luego, no se trata de defender el derecho del divulgador a decir mentiras o presentar información errónea, sino su necesidad de seleccionar, matizar y recrear la información de acuerdo con su criterio, con el fin de lograr una buena comunicación. Una anécdota personal quizá aclare el punto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En una ocasión en que redacté un texto sobre las células del cuerpo humano, un especialista me señaló un grave error. “Todas nuestras células tienen un núcleo”, decía mi escrito. Pero existe una excepción: los glóbulos rojos de la sangre, o eritrocitos, carecen de este organelo. Mi crítico me exigía aclarar este punto, pues de otro modo estaba yo faltando al rigor científico y propagando una mentira. Sin embargo, luego de considerar la frase alternativa (“todas nuestras células –excepto los glóbulos rojos– tienen un núcleo”) decidí asumir la responsabilidad de dejar el texto en su forma original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La razón inmediata de tal decisión fue que la explicación convertía una frase simple y directa, que ni siquiera era parte del meollo del escrito en cuestión (pues no se trataba de hablar de la sangre, los eritrocitos ni del núcleo celular), en una oración complicada que provoca más dudas de las que resuelve. ¿Cómo puede existir una célula que no tiene núcleo? ¿Cómo llegó a perderlo, si es que alguna vez lo tuvo? ¿Para qué sirve entonces el núcleo celular? ¿Hay células, en otros seres vivos, que también carezcan de núcleo, o es el eritrocito humano un caso único?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aclarar estas dudas desviaría la intención original del escrito. Ignorarlas, dejaría al lector frustrado y deseoso de respuestas. Como se ve, la exigencia de explicar una excepción –el exceso de fidelidad científica– llevaba en este caso a perder mucho más de lo que se ganaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La independencia del divulgador&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 0cm;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero había además otras razones, más profundas, detrás de mi decisión de sacrificar algo de fidelidad a cambio de claridad y amenidad. Durante mucho tiempo, los divulgadores científicos hemos estado sometidos a la supervisión de los expertos, los investigadores científicos. La concepción usual de divulgación incluía, en forma casi indispensable, la supervisión por parte de un especialista “para asegurar que no haya errores”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tal supervisión puede ser muy benéfica, en caso de que sea realmente necesaria. Es decir, en caso de que el divulgador no maneje la información con la familiaridad necesaria como para hablar del tema con seguridad. Pero esto no es lo deseable para un buen divulgador científico. Idealmente, el divulgador debería tener los conocimientos suficientes como para hablar de su tema con confianza, sin requerir de la supervisión del experto. Es un caso análogo al de un maestro: sin pretender que un profesor tenga el mismo nivel de conocimiento que un investigador experto en la materia, un maestro que requiriera la supervisión constante “para no cometer errores” sería considerado un mal maestro. Esto no quiere decir, claro, que el divulgador no pudiera beneficiarse, al igual que un maestro, de la colaboración con un investigador, ya sea como coautor o por medio de cursos de actualización.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, la situación usual –la subordinación del divulgador al experto– lleva a una posición incómoda: muchas veces, quien decide el tipo de divulgación que debe hacerse, sus objetivos e incluso los criterios para evaluarla, es no quien conoce los intereses y las necesidades del público y la mejor forma de satisfacerlas –es decir, el divulgador–, sino el experto científico (que es experto en su campo, no en divulgación). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué tanto se justifica esta situación? Seguiremos hablando de este asunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-5367655226520678489?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/5367655226520678489/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=5367655226520678489' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5367655226520678489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/5367655226520678489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/2000/01/la-fidelidad-en-la-divulgacin-de-la.html' title='La fidelidad en la divulgación de la ciencia (1)'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-4860287863111936140</id><published>1999-12-09T09:11:00.000-06:00</published><updated>2008-01-25T09:14:17.622-06:00</updated><title type='text'>La democracia darwiniana</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 9 de diciembre &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Después de una larga pausa, &lt;i&gt;&lt;u&gt;Humanidades&lt;/u&gt;&lt;/i&gt; vuelve a estar con sus lectores. Y en estos tiempos, el tema (prácticamente el &lt;i&gt;&lt;u&gt;único&lt;/u&gt;&lt;/i&gt; tema) es la huelga en la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;. Casi diríamos que da vergüenza hablar de cualquier otra cosa. Así que, ¿qué tiene que ver que la democracia sea darwiniana, como polémicamente afirma el título de esta colaboración, con el problema universitario? Permítame la amable lectora o lector que reserve esta respuesta para el final de mi escrito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Por qué digo que la democracia es darwiniana? Veamos en primer lugar qué quiere decir que algo sea darwiniano. Como es bien sabido (o debería serlo), la gran idea de Charles Darwin (que también fue la gran idea de Alfred Russell Wallace, sólo que la tuvo un poco tarde) es algo conocido como selección natural. También se le ha llamado “supervivencia del más apto”, pero esta denominación trae consigo muchos malentendidos, así que dejémosla de lado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La selección natural consiste en dos cosas. En primer lugar, se requiere que exista en los seres vivos una variabilidad. Es decir, que los miembros de una especie no sean todos idénticos. Y en segundo, que las características particulares de cada individuo puedan ser heredadas a sus descendientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Dado esto, como las variaciones individuales afectarán las posibilidades que tenga cada individuo de dejar descendencia, es decir, de perpetuar sus genes, se observará que, en cualquier población, algunos individuos estarán mejor adaptados a las condiciones del medio, y por ello tenderán a dejar más descendientes que sus congéneres. Con el tiempo, esta “reproducción diferencial” (como le dicen los expertos) hará que las características de la especie en cuestión hayan cambiado tanto que ya no se pueda considerar que se trata de la misma especie: ha evolucionado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es así como el mecanismo de selección natural postulado por Darwin logra fue explicar por qué algunas especies se extinguen y otras aparecen: cómo evolucionan los seres vivos, pues.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, no para ahí la cosa. Resulta que la selección natural es sólo el ejemplo más conocido de un tipo de algoritmos que podemos denominar “darwinianos”. En todo sistema en el que haya unidades capaces de “replicarse” (reproducirse) y que tengan también la capacidad de variar, y transmitir a sus “descendientes” dichas variaciones, se presentará en forma automática un proceso de selección.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En particular, el biólogo Richard Dawkins ha propuesto el concepto de que las ideas, o al menos cierto tipo de ideas, a las que él llama “memes” (por hacer una mezcla entre “memoria” y “genes”, supongo) se comportan en forma darwiniana: compiten entre ellas y están expuestas a un proceso de selección. En una palabra, evolucionan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quien haya visto cómo las buenas ideas en, por ejemplo, la forma de vender algún producto, o las características de los programas de computadora parecen “infectar” rápidamente al resto de sus competidores (hoy, por ejemplo, todos los programas tienen “barras de herramientas”), sabrá de lo que estoy hablando. Las modas, las religiones y las lenguas son otros ejemplos de sistemas de memes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Bien, pero, ¿dónde entra la democracia en todo esto? Bueno: resulta que uno de los sistemas de ideas más importantes de nuestra cultura, la ciencia, funciona también de manera darwiniana. Esto no es sorprendente, pues hemos ya dicho que las ideas (los memes) se comportan de este modo. Pero en el caso particular de la ciencia, el proceso de competencia, selección y evolución se ve acelerado y facilitado por las características mismas de esta actividad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En efecto: los científicos generan hipótesis con las que tratan de explicar algún aspecto de la naturaleza. Estas hipótesis son discutidas, confrontadas con evidencia experimental, defendidas o rebatidas y, si están “bien adaptadas al medio” (lo que en este caso quiere decir que logren explicar los hechos en forma coherente y en concordancia con las evidencias), sobreviven. Pero las ideas científicas no son permanentes: van siendo refinadas, mejoradas y, finalmente, sustituidas por otras mejores. Los memes científicos evolucionan en forma análoga a como lo hacen los seres vivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y aquí es donde viene a cuento la democracia. No sé si lo habrá usted notado, pero muchas de las características que definen a la ciencia son también los grandes requisitos para la democracia: la libre discusión de ideas, la generación de diversas propuestas para atacar los problemas de una sociedad, el convencimiento de los demás por medio de las armas de la razón. En una democracia real, las mejores ideas tenderán a sobrevivir, en virtud de que, por su efectividad, tenderán a convencer a más personas, que votarán por ellas. Los memes democráticos, como los científicos, también se comportan en forma darwiniana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Bien. ¿Y para qué sirve esto? Para nada, o para tener otra perspectiva que nos ayude a entender un poquito más los complejos problemas de una sociedad que aspira a ser democrática.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, para cumplir lo prometido, veamos cuál es la relación de todo lo anterior con el conflicto de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;. Se ha dicho muchas veces que la universidad no es ni tiene por qué ser democrática. En un sentido, esto es cierto: la admisión de alumnos, los exámenes, los títulos y los planes de estudio no deben ser decididos por mayoría de votos; sería una aberración. Pero el sentido último de una universidad, sus objetivos a gran escala, son vitales para la sociedad en que está inserta (de hecho, son el motivo de su existencia). Y éstos, sin duda, deben ser decididos en forma democrática. Es decir, mediante un proceso darwiniano de competencia y selección de las propuestas más convincentes que, esperamos, sean las que estén mejor adaptadas al medio, es decir, las que orienten a la universidad para servir mejor al país.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-4860287863111936140?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/4860287863111936140/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=4860287863111936140' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4860287863111936140'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4860287863111936140'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/12/la-democracia-darwiniana.html' title='La democracia darwiniana'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2345315695863704068</id><published>1999-11-17T09:05:00.000-06:00</published><updated>2008-01-25T09:11:32.209-06:00</updated><title type='text'>La polarización del conflicto</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px;font-family:tahoma;font-size:13;"  &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 17 de noviembre &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: right;" class="primerprrafo"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;(Nota: durante la huelga de la UNAM, en 1999, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades &lt;/span&gt;dejó de publicarse;&lt;br /&gt;de ahí el brinco -de marzo a noviembre- en la publicación de esta columna.)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No, no se trata del asunto de las cuotas en la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;. Creo que ese asunto ya ha sido discutido lo suficiente. Como dice un amigo -&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;a quien pido disculpas por apropiarme de su frase&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, en vez de preocuparnos tanto de si la educación que imparte la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;debiera ser o no gratuita, deberíamos preocuparnos de que fuera &lt;i&gt;buena&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El conflicto del que quiero hablar es, otra vez, el que da título a esta columna: la polarización de los intelectuales en dos culturas, la “científica” y la “humanística”. Aunque no todos los intelectuales tengan que formar parte de alguno de estos bandos, una gran cantidad de científicos “duros” (físicos, químicos, biólogos, astrónomos), por un lado, y de científicos sociales y humanistas que estudian a la ciencia (filósofos, historiadores y, sobre todo, sociólogos de la ciencia), por el otro, han venido atacado y defendiendo posiciones cada vez más opuestas e incompatibles respecto a lo que es la ciencia, su validez, su confiabilidad, sus métodos y el apoyo que debe recibir de la sociedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta guerra -&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que, en cierta medida, siempre había existido, pero que desde hace mucho no se manifestaba con la violencia actual&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; se ha recrudecido desde hace unos años, debido a lo que se conoce como el “asunto Sokal”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todo comenzó cuando en 1994 Alan Sokal, físico estadounidense de la Universidad de Nueva York, decidió, en forma por demás soberbia, someter a prueba el rigor de una conocida publicación del área de las ciencias sociales llamada &lt;i&gt;Social Text&lt;/i&gt;, la cual, para mayor agravio, tenía una marcada tendencia hacia el posmodernismo (&lt;i&gt;whatever that means&lt;/i&gt;). Para lograrlo, redactó un artículo esencialmente vacío, pero en el que utilizaba abundantemente la terminología posmodernista y “argumentaba” imitando el estilo de otros artículos de la revista, haciendo afirmaciones en las que atacaba a la ciencia como una mera “construcción social”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El falso artículo de Sokal fue aceptado -&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;con ciertas reservas&lt;/span&gt;-&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; y publicado, y acto seguido el autor proclamó a los cuatro vientos no sólo que había “comprobado” lo inadecuado de los criterios editoriales de la revista (no pareció considerar la posibilidad de un error o &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;como afirmaron los editores&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; un relajamiento de las normas de aceptación en su caso en particular, por tratarse de un artículo proveniente del “otro lado” del campo).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A partir de ahí se desató un debate que continúa hasta este momento. Científicos como el físico Stephen Weinberg, representante del punto de vista más radical de la supremacía de las ciencias “duras” sobre las disciplinas sociales y humanísticas, han tomado partido a favor de Sokal (un artículo de Weinberg fue publicado en la extinta &lt;i&gt;Vuelta&lt;/i&gt;, septiembre de 1996). Varios sociólogos de la ciencia y demás representantes del ala humanística del conflicto, por su parte, se han dedicado a hablar con gran vehemencia de los “engaños”, “mitos” o “falacias” de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es (o debería ser) fácil notar puede notar que ambos lados tienen cierto grado de razón. Pero lo más importante es que ambos lados están cometiendo errores serios que sólo pueden tener resultados nocivos. La polarización creciente del tema está llevando a los científicos duros (quienes dan la apariencia de no tener la más mínima formación en filosofía, historia y sociología de la ciencia) casi al extremo de afirmar que todo estudio &lt;i&gt;sobre&lt;/i&gt; la ciencia es, de hecho, un ataque a la ciencia, pues se cuestiona su objetividad absoluta y la certeza de sus resultados, llegando incluso al “pecado” de relativizar la imagen científica de la naturaleza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tengo la impresión de que son precisamente los científicos duros quienes están llegando a los peores extremos en este debate (aunque tal vez esto sea sólo efecto de que estoy más cerca de ese lado). Lo lamentable es que el daño que esta polarización está causando a la ciencia, a los estudios sobre la ciencia (se está incluso cuestionando la conveniencia de seguir apoyándolos) y, especialmente, a la imagen pública de la ciencia, es muy real y muy grave.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es cierto que los enemigos de la ciencia; los &lt;i&gt;verdaderos&lt;/i&gt; enemigos de la ciencia, es decir, seudocientíficos, charlatanes y supuestos místicos más interesados en el dinero que en la salvación de almas han aprovechado los ataques extremos a la ciencia para reforzar sus afirmaciones de que todo -&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de la cacería de ovnis al uso de imanes para curar el cáncer&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; es tan válido como la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero no hay que caer en el error de, ante estos ataques, y tratando de defender a la ciencia, equivocarse de enemigo y atacar a los estudiosos sociales-humanísticos de la ciencia, quienes sólo quieren entenderla y, si es posible, mejorarla, aún al precio de cuestionar sus aspectos dudosos (que los tiene). El periodista Mario Méndez Acosta, por ejemplo, conocido por sus columnas dedicadas a combatir la seudociencia, publicó hace poco en la revista &lt;i&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;ipn&lt;/span&gt; ciencia, arte: cultura &lt;/i&gt;un artículo titulado “La trampa de Kuhn”, en la que descalifica de manera injustificada su famoso libro &lt;i&gt;La estructura de las revoluciones científicas&lt;/i&gt; (comentado ya en este espacio), una de las referencias esenciales en la comprensión de la ciencia contemporánea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esperemos que este debate pueda cambiar de rumbo y, en vez de agrandar el abismo entre las dos culturas, pueda llegar a enriquecer a ambos bandos para que, abandonando las descalificaciones que sólo sirven para poner en entredicho la confiabilidad de quienes las hacen, se dediquen a conocer las aportaciones de sus opositores para darse cuenta de que, en el fondo, ambos bandos luchan con los mismos objetivos: entender el mundo que nos rodea y ampliar las posibilidades que tiene el ser humano de tener una existencia satisfactoria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2345315695863704068?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2345315695863704068/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2345315695863704068' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2345315695863704068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2345315695863704068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/11/la-polarizacin-del-conflicto.html' title='La polarización del conflicto'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2387333392357019887</id><published>1999-03-17T09:03:00.000-06:00</published><updated>2008-01-25T09:04:58.761-06:00</updated><title type='text'>Electrones y relaciones humanas</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma; font-size: 13px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 17 de marzo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Dos de los problemas centrales de la divulgación de la ciencia son cómo expresar los conceptos y métodos de la ciencia de modo que sean interesantes para el público y cómo, al hacer lo anterior, evitar el peligro de tergiversar, sobre-simplificar o simplemente traicionar los conceptos. Muchas veces el uso de una metáfora demasiado lejana al concepto original hace que lo que se transmite sea ya simplemente una idea bonita, pero que nada tiene que ver con la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Isaac Asimov, probablemente el divulgador de la ciencia más prolífico de que se tiene noticia (escribió alrededor de 450 libros, más de la mitad de los cuales eran ensayos científicos) gustaba de usar metáforas, y normalmente solía lograr cumplir con los dos requisitos que he mencionado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ernesto Sábato, por su parte, se quejaba amargamente en su libro &lt;i style=""&gt;Uno y el universo&lt;/i&gt; de cómo, cuando un amigo le pedía que le explicara la teoría de la relatividad, se veía obligado a ir presentándole versiones cada vez menos matemáticas y más llenas de trenes, luces y campanitas. Finalmente, cuando el amigo por fin entendía, Sábato respondía amargamente: “sí, pero eso no es más la relatividad”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todo esto viene a cuento porque hace poco se me cruzaron los cables (cosa que me sucede a menudo) y estuve pensando cómo relacionar dos temas aparentemente inconexos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El primer tema lo encontré mientras hojeaba ociosamente la red (creo que el verbo es válido, pues lo que uno encuentra en la red se denomina “páginas”). Se trata de la existencia de grupos de hombres y mujeres que han decidido rechazar la monogamia (espero que el grupo Pro-sida no censure este párrafo) y se dedican a encontrar otras formas de relacionarse, como tríos, cuartetos, familias múltiples y otras cosas más extrañas como triángulos, ángulos, polígonos, ruedas de carreta y varios más. La denominación que este tipo de personas ha adoptado no es fácil de traducir (no, no es “promiscuos”), pero un buen intento sería “poliamóricas” o “poliamorosas”. Para mayor facilidad, prefieren decir simplemente que son “poli”, y han adoptado el simpático símbolo de un loro (como el típico “Polly” de las caricaturas gringas).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El segundo tema lo traía en la mente desde hacía varios días: cómo explicar en términos sencillos qué es un enlace químico. En los libros de texto sencillos se afirma que un enlace químico (lo que hace que dos átomos se unan entre sí y formen una molécula) está formado por dos electrones, con carga negativa, que son compartidos por dos átomos, cuyos núcleos tienen carga positiva. (Si esa explicación suena complicada, imaginen la que se puede encontrar en un libro de química cuántica, que abunda en ecuaciones de Schröedinger, exponentes, integrales y demás preciosidades.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y, debido a que el tema de los “poli” llamó mi atención, me encontré pensando que una posible analogía (aunque, tengo que aceptarlo, algo obscena en una primera aproximación) podría ser la siguiente. La unión entre dos átomos podría asemejarse a dos hombres (los átomos) que estuvieran unidos por la compartición de dos mujeres. Después de todo, ¿qué vínculo podría haber más profundo que ese? Dos hombres que tienen, cada uno, dos mujeres sólo que son las mismas. Esos hombres, necesariamente, convivirían, se estimarían y tendrían intereses comunes: formarían una unidad. Como dos átomos de hidrógeno, pongamos por caso, que compartieran un par de electrones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Claro que luego me dí cuenta de que esta metáfora tiene serios defectos: es profundamente sexista, pues toma a las mujeres como si fueran entes carentes de voluntad, menos importantes que los hombres y supeditadas a sus deseos. Hombres y mujeres son iguales, mientras que los núcleos de los átomos de hidrógeno son muy distintos de sus electrones (cada átomo de hidrógeno tiene sólo un núecleo, formado por un protón, y un electrón que gira alrededor de él).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un segundo intento sería el de dos madres que compartieran sendos hijos. Es decir, las dos serían madres de los dos hijos (olvidémonos de los padres, para compensar lo sexista de la metáfora anterior). Nuevamente, el sistema podría resultar una buena analogía con la molécula de hidrógeno: las dos madres permanecerían juntas, unidas por el amor a sus hijos y el interés común de asegurar su bienestar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Podría extenderse esta analogía a moléculas más complicadas? Probablementes sí: Robert A. Heinlein, escritor de ciencia ficción que ha servido de inspiración para muchos grupos poliamorosos, presenta en varias de sus novelas ejemplos de grupos de personas no monogámicas que forman, por ejemplo, familias múltiples en que todos los hombres son esposos de todas las mujeres, de modo que se forma una especie de dinastía que perdura a lo largo de década y siglos, pues conforme los miembros viejos mueren, otros más jóvenes se “casan” con la familia y la perpetúan. Una cosa así suena bastante parecida, por ejemplo, al llamado “enlace metálico”, en que los electrones se mueven libremente y forman una especie de “mar” que es compartido por todos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los átomos del metal. Estos electrones compartidos son los que mantienen unidos a los átomos del metal y son responsables de su conductividad eléctrica, entre otras propiedades características.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero me doy cuenta de que regresé a la metáfora sexista del principio, y por otro lado puede pensarse que estoy tratando de hacer propaganda velada a estas alternativas a la monogamia. Así que, antes de que Pro-sida me incluya en la lista de periodistas y maestros a quienes hay que boicotear (junto con los participantes en el congreso de sexualidad llevado a cabo recientemente), más vale que me despida. Salud.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2387333392357019887?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2387333392357019887/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2387333392357019887' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2387333392357019887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2387333392357019887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/03/electrones-y-relaciones-humanas.html' title='Electrones y relaciones humanas'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8929449872284569510</id><published>1999-03-03T08:59:00.000-06:00</published><updated>2008-01-25T09:02:32.563-06:00</updated><title type='text'>La soberbia de los científicos</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); line-height: 18px; font-family: tahoma; font-size: 13px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el 3 de marzo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A Luis Felipe Brice, por prestarme su síntesis informativa&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo" style="margin-top: 12pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El asunto es éste: hace unas semanas vino a México el doctor Arthur Kornberg, estadounidense ganador del premio Nobel de medicina en 1959 debido a sus investigaciones sobre el mecanismo de replicación del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;adn&lt;/span&gt;. (Cabe aclarar que es gracias a sus descubrimientos que hoy podemos contar con toda la ingeniería genética, biotecnología, clonación y demás avances.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El doctor Kornberg fue invitado a dar una conferencia magistral el 8 de febrero en El Colegio Nacional, a la que tuve la suerte de asistir. En ella abordó diversos temas alrededor de la biotecnología y el futuro. Sin embargo, el punto más comentado de su exposición fue cuando habló de la importancia de la investigación científica para países del tercer mundo (como el nuestro). Dijo algo así como “El tren de la revolución informática ya partió, y México no lo tomó. Hoy es tarde: México no fabrica computadoras, ni realiza investigación importante en este campo, ni desarrolla programas. El tren de la biotecnología está cobrando velocidad: México no debe quedarse atrás, pues luego será más difícil alcanzarlo”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Y he aquí que se desató la debacle. En cuanto terminó la conferencia, el doctor Adolfo Martínez Palomo, director del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;cinvestav &lt;/span&gt;del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;ipn &lt;/span&gt;y anfitrión del premio Nobel, tomó de inmediato el micrófono y afirmó que “México ya está arriba del tren, pero en clase turista”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;No pude menos que extrañarme. Miré a mi alrededor, observando el gran lujo del aula magna de El Colegio Nacional, y me dije, “ah, claro...”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Dos días después, el 10 de febrero, Kornberg ofreció una segunda conferencia en el Instituto de Biotecnología de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;, en Cuernavaca. Ocasión que aprovecharon los funcionarios científicos mexicanos para corregir la indiscreción cometida por su distinguido visitante. (A esa conferencia no asistí &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;uno tiene obligaciones&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; pero consulté los reportajes publicados en los periódicos, de donde tomé las citas que siguen.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Al parecer, según &lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;más&lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;, “la comunidad científica mexicana se sintió incómoda y mandó via &lt;i&gt;e-mail &lt;/i&gt;mensajes preguntando qué le pasaba a Kornberg… los investigadores comentaban que Kornberg parecía gente del mundo del espectáculo… que gusta declarar sin fundamento”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Por qué seremos así los mexicanos? En vez de agradecer la advertencia, nos da por hacernos los ofendidos. Como el caso de la señora que invitó a un extranjero a comer en su hogar. Al ver una gotera que caía directamente sobre la alfombra de la sala, el invitado, con la mejor de las intenciones, se la señaló y le recomendó repararla, pues de otro modo se dañaría y le saldría más caro cambiarla. Y la señora se indignó de cómo aquel extranjero malagradecido había tenido la desfachatez de criticar su casa, “¡después de que lo invité y le di de comer!”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero dejémonos de anécdotas. En Cuernavaca, nos dice &lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;más&lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;, “poco habló Kornberg, no fue como el lunes que tenía la mesa puesta”. Por el contrario, el doctor Francisco Bolívar Zapata, coordinador de la investigación científica de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;y presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, afirmó que “México está subido en el tren de la biotecnología, pero no en el mismo de países como Estados Unidos y algunos europeos, porque las necesidades nacionales son diferentes” (&lt;i&gt;La Jornada&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El lado bueno fue que las declaraciones de Kornberg sirvieron para poner sobre la mesa el tema del apoyo a la ciencia, pues se señaló que en México hay sólo 7 mil científicos para 95 millones de habitantes, y de éstos sólo 400 son biotecnólogos. También se comparó la situación con Cuba, que “invirtió mil millones de dólares en 20 años”, en tanto que México sólo 300” (&lt;i&gt;Novedades&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, las observaciones simples y directas del invitado indignaron a los científicos mexicanos e incomodaron a sus anfitriones, preocupados por preservar la buena imagen de la ciencia mexicana. ¿Cómo se va alguien a atrever a decir que México no tiene ciencia? ¡Si estamos a la altura de lo mejor del mundo!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;O tal vez no. “Nuestro problema en ciencia no es cuestión de calidad, sino falta de apoyos y de cómo interesar a los jóvenes por la ciencia”, dijo Bolívar (&lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;más&lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;). Kornberg parece estar de acuerdo, pues “insistió en la necesidad de fomentar la cultura científica como parte esencial del desarrollo de las naciones”, y “dijo que la mejor inversión que los gobiernos pueden hacer es preparar capita humano” (&lt;i&gt;Crónica&lt;/i&gt;). En esto, invitado y anfitriones parecían estar de acuerdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero hubo contradicciones. Mientras&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Kornberg declaró que,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“debido a que la ciencia es una inversión a largo plazo, debe estar, en su mayoría, a cargo del gobierno” (&lt;i&gt;Excélsior &lt;/i&gt;y &lt;i&gt;La Jornada&lt;/i&gt;), Bolívar dijo que había que fomentar una “cultura de la industria” (&lt;i&gt;Excélsior&lt;/i&gt;), y que “no es sólo ni principalmente el gobierno el que debe hacer esas inversiones, sino las grandes empresas y las organizaciones empresariales” (&lt;i&gt;Novedades&lt;/i&gt;). Es curioso que piense así, pues, según Kornberg, en los &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;eua &lt;/span&gt;la ciencia “es financiada por el propio gobierno en un 95 a 99 por ciento” (&lt;i&gt;Novedades&lt;/i&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tal vez el mejor final para esta historia es la nota de &lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;más&lt;i&gt;uno&lt;/i&gt;: “Al doctor Kornberg se le preguntó si una vez que había visitado el Instituto de Biotecnología... había cambiado su opinión sobre la ciencia en México. Él sonrió y dijo: ‘he tenido poco tiempo en el instituto y no puedo tener una opinión formada; estoy impresionado favorablemente por lo que se hace aquí. Lo que esperaría es que hubiera más instituciones como ésta y no sólo una; en Estados Unidos hay cientos de establecimientos científicos y eso permite a los estudiantes entusiasmarse por una carrera científica’.” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Gracias, doctor Kornberg, por tratar de ser amable, pero desgraciadamente en México preferimos pensar que vamos muy bien en vez de aceptar que nuestra ciencia es muy poca y de poca importancia a nivel mundial. ¡Lástima!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8929449872284569510?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8929449872284569510/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8929449872284569510' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8929449872284569510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8929449872284569510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/03/la-soberbia-de-los-cientficos.html' title='La soberbia de los científicos'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-4031666586615852765</id><published>1999-02-15T10:16:00.000-06:00</published><updated>2007-11-21T10:17:54.536-06:00</updated><title type='text'>¡Por fin!</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="color: rgb(85, 85, 68);   line-height: 18px; font-family:tahoma;font-size:13px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;en febrero&lt;span style="font-style: italic; "&gt; de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La crisis económica que (¡nuevamente!) sufre nuestro país resulta especialmente perjudicial para el desempeño de la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;mso-ascii-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-hansi-font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style="mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y de las demás universidades públicas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ante la falta de recursos, no nos queda más remedio que ver, impotentes, cómo proyectos que valían la pena tienen que recortarse, posponerse o incluso cancelarse. Los funcionarios se ven obligados a redefinir sus planes de trabajo y buscar cualquier manera de ahorrar, a veces con consecuencias peores que la misma crisis.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esto sucede, por ejemplo, cuando ante la falta de dinero, y en un acto de desesperación, se juega con la idea de cambiar las funciones de alguna dependencia universitaria para transformarla en un lugar donde se gane dinero, como actividad fundamental. Esa &lt;i&gt;no &lt;/i&gt;es la función de ninguna universidad; eso sería pervertir su misión y tratar de convertirla en otra cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es por eso que, mientras leía el periódico hace unos días, me invadió una sensación de bienestar al toparme con el siguiente encabezado: “Barnés: las universidades públicas no deben funcionar como empresas” (&lt;i&gt;La Jornada&lt;/i&gt;, 25 de enero de 1999).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La afirmación de nuestro rector no podía ser más acertada. Efectivamente, la peligrosa confusión entre una universidad estatal (por más que sea autónoma) y una empresa comenzaba a rondar la mente de algunos funcionarios universitarios. Una universidad es una institución dedicada al bienestar del pueblo mediante la formación de profesionistas calificados, la investigación y la difusión de la cultura, mientras que una empresa está dedicada a producir bienes o servicios con el fin de obtener una ganancia monetaria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero afortunadamente &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;mso-ascii-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;; mso-hansi-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style="mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;casi como si dijera, “no se hagan bolas”&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;mso-ascii-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-hansi-font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style="mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; el rector Barnés pone los puntos sobre la íes: “la autonomía universitaria está en riesgo cuando las instituciones públicas se distraen de sus fines por buscar la forma de allegarse recursos que complementen los subsidios”, dijo en conferencia de prensa durante una reunión de la Unión de Universidades de América Latina, celebrada en la Unidad de Seminarios Ignacio Chávez en el mes de enero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tiene razón. El peligro de las crisis es que, en la lucha por sobrevivir, a veces puede uno olvidar que de lo que se trata no es sólo de sobrevivir, sino de &lt;i&gt;vivir&lt;/i&gt;. En el caso de una universidad, ello significa servir al pueblo gracias al cual existe.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ante los apuros económicos por los que pasa nuestra querida &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam&lt;/span&gt;, Barnés se manifestó de acuerdo con un aumento en las cuotas que pagan los estudiantes, pero siempre que “la colegiatura equivalga a un porcentaje pequeño del costo de los estudios que realiza un joven”. No se trata, pues, de relevar al estado de su obligación de proporcionar educación superior de alta calidad a los amplios sectores de la población que no pueden pagar una universidad privada. En palabras del rector, “si el estado olvida su obligación de financiar la educación y los alumnos deben pagar la mayor parte de sus estudios, se cerrarán las puertas a los estudiantes de escasos recursos, se cancelará la posibilidad de movilidad social y se agudizará la desigualdad”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otro de los acertados señalamientos de nuestro rector fue el de que “los sistemas de evaluación y acreditación de programas académicos y la política de financiamiento deben revisarse, porque si están mal concebidos pueden menguar la autonomía universitaria”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En efecto; una de las secuela secundarias de la escasez de recursos es que, en la lucha por repartir lo poco que hay, se establecen “mecanismos de evaluación” con el fin de decidir a quién se le dará apoyo. En mi especialidad, por ejemplo (la divulgación de la ciencia), se está planteando el establecimiento de un sistema de evaluación universitario. Pero hay que tener cuidado quién establece los criterios, pues de otro modo puede acabarse sirviendo al amo equivocado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En fin, creo que los puntos de vista expresados por el rector Barnés nos muestran que podemos estar tranquilos: la misión de la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;sigue estando clara, y sus autoridades están dispuestas a defenderla para que pueda seguir contribuyendo &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol;mso-ascii-font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-hansi-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-char-type: symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style="mso-char-type:symbol; mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;aun en estos años de vacas flacas&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-family:Symbol; mso-ascii-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;mso-hansi-font-family:&amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;; mso-char-type:symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style="mso-char-type: symbol;mso-symbol-font-family:Symbol;"&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; al progreso de nuestra nación. En serio, me congratulo por ello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-4031666586615852765?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/4031666586615852765/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=4031666586615852765' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4031666586615852765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4031666586615852765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/02/por-fin.html' title='¡Por fin!'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7443119651262517776</id><published>1999-02-03T10:10:00.001-06:00</published><updated>2011-09-06T08:47:17.546-05:00</updated><title type='text'>Los tres mundos del doctor Popper</title><content type='html'>&lt;div class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #555544; font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;3 de febrero&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;de 1999)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde hace unos años, la tradicional riña entre científicos y humanistas se ha recrudecido. Los físicos, biólogos, químicos, astrónomos y demás representantes de las ciencias “duras”, “naturales” o, simplemente, “ciencias” han sostenido durante décadas (y hasta siglos) una larga discusión con sus contrapartes en las llamadas “ciencias sociales” o, simplemente, “humanidades”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Dejemos de lado el problema de quiénes son ciencias y quienes no. Más o menos todo mundo está de acuerdo en que las ciencias que estudian el mundo físico y biológico se han apoderado del término ciencia &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;que antiguamente significaba “conocimiento”. Al hacerlo, han excluido a cualquier otra disciplina que pretenda usarlo... un poco a la manera de los Estados Unidos con el término “americano”. De cualquier modo, está claro que las disciplinas que estudian todo aquello en donde interviene el hombre, de la psicología a la antropología, pasando por la sociología, la historia y quizá hasta la filosofía, son claramente diferentes de las ciencias naturales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Muchos científicos naturales, debido a su sobreespecialización y a una cierta soberbia, tienden a considerar a las ciencias sociales y demás disciplinas “humanísticas” como una especie de intentos fallidos de hacer ciencia. “No son objetivas, no tienen rigor, son influidas por la ideología de los participantes”, dicen (como si un químico o un físico pudiera tener acceso directo a la realidad “objetiva” y no estuvieran influenciados por factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos, históricos, etcétera).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los del área humanística, por el contrario, atacan ferozmente la supuesta superioridad y objetividad de las ciencias naturales, tachándolas de “constructos” socioculturales arbitrarios, fabricados para servir a los intereses de las clases dominantes, etcétera (como si un químico o un biólogo pudieran tergiversar los datos en la forma que se les antojara con tal de obtener resultados que apoyaran sus ideas preconcebidas... aunque se dan casos, ni quién lo dude, pero eso es otra cosa: se llama fraude científico).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta polarización de las posturas no beneficia a nadie, y evita que cada área se enriquezca con las herramientas de la otra y que podrían serle útiles. ¿Por qué este antagonismo, si finalmente todas estas disciplinas buscan lo mismo: el conocimiento?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sir Karl R. Popper (1902-1994), el famoso filósofo austriaco nacionalizado inglés, desarrolló un concepto que tal vez pueda ayudarnos a entender qué es lo que está pasando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En un hermoso escrito titulado “La selección natural y el surgimiento de la mente” (incluido en el libro &lt;i&gt;Epistemología Evolucionista&lt;/i&gt;, compilado por Sergio Martínez y León Olivé y publicado por Paidós y el Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;), habla de la evolución del universo físico. A partir del &lt;i&gt;big bang&lt;/i&gt;, con la formación de las partículas fundamentales y la materia, que posteriormente se agrupó para formar planetas, estrellas y galaxias, el universo &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;dice don Popper&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;ha ido constantemente evolucionando y dando origen a cosas que anteriormente no existían. Un hito especialmente importante en este proceso es el surgimiento de la vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Siguiendo con este proceso la evolución biológica, entre sus infinitas ramificaciones, ha llegado a producir la conciencia y el intelecto humano. Y con ellos, el arte, la poesía y la filosofía: en una palabra, la cultura. El universo, nos dice sir Karl, es creativo. (Hay que hacer aquí la aclaración de que Popper no plantea que haya un objetivo o intención implícita en la evolución del universo: simplemente, sus distintos niveles de complejidad han surgido porque las condiciones físicas así lo han permitido.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Volviendo al tema, Popper divide al universo en tres “mundos”: el &lt;i&gt;mundo uno&lt;/i&gt;, o mundo físico, que incluye la materia y la energía, el tiempo y el espacio (incluyéndonos nosotros mismos en tanto seres biológicos, con cuerpos físicos). El &lt;i&gt;mundo dos&lt;/i&gt;, o mundo de la mente, se refiere a la conciencia y los procesos psicológicos. Nuestro “yo”, nuestras mentes y nuestras inteligencias habitan, pues, en este mundo. Finalmente, el mundo tres, o mundo de la cultura, incluye todos los productos del intelecto humano, que se hallan en los cerebros de la humanidad (bueno, al menos en algunos) pero también en sus bibliotecas, en la red y en los otros medios de comunicación. Aún cuando la raza humana desapareciera de la tierra, el mundo tres seguiría existiendo, al menos potencialmente, en estos escritos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tomando en cuenta esta visión, habría que reconocer que las ciencias naturales son, en cierto sentido, más “sencillas” que las disciplinas sociales y humanísiticas, pues estudian únicamente el mundo uno. Las disciplinas como la psicología, que estudia el mundo dos, o la sociología, antropología o historia, que estudian el mundo tres (aunque no siempre es clara la separación entre mundo dos y mundo tres), se enfrentan a un problema distinto. El intelecto humano es parte de la realidad que trata de estudiar, y esto necesariamente interfiere con el ideal de “objetividad” que toda ciencia persigue.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Así, aún cuando las ciencias naturales se enfrentan al problema de estudiar una realidad (el mundo uno) a la que no tenemos acceso directo, sino sólo a través de nuestros sentidos (pues nosotros, nuestras mentes, vivimos en el mundo dos), las disciplinas humanísticas se encuentran con que el investigador forma parte de su objeto de estudio. Esto acarrea problemas en cuanto a objetividad, imparcialidad y confiabilidad se refiere.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tal vez el tener en cuenta esto ayude a que los científicos dejen de exigir un rigor que las condiciones no permiten, y aprendan a apreciar la riqueza de los enfoques provenientes de las disciplinas humanas, aunque no sean “objetivos” en un sentido científico-natural. Y los humanistas, a su vez, podrían dejar de pretender imitar a los científicos, buscando una objetividad que no sólo es imposible de alcanzar &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;aún para los científicos naturales&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, sino que estorba en su labor de comprender la mente, la cultura y la sociedad humanas. Ojalá así sea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7443119651262517776?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7443119651262517776/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7443119651262517776' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7443119651262517776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7443119651262517776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1999/02/los-tres-mundos-del-doctor-popper.html' title='Los tres mundos del doctor Popper'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7269220034573139692</id><published>1998-12-15T10:06:00.000-06:00</published><updated>2007-11-21T10:09:57.166-06:00</updated><title type='text'>¿Serán buenos maestros los investigadores?</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="color: rgb(85, 85, 68);   line-height: 18px; font-family:tahoma;font-size:13px;"&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;en diciembre&lt;span style="font-style: italic; "&gt; de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Según parece, ya no sólo es la universidad, sino el país y el mundo entero los que están envueltos en cambios y modernizaciones. La culpable de todo parece ser la famosa globalización, junto con su tenebroso aliado, el neoliberalismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;De cualquier modo, la última manifestación de la ola modernizadora en la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;parece ser el decreto, edicto o proclama (o como se llame) en que se establece que los investigadores de la máxima casa de estudios de nuestra nación tienen la &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;obligación &lt;/i&gt;de dar cierto número de horas de clase, so pena de no recibir estímulos, complementos, tortibonos y demás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Varias comunidades de investigadores &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;notoriamente los del área biológica&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; se han manifestado en contra de esta medida (los muy flojos). Recomiendo, antes de tomar una posición, revisar los pros y los contras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En realidad la disposición no es nada nuevo: al parecer ya en el estatuto del personal académico (o como se llame &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;se ve que no soy muy adicto a la burocracia universitaria) está establecida la obligación que tienen los investigadores de dedicar parte de su tiempo a la docencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Entonces, ¿para qué tanta alharaca? Posiblemente los investigadores inconformes están pensando en que otras actividades que realizan también pueden contar como “docencia”. Las largas horas dedicadas a la formación de nuevos investigadores &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;entrenando, discutiendo y guiando los esfuerzos de prestadores de servicio social, tesistas de licenciatura, estudiantes de maestría, doctorado y posdoctorado&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; podrían ser consideradas como dedicadas a la enseñanza. Pero no.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los cursos y seminarios impartidos en sus respectivos institutos y facultades para los mismos estudiantes también podrían aspirar a este estatus, pero tampoco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La participación como jurados en exámenes de grado y de posgrado, el arbitraje de proyectos y tesis podrían &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;en un momento de debilidad&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; ser consideradas parte de la labor docente. Pues no.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, la dictaminación de libros de texto o &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;lo que es peor&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; la escritura de los mismos, podrían tratar de hacerse pasar como docencia. Pero, nuevamente, no es así.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los investigadores deben tener claro &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;según parece&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que la &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;única &lt;/i&gt;forma de ejercer la docencia es pararse en un salón frente a un grupo y dar clase.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero yo tengo algunos temores. ¿Qué pasa si al investigador definitivamente no le gusta dar clase? ¿Tendrá que hacerlo a fuerza? Espero que no, por el bien de sus posibles alumnos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Y qué pasa si &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;como sucede con cierta frecuencia&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; el investigador es un pésimo, malísimo maestro? Antes de seguir, me disculpo con los muchos investigadores que son excelentes docentes: a ellos se debe la conseja de que para que una escuela o facultad valga la pena, debe tener al menos algunos investigadores dando clase. Su labor enriquece y aumenta la calidad de la enseñanza en esos planteles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero no es a ellos a los que me refiero, sino a aquellos santos varones que no pueden dar clases sin que sus alumnos se duerman, se salgan del salón o comiencen a pensar en el suicido. A aquellos que no pueden bajar de su nivel ultraespecializado para compartir el conocimiento con los jóvenes para quienes los conceptos científicos son algo totalmente nuevo. A aquellos cuyos grupos reprueban en masa &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;a menos que sean “barcos”-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, a esos cuya fama de pésimos maestros es reconocida por todos, esos a quienes todo mundo desearía recomendarles que mejor dedicaran de lleno sus esfuerzos a la creación de conocimientos &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;la investigación&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, y dejaran la transmisión de conocimientos para quienes estén más dotados... sólo que nadie se atreve a decírselos porque son Investigadores (así, con mayúscula).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Después de todo, si un investigador eligió esa ocupación &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y no la de profesor de carrera&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; es porque lo que quiere y sabe hacer es investigar, no enseñar (aunque, en realidad, así como las tres funciones sustantivas de nuestra universidad son la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura, los mejores universitarios, los más completos, son los que conjugan estas tres actividades).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por otro lado, si mal no recuerdo una de las reglas de oro del &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;sni&lt;/span&gt; (ese &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;otro &lt;/i&gt;sistema de estímulos para convertir los malos salarios de los investigadores en algo decente sin tener que aumentarles el sueldo &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y por tanto la jubilación, etc.) era la de no tomar en cuenta nada que no fuera investigación. Para el &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;sni &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;creo&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; no vale ni la enseñanza ni la difusión del conocimiento científico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es decir, le están diciendo al investigador “no pierdas el tiempo en otras cosas, dedícate sólo a investigar”. Ahora la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;parece decir lo contrario: “no creas que con sólo investigar ya desquitas tu salario: también tienes que enseñar”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿O será &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;no me atrevo ni a enunciar esta herejía&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que de lo que se trata es de ahorrar en sueldos de profesores de asignatura?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7269220034573139692?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7269220034573139692/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7269220034573139692' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7269220034573139692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7269220034573139692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/12/sern-buenos-maestros-los-investigadores.html' title='¿Serán buenos maestros los investigadores?'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-3975774080939664618</id><published>1998-11-25T10:03:00.000-06:00</published><updated>2007-11-21T10:05:25.687-06:00</updated><title type='text'>La infección darwiniana</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; "&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;el 25 de noviembre&lt;span style="font-style: italic; "&gt; de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Charles Robert Darwin, naturalista inglés nacido en 1809 y muerto en 1882, es uno de los personajes más estudiados en la historia de la ciencia. Su obra cumbre, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida&lt;/i&gt;, publicada en 1859, revolucionó la entonces naciente ciencia de la biología. Los mil 250 ejemplares que se imprimieron se agotaron el primer día. La cantidad de biografías, estudios y análisis de su obra suman tal cantidad que se habla de la “industria Darwin”, pues una gran cantidad de investigadores, escritores y editores literalmente viven de la fama de este notable personaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A partir de la publicación de su libro, y hasta la mitad del siglo xx, la teoría de Darwin fue cuestionada, atacada, modificada y complementada. Actualmente contamos con una versión mejorada, conocida como “teoría sintética de la evolución”. “Sintética” en el sentido de que es una síntesis, pues incorpora los modernos conocimientos sobre genética molecular y dinámica de poblaciones a la idea darwiniana básica: que aquellos organismos cuyas características les permiten adaptarse mejor al medio sobreviven más y por tanto dejan más descendencia. Esto va modificando poco a poco la composición de las poblaciones y finalmente se manifiesta en la evolución de las especies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Todavía hay quien cuestiona esta “teoría”. También hay quien cree que la tierra es plana. Pero más interesante es saber que hay quienes, seducidos por el poder y belleza del mecanismo de la selección natural, han buscado la manera de aplicarla en sus respectivas áreas de trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un ejemplo es la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;química darwiniana&lt;/i&gt;, también conocida como química combinatoria. Esta área, de reciente desarrollo, permite la fabricación de miles o cientos de miles de variantes de una misma molécula. Esto es especialmente útil cuando se busca mejorar o “afinar” los efectos de un fármaco. En vez de los costosísimos y lentos procedimientos de la química tradicional, la química darwiniana permite realizar reacciones en serie que producen conjuntos ordenados de moléculas que varían sólo en algunos átomos. Una vez obtenidas, se prueba la actividad biológica de cada una, y se detectan las más prometedoras. De este modo, el proceso de desarrollo de nuevos fármacos puede acelerarse y abaratarse en forma impresionante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Los médicos no podían quedarse atrás de los químicos, y actualmente la &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;medicina darwinista &lt;/i&gt;comienza&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;a ser un área prometedora. Se basa en el estudio de las enfermedades desde un punto de vista evolutivo. Las infecciones, por ejemplo, son vistas como una competencia entre dos especies, cada una de las cuales desarrolla armas y defensas contra la otra. Otras enfermedades son producto de las fallas en el diseño de nuestros cuerpos. Debido al proceso de selección natural, una vez que la evolución ha escogido un camino, es difícil que vuelva atrás, aun cuando sus productos tengan algunos errores que se manifiesten posteriormente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otro tipo de afecciones son debidas al cambio que la civilización ha producido en las condiciones que rodean a la especie humana: surgimos en las sabanas africanas, y la dieta actual, alta en grasas y carbohidratos, (y causa de muchas enfermedades) es muy distinta a la que nuestros antepasados mantuvieron durante millones de años. Nuestra especie simplemente no ha tenido tiempo de adaptarse a estas nuevas condiciones. Se espera que la medicina darwiniana produzca nuevos enfoques y conocimientos que ayuden a evitar o remediar muchos de los malestares de nuestra especie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, incluso los filósofos han apreciado la idea de Darwin y actualmente se oye hablar de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;epistemologías darwinistas&lt;/i&gt;, pues parece ser que la ciencia misma, quién fuera a pensarlo, funciona de manera análoga a la evolución de las especies. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Karl Popper, pionero de esta escuela, lo expresó diciendo que la ciencia avanza a base de “conjeturas y refutaciones”. Los científicos postulan explicaciones variadas en forma azarosa, tentativa, experimental, y posteriormente intentan confrontar dichas ideas con la realidad. De este modo, seleccionan sólo las ideas que mejor se adaptan al mundo que se pretende explicar. Como en todo proceso darwinista, el azar, en forma de la inventiva de los científicos, y la necesidad, expresada como el rigor en la confrontación de las teorías con los fenómenos, produce conocimiento que no es caprichoso ni arbitrario, sino que está bien “adaptado” a su medio, es decir, a los cerebros que pretenden hallar sentido en el mundo que los rodea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como se ve, la gran idea de Darwin es un virus que continúa seduciendo a una gran cantidad de cerebros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Puede encontrarse un interesante artículo sobre química combinatoria en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Scientific American&lt;/i&gt;, abril de 1997, y uno sobre medicina darwiniana en el número de noviembre de 1998. El libro &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Epistemología evolucionista&lt;/i&gt;, de Sergio Martínez y León Olivé (Instituto de Investigaciones Filosóficas, &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam&lt;/span&gt;, 1997) es un excelente resumen de la aplicación del darwinismo a la filosofía de la ciencia. Ahora que si quiere usted explorar todo el poder y las inmensas perspectivas del pensamiento darwiniano, entonces (y considere esto, querido lector o lectora, como un regalo de navidad) no puedo recomendarle que lea nada mejor que el libro &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Darwin’s dangerous idea&lt;/i&gt; (Simon and Schuster, 1995), del filósofo Daniel C. Dennett. ¡Hasta el año próximo!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-3975774080939664618?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/3975774080939664618/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=3975774080939664618' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3975774080939664618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/3975774080939664618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/11/la-infeccin-darwiniana.html' title='La infección darwiniana'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-2462269094751608366</id><published>1998-11-11T10:01:00.000-06:00</published><updated>2007-11-21T10:03:29.455-06:00</updated><title type='text'>Lo que todo funcionario debería saber sobre la ciencia</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; "&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;el 11 de noviembre&lt;span style="font-style: italic; "&gt; de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Las recientes discusiones en la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;sobre la importancia de la investigación, la supuestas obligaciones de los investigadores para dar clases, la insistencia oficial en la vinculación con la industria, etcétera, me han puesto a reflexionar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Me he dado cuenta de dos cosas: en primer lugar, he logrado deducir el verdadero significado de la palabra “vinculación”: en realidad quiere decir “vender algo de lo que la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;unam &lt;/span&gt;puede hacer, con el fin de ganar recursos adicionales”. No me parece mal, pero es útil saber de qué estamos hablando.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;La segunda cosa que he averiguado es que muchos funcionarios no entienden qué es la ciencia, a pesar de manejar asuntos relacionados con ella, ni comprenden por qué es importante ni cómo funciona. Y precisamente por esta ignorancia, muchas veces no pueden cumplir con sus funciones adecuadamente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Este segundo hallazgo me hizo sentir como el descubridor del agua tibia, pues al poco tiempo recordé que todo esto ya lo había leído yo hace años, por ejemplo en escritos de Ruy Pérez Tamayo de los años setenta y ochenta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Así que parece que &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;como bien lo dice el dicho&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt; la historia se repite, y es necesario explicar nuevamente a los encargados de manejar la administración científica cómo funciona esa cosa llamada ciencia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height:133%"&gt;Para no repetir lo que ya otros han dicho (y mejor de lo que yo podría hacerlo), me limito a señalar tres puntos importantes en relación con esta actividad:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Punto primero: &lt;i&gt;La ciencia es importante por sí misma&lt;/i&gt;. Este concepto, aparentemente tan obvio, no es claro para algunos. Esto se nota, por ejemplo, en la exigencia de que los investigadores, además de investigar, se dediquen a dar clases. (Otra cosa sería si, en vez de una &lt;i&gt;exigencia&lt;/i&gt;, se tratara de ofrecer a los investigadores la &lt;i&gt;oportunidad&lt;/i&gt; de dar clases.) Independientemente de lo que señalen los contratos, reglamentos y estatutos, detrás de esta exigencia está el prejuicio de que la investigación científica no es una actividad justificable por sí misma: es necesario complementarla con “algo útil”, como dar clases.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Punto segundo: &lt;i&gt;La ciencia no da&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;frutos a corto plazo (y menos en un país tercermundista)&lt;/i&gt;. Esto parecen haberlo olvidado los administradores actuales, pues exigen que los investigadores se vinculen con la industria para resolver “problemas reales”. (Aunque estos tienen la ventaja de que se le pueden cobrar a las empresas…)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Punto tercero: &lt;i&gt;La ciencia no es un conocimiento absoluto. &lt;/i&gt;Lo importante de saber esto es que se abandona la pretensión de que la ciencia nos dé “soluciones definitivas”: sólo nos puede dar soluciones &lt;i&gt;científicas&lt;/i&gt;, que sirven para entender problemas científicos. Y que, con suerte, pueden aplicarse con éxito. Pero no siempre. Lo cual no significa &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;de ninguna manera&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt; que no sea importante buscar esas soluciones: la ciencia es la mejor manera de hallar soluciones que ha hallado la humanidad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;Ya está. Para terminar, como complemento a este breve recordatorio (si es más cómodo, pueden llamarlo “memorándum”), me permito recomendar algunas lecturas:&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;i&gt;Cómo acercarse a la ciencia&lt;/i&gt;, de Ruy Pérez Tamayo (Limusa/&lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;cnca&lt;/span&gt;/Gobierno del Estado de Querétaro, 1989). Fundamental en la biblioteca de todo administrador científico, para tener una primera imagen, breve y clara, pero seria y completa, de lo que es la ciencia, cómo funciona y qué puede esperarse de ella.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;i&gt;El mundo y sus demonios&lt;/i&gt;, de Carl Sagan (Planeta, 1997). Útil para profundizar en la importancia que la ciencia tiene para toda sociedad democrática y el desarrollo de los individuos que la forman, y cómo el pensamiento científico resulta útil no sólo en ciencia, sino en la cultura y la vida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;i&gt;¿Qué es esa cosa llamada ciencia?&lt;/i&gt;, de Alan Chalmers (Siglo &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;xxi&lt;/span&gt;, 1984). Para aprender que, a pesar de su éxito y su importancia, la ciencia &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; es la solución a todos lo problemas habidos y por haber, y no es un conocimiento absoluto y definitivo (pero ojo, tómese este libro con precaución, pues su lectura puede conducir a posiciones extremas que descalifican a la ciencia como un sistema arbitrario de creencias. Sobre todo si el lector no conoce de antemano qué es, cómo funciona y para qué sirve la ciencia).&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;i&gt;¿Por qué no tenemos ciencia?&lt;/i&gt;, de Marcelino Cereijido (Siglo &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;xxi&lt;/span&gt;, 1998). Breve libro que nos narra la triste historia del desarrollo (o más bien, del &lt;i&gt;no &lt;/i&gt;desarrollo) de la ciencia en Latinoamérica, producto de la influencia de la concepción del mundo heredada del viejo mundo hispano. Su tesis principal: en México ya hacemos excelente &lt;i&gt;investigación&lt;/i&gt;; ahora hay que hacer &lt;i&gt;ciencia&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-pagination:widow-orphan"&gt;&lt;i&gt;Ciencia, paciencia y conciencia&lt;/i&gt;, de Ruy Pérez Tamayo (Siglo &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;xxi&lt;/span&gt;, 1991). Interesantes comentarios críticos sobre la política científica nacional. Para comprobar que, a pesar de todo, las instituciones oficiales todavía no saben cómo administrar la ciencia.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-2462269094751608366?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/2462269094751608366/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=2462269094751608366' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2462269094751608366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/2462269094751608366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/11/lo-que-todo-funcionario-debera-saber.html' title='Lo que todo funcionario debería saber sobre la ciencia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8844327367831221517</id><published>1998-09-30T09:57:00.000-05:00</published><updated>2007-11-21T10:00:13.767-06:00</updated><title type='text'>Ciencia, cultura y la hipótesis de Gaia</title><content type='html'>&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(85, 85, 68); font-family: tahoma; font-size: 13px; line-height: 18px; "&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; "&gt;el 30 de &lt;span style="font-style: italic; "&gt;septiembre de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La quincena pasada hablábamos de la posibilidad de la vida en Marte y las dificultades para distinguir la existencia de vida microscópica en otros mundos, sobre todo si no podemos ir a explorarlos en persona. La necesidad de distinguir lo vivo de lo no vivo nos enfrenta a tener que definir con más precisión &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;qué es &lt;/i&gt;la vida. El intento que hizo Jacques Monod en su libro &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El azar y la necesidad&lt;/i&gt;, comentado aquí brevemente, no resultó totalmente satisfactorio, pues se centraba en un aspecto abstracto como la “teleonomía”: propiedad que tienen los sistemas vivos de estar &lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;aparentemente&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Symbol;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;diseñados con un propósito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero hay una forma más sencilla de distinguir si un planeta es un candidato a albergar vida, basándonos únicamente en las leyes de la física y la química, sin tener que buscar propiedades filosóficas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El científico que propuso este enfoque cuestión es James Lovelock, un rebelde químico inglés que trabaja como “inventor independiente”. Pero, desgraciadamente, su interacción con el mundo de las humanidades estuvo a punto de causar que sus ideas fueran relegadas y olvidadas por los científicos “serios”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Su primer éxito fue un invento llamado “detector de captura de electrones”, aditamento que refinaba la técnica de análisis químico conocida como cromatografía de gases. Permitía la detección de cantidades infinitesimales de sustancias, por ejemplo &lt;span style="font-variant: small-caps"&gt;ddt &lt;/span&gt;y otros contaminantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Con el dinero que ganó con este invento, pudo montar un laboratorio privado, al estilo de los inventores de siglos anteriores. Cuando la &lt;span style="font-variant:small-caps"&gt;nasa &lt;/span&gt;comenzó a planear el envío de sondas para explorar Marte, en los sesenta, Lovelock fue invitado a participar en la planeación de los experimentos para detectar si había vida ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Vida y equilibrios químicos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La gran idea que Lovelock tuvo fue que, en vez de buscar directamente seres vivos (los cuales, como hemos visto, son difíciles de distinguir), sería más sencillo detectar los cambios que ocasionan en su ambiente. En particular, Lovelock propuso analizar los cambios que típicamente efectúan en la atmósfera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En efecto, los organismos han alterado la composición de la atmósfera de nuestro planeta, alterando el equilibrio químico que tendería a establecerse si no hubiera vida. Todo el oxígeno que respiramos, por ejemplo, estaría combinado con otros elementos formando óxidos si no fuera por la actividad de los seres vivos que realizan fotosíntesis y liberan este gas (plantas y bacterias fotosintéticas). Es decir, la presencia de oxígeno libre, gas reactivo que normalmente tendería a combinarse para formar compuestos más estables, resulta un indicio confiable de la presencia de vida en un planeta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde luego, los seres vivos ejercen muchas otras influencias en la atmósfera, no sólo químicas, sino incluso climáticas. Se ha postulado que, incluso, la temperatura del planeta puede ser “controlada” hasta cierto punto por los organismos que lo habitan. Un ejemplo sencillo es que si, por ejemplo, una extensión desértica fuera cubierta de árboles, la cantidad de luz solar que refleja disminuiría, con lo que habría un aumento de temperatura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lovelock extendió los alcances de su hipótesis hasta proponer que gran parte de la regulación del clima y los equilibrios atmosféricos y en general, de la biósfera de la tierra, son consecuencia de la acción de seres vivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="subttulo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Los peligros de la literatura&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero ocurre que antes de dar a conocer sus ideas, Lovelock quiso dar a su hipótesis un nombre atractivo. Por sugerencia de su vecino, el escritor William Golding (autor de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El señor de las moscas&lt;/i&gt; y ganador del premio Nobel de literatura), decidió llamarla “hipótesis Gaia” (por el nombre de la diosa griega de la tierra, aunque en español se conoce más correctamente como Gea).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Lo triste es que, debido a las fuertes resonancias literarias y religiosas de este nombre, junto con las implicaciones de la teoría misma, la hipótesis de Gaia fue tergiversada por diversas sectas y grupos seudocientíficos y religiosos y convertida en uno más de los elementos de la filosofía “&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="EN-GB" style="mso-ansi-language:EN-GB"&gt;new age&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;”, tan de moda en estos últimos años del milenio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esto ha hecho que muchos científicos se resistan simplemente a considerar la hipótesis y tomarla en cuenta como ciencia seria: su reputación como una idea milenarista y esotérica ha dificultado que esta interesante teoría sea estudiada más a fondo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuál es la moraleja? Tal vez que, al relacionar la ciencia y el resto de la cultura, hay que tener en cuenta el poder de ésta última para, incluso, empañar el poder del pensamiento científico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Mientras tanto, las ideas de Lovelock seguirán guiando la búsqueda de vida en otros planetas. Estemos pendientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8844327367831221517?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8844327367831221517/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8844327367831221517' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8844327367831221517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8844327367831221517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/09/ciencia-cultura-y-la-hiptesis-de-gaia.html' title='Ciencia, cultura y la hipótesis de Gaia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-7201471948108872942</id><published>1998-09-17T09:11:00.000-05:00</published><updated>2007-11-07T09:14:22.517-06:00</updated><title type='text'>Cómo buscar extraterrestres</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;septiembre de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En la entrega pasada hablábamos de la discusión sobre las supuestas pruebas de vida microscópica marciana presentes en la roca &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;alh&lt;/span&gt;84001, proveniente del planeta rojo. La balanza, comentábamos, se inclina a favor de la posición parsimoniosa de esperar a tener pruebas más concluyentes antes de decretar que hay (o hubo) vida en otro planeta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aunque a todos nos puede decepcionar un poco esta actitud, es la más congruente con la actitud científica. (Digo “actitud científica” y no “método científico” porque éste último es una abstracción inexistente: la receta de cocina de “observación, hipótesis, experimentación, comprobación, teoría, ley...” no sólo es tonta sino falsa. Ningún científico trabaja así. Pero eso es tema para otra ocasión.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En general, cuando los científicos no pueden recurrir a pruebas o experimentos, suelen sujetarse al dictado de un antiguo filósofo y monje franciscano inglés, que vivió de alrededor de &lt;st1:metricconverter productid="1285 a" st="on"&gt;1285 a&lt;/st1:metricconverter&gt; 1350: Guillermo de Occam, el famoso maestro del protagonista de la novela de Umberto Eco&lt;i style=""&gt; El nombre de la rosa&lt;/i&gt;. El principio filosófico por el que más se le recuerda, la llamada “navaja de Occam” o ley de parsimonia, aconseja que, en igualdad de circunstancias, debe elegirse la explicación más sencilla para un fenómeno, o como lo expresó el mismo Occam, “no se deben multiplicar innecesariamente los entes (explicaciones)”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Puede parecer poca cosa, pero la vieja navaja de Occam no parece perder su filo con el tiempo. Es ella la que muchas veces nos permite rasurar las molestas pelusas de la pseudociencia y las hipótesis inútiles ahí donde los razonamientos y las “pruebas” se estrellan con la imposibilidad de comparar concepciones distintas de la realidad (la famosa “inconmensurabilidad de los paradigmas” de la que hablaba el filósofo Thomas Kuhn).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Volviendo, pues, a los microbios marcianos, hasta el momento resulta más sencillo suponer que los minerales de carbonato, las partículas de magnetita y los hidrocarburos policíclicos presentes en la piedra marciana, al igual que las estructuras microscópicas en forma de bacteria, fueron producidas por procesos geológicos y químicos, y no por supuestos seres vivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué nos hace pensar que esta explicación sea “más sencilla” que la de simplemente aceptar que pudo haber bacterias vivas en Marte hace 4,500 millones de años? Varias razones: en primer lugar, no tenemos otras pruebas que indiquen la presencia de vida en ese planeta. En segundo, aunque existen bacterias terrestres que podrían sobrevivir y quizá hasta proliferar en un ambiente como el marciano, esto no quiere decir que haya habido ahí condiciones propicias para la &lt;i style=""&gt;aparición &lt;/i&gt;de la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta es una falacia a la que parecen ser propensos últimamente los astrónomos: encuentran un ambiente en el que &lt;i style=""&gt;tal vez &lt;/i&gt;haya agua líquida (como en Europa, el satélite de Júpiter) o algunas otras condiciones en las que algunas bacterias terrestres &lt;i style=""&gt;podrían &lt;/i&gt;sobrevivir, y declaran el lugar como “candidato para albergar vida”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Yo tiendo a pensar que, aunque los astrónomos sí saben que la vida no surge así como así en cualquier lado (aunque hay quien sostiene que el cosmos está lleno de meteoritos que “siembran” vida por todos lados), suelen incorporar especulaciones como ésta a sus proyectos de investigación por la sencilla razón de que, como el tema está de moda, así recibirán más apoyo. Hoy en día, cualquier investigación astronómica que huela a vida resulta atractiva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Habrá alguna forma de distinguir, en forma rápida y sencilla, la presencia de vida en otros mundos? El biólogo molecular francés Jacques Monod se hizo la misma pregunta en los años sesenta. Concluyó que es casi imposible distinguir la vida por muchas de las características que comúnmente asociamos con ella: existen entidades no vivas que se “reproducen” y crecen (como los cristales, o los robots); otras que realizan un “metabolismo” para obtener energía para realizar sus funciones (como las máquinas), otras que presentan respuestas a los estímulos de su ambiente... en fin, luego de considerar varias posibilidades Monod llegó a la conclusión de que la única característica realmente única de la vida era lo que él llamó “teleonomía”: la cualidad de estar &lt;i style=""&gt;aparentemente&lt;/i&gt; diseñadas para un propósito en especial. Así, un ojo parece estar “diseñado” para ver; una mitocondria, para oxidar moléculas de alimento y aprovechar la energía liberada, etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La solución de Monod, sin embargo, no resulta totalmente satisfactoria, y ciertamente sería difícil utilizarla para detectar vida en otros planetas. En la próxima ocasión hablaremos de otra propuesta más prometedora para distinguir un planeta habitado de otro desierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-7201471948108872942?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/7201471948108872942/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=7201471948108872942' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7201471948108872942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/7201471948108872942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/09/cmo-buscar-extraterrestres.html' title='Cómo buscar extraterrestres'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-430790830462367312</id><published>1998-09-02T09:08:00.000-05:00</published><updated>2007-11-07T09:11:19.240-06:00</updated><title type='text'>¿Y qué pasó con los microbios marcianos?</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;l 2 de septiembre de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Una de las desventajas de la ciencia es que, en muchas ocasiones, no puede asegurar nada con un cien por ciento de certeza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Tomemos, por ejemplo, esos frecuentes debates televisivos en los que algún locutor o locutora, frecuentemente con acento cubano, siente de un lado a una serie de científicos “serios”: astrónomos, biólogos y demás. Del lado opuesto se hallan “expertos” en ovnis, extraterrestres y complots de los gobiernos por ocultar la evidencia de los mismos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Qué es lo que normalmente sucede? Que los científicos hacen el ridículo, con sus afirmaciones llenas de expresiones como “tal vez”, “probablemente”, “no se sabe aún”, “no es posible asegurarlo”, “hasta donde sabemos”, etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En cambio, los “ovniólogos” (y aquí no puedo dejar de visualizar, no sin cierto estremecimiento, los ojos húmedos y enrojecidos de Jaime Mausán) cuentan con el aplomo que sólo puede tener quien ha construido alrededor de su intelecto una coraza tan gruesa que ni la duda ni las razones en contra pueden penetrar. Afirman tajantemente que las constantes visitas de extraterrestres a nuestro planeta están “científicamente comprobadas”. Cualquier evidencia en contra es rechazada con argumentos &lt;i&gt;ad hoc&lt;/i&gt;: sacados de la manga especialmente para el caso. En caso de que no haya suficiente información para comprobar alguna de sus afirmaciones, alegan que las pruebas han sido ocultadas por gobiernos que no desean que el público se entere de los tratos que tienen con los extraterrestres. (No, no estoy haciendo propaganda para la película “Los expedientes X”, que no he visto.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El problema, claro, es que los científicos se empeñan en respetar la verdad: aun cuando la fiabilidad de un dato sea aceptada por prácticamente toda la comunidad científica, rara vez pueden afirmar que “está &lt;i&gt;absolutamente &lt;/i&gt;comprobado”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Bien, pues recientemente han salido a la luz los resultados de un largo debate en el que los creyentes en la existencia de extraterrestres tuvieron que defender su posición ante los cuestionamientos de científicos escépticos. Sólo que esta vez los miembros de ambos bandos eran científicos serios, y los extraterrestres cuya existencia se ponía en duda eran &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;supuestamente&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; antiguas bacterias marcianas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El origen del debate &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;como recordarán quienes estén pendientes de las noticias científicas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; fue una roca hallada en la Antártida, con una antigüedad de 4,500 millones de años. Dicha roca, aparentemente, fue despedida desde la superficie de Marte debido al choque de un meteorito, y vino a caer en nuestro planeta hace 13 mil años. La roca fue hallada en 1984 y, recientemente, se hallaron en ella vestigios que parecían indicar la presencia &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;hace miles de años&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; de vida microscópica en el planeta rojo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuáles son las evidencias? Básicamente, la presencia de minerales de carbonato, del tipo que es común hallar en sitios donde hay o hubo vida; unos microscópicos granos de magnetita, mineral que se encuentra en algunas bacterias terrestres; ciertas moléculas orgánicas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;conocidas como hidrocarburos aromáticos policíclicos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que frecuentemente se forman a partir de restos de materia viva y, finalmente, unos supuestos microfósiles de bacterias: estructuras microscópicas con forma de &lt;i&gt;twinky wonder &lt;/i&gt;que son notablemente semejantes a las modernas bacterias terrestres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desgraciadamente, ninguna de estas evidencias es definitiva. A pesar de lo que decía el detective Auguste Dupin, antecesor de Sherlock Holmes creado por Edgar Allan Poe, no siempre la acumulación de suficiente evidencia circunstancial basta para comprobar la veracidad de una hipótesis. Resulta que el carbonato se deposita no sólo en donde haya vida, sino en cualquier lugar que presente, por ejemplo, las condiciones de acidez suficientes para provocar la precipitación. Lo mismo puede decirse de las demás evidencias: la magnetita tampoco se forma sólo como resultado de la acción de seres vivos, y los cristales hallados en la roca marciana &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;conocida como &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;alh&lt;/span&gt;84001&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, a diferencia de los que contienen las bacterias terrestres, presentan imperfecciones. Los hidrocarburos policíclicos también pueden hallarse en meteoritos y, por tanto, pueden formarse por procesos inorgánicos. Y los supuestos microfósiles, además de ser mucho más pequeños que las bacterias terrestres, pueden también muy bien ser simples depósitos minerales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Independientemente de esto, las búsqueda de vida en Marte &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y en otros mundos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; continúa, y ha recibido impulso gracias al prematuro anuncio de las “pruebas de vida en Marte”, hecho por el geoquímico David S. McKay. Aunque muchos han criticado la prisa con que McKay dio a conocer sus “hallazgos”, comparándolo incluso con el chasco-fraude científico de la fusión fría, lo cierto es que la posibilidad de vida, aunque fuera microscópica y extinta, en el vecino planeta dio un impulso muy necesario al interés de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;nasa &lt;/span&gt;en la exploración espacial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Sin embargo, también hay un lado negativo: muchos investigadores de la vida extraterrestre han comenzado a hacer suposiciones poco sólidas sobre la gran posibilidad de hallar vida en otros mundos sólo porque hay condiciones similares a algunos medios terrestres en los que existen seres vivos. Continuaremos hablando de este tema.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-430790830462367312?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/430790830462367312/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=430790830462367312' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/430790830462367312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/430790830462367312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/09/y-qu-pas-con-los-microbios-marcianos.html' title='¿Y qué pasó con los microbios marcianos?'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-9099806271587476766</id><published>1998-08-20T09:15:00.000-05:00</published><updated>2007-11-07T09:19:39.193-06:00</updated><title type='text'>Aborto</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;en agosto &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La discusión de moda últimamente es, sin duda, y quizá por encima de la del &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;fobaproa&lt;/span&gt;, lo de Chiapas y la designación del nuevo embajador gringo, la que se ha dado sobre el aborto. La única diferencia &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y la razón por la que elegí hablar hoy de ese tema&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; es que sobre el aborto, a diferencia de las otras cuestiones, la ciencia &lt;i&gt;sí &lt;/i&gt;tiene algo que decir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Hagamos un breve recuento de la situación. Todo el problema comenzó cuando algún tipo de célula, que durante millones de años se había venido reproduciendo por bipartición, decidió cambiar de método y colaborar con otra de la misma especie para, mezclando sus genes, lograr una mayor diversidad genética. El resultado fue no sólo una mayor versatilidad en las respuestas que sus descendientes pudieron ofrecer a los retos del ambiente (lo que el filósofo Karl Popper llamaba los “problemas” que el ambiente plantea a los seres vivos), sino que la evolución del nuevo organismo “sexual” podía ser más rápida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Así es: el sexo, lejos de ser una fuente de pecado diseñada especialmente para hacer sufrir a las almas débiles y poner a prueba a los aspirantes a santidad, es la forma que tiene la naturaleza para acelerar la evolución de los seres vivos (si insiste usted en ser antropocentrista, ponga aquí “la &lt;i&gt;madre &lt;/i&gt;naturaleza”). Incluso quienes pensábamos que el objetivo del sexo era producir placer nos vemos forzados a aceptar que todas esas sensaciones maravillosas no son sino accesorios de lujo con los que la naturaleza nos manipula &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;como corresponde a toda madre que se respete&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; por nuestro propio bien. En este caso, para garantizar que nuestros egoístas genes sobrevivan y sigan transmitiéndose de generación en generación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A partir de la aparición del sexo, los órganos, instintos y demás infraestructura biológica necesaria para garantizar la reproducción de los individuos continuaron evolucionando. En algún momento a lo largo de nuestra rama del frondoso árbol evolutivo, aparecieron comportamientos y formas de relación asociados al sexo. De ahí a la aparición del amor y el deseo, así como de tabúes, mitos y prohibiciones no hay un gran trecho. Queda el misterio de cómo algo que originalmente servía para garantizar la supervivencia de las especies puede llegar a convertirse en una gran fuente de angustia, represiones e infelicidad para tantas personas (en parte gracias al catolicismo, religión para la que, por algún motivo, &lt;i&gt;todo&lt;/i&gt; lo relacionado con el sexo es aborrecible).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Bueno: una vez existiendo el sexo y el ser humano, algunas veces ocurre que una mujer queda embarazada sin desearlo. ¿Qué hacer? Tal vez es demasiado joven y tiene planes que se frustrarían si tiene al bebé; tal vez el padre ha desaparecido, dejándola sola con “su” problema. Tal vez no tiene dinero, y sabe que si nace, su hijo sufrirá hambre y tal vez muera. Tal vez fue violada y el odio que siente hacia su agresor le impide relacionarse con el nuevo ser que se desarrolla en su interior. En todos estos casos, el aborto es una alternativa que nuestra mujer considerará, independientemente de lo que le hayan enseñado y de lo que opine la moral cristiana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuáles son las razones para oponerse a que esta mujer aborte? En dos excelentes artículos publicados en la revista &lt;i&gt;Ciencias&lt;/i&gt;, en un número dedicado al aborto (no. 27, julio de 1992) el embriólogo Horacio Merchant, del Instituto de Investigaciones Biomédicas, hace algunas afirmaciones al respecto. En primer lugar, la posición antiabortista considera que la vida del “nuevo ser” comienza a partir de la fecundación, es decir, cuando el espermatozoide se une al óvulo para formar el cigoto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La elección de esta etapa, sin embargo, es bastante arbitraria: embriológicamente no puede considerarse que un óvulo fecundado sea un ser humano. En todo caso, habría que esperar a la aparición de algunas de las características que lo definen como tal &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;particularmente la maduración del sistema nervioso central&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; antes de otorgarle derechos. (Recordemos que muchas veces, en los debates sobre el aborto, se considera que los derechos del embrión o feto, “inocente y libre de pecado”, son incluso más importantes que los de la madre, a quien se considera, de forma implícita, “culpable” de su estado. Una de las características de la intolerancia, a diferencia del pensamiento democrático, es que tiende a culpar a los individuos de las desgracias que les suceden.) &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuándo un ser comienza a ser humano? ¿En el momento en que comienza a vivir? Tanto el espermatozoide como el óvulo están vivos desde antes de la fecundación, y pueden potencialmente dar origen a un ser humano. De hecho, en ciertas condiciones el óvulo puede por sí mismo dar origen a un ser completo sin ayuda del espermatozoide, fenómeno conocido como &lt;i&gt;partenogénesis&lt;/i&gt;. En palabras de Merchant, “cabe preguntarse que, si el óvulo posee individualidad y toda la capacidad para desarrollarse como un nuevo individuo, ¿a partir de qué etapa es válido impedir que se desarrolle?”. Tomando en cuenta esto, no sólo toda forma de anticoncepción, sino la menstruación misma &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;un proceso totalmente natural&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; podría considerarse “inmoral”, al matar una célula que potencialmente podría convertirse en un ser humano. Resulta, digamos, difícil defender esta posición.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Podríamos entonces considerar que el nuevo individuo comienza a existir cuando adquiere conciencia? Esto sucede en una etapa bastante avanzada del embarazo, si no es que después del nacimiento. Nadie aceptaría un aborto en etapas tan avanzadas (además de que es peligroso).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Podría tomarse como parteaguas el momento en que madura el sistema nervioso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;sitio donde se asentará la conciencia? Esto sucede aproximadamente a las diez u once semanas de la gestación, cuando se forman las sinapsis &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;uniones&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; entre las células nerviosas del embrión (pues antes de ello no puede hablarse realmente de sistema nervioso). Pero, otra vez, el embarazo está ya avanzado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Como se ve, el problema es complejo. Lo que parece quedar claro es que tomar el momento de la fecundación como el inicio de la vida de un nuevo individuo no se justifica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Nótese que hasta aquí no ha habido necesidad de hablar del “alma”, el “espíritu” ni nada que se le parezca. Esto es porque la ciencia no necesita de esos conceptos. Por feo que suene, la ciencia es una disciplina materialista. Esto quiere decir que sólo se ocupa del universo físico, aquel al que podemos tener acceso por medio de los sentidos. Presuponer, como lo hace la moral católica, que un cigoto fecundado debe gozar de la dignidad de ser humano, al menos en potencia, es una posición difícil de sostener. En particular porque se apoya en la suposición (creencia) en la existencia de un alma que habita el “cuerpo” (difícilmente puede llamársele así a un óvulo fecundado, pero en fin…) a partir del momento de la fecundación. ¿Qué pasa con los que no somos católicos y no creemos en dios ni en la existencia de un alma? ¿Debe la ley (y la vida de las mujeres que se ven orilladas a abortar) depender de una creencia religiosa?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A partir de la valiente propuesta del secretario de salud, Juan Ramón de la Fuente, y de la reacción en contra promovida por la derecha católica, en especial por el grupo &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;provida &lt;/span&gt;(¿&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;prosida&lt;/span&gt;?), varios académicos e intelectuales, junto con el Grupo de Información en Reproducción Elegida (&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;gire&lt;/span&gt;) se han dado a la tarea de promover y apoyar el debate sobre la legalización del aborto. En mi opinión, es una discusión necesaria y urgente. Aunque es difícil que el voto de la mayoría de la población apoye el cambio, se habrá al menos iniciado la discusión y la concientización, con lo que en unos años, si la labor continúa, podrá contarse con suficiente a poyo para modificar la ley. Lo invito a usted, amable lector, lectora, a participar informándose y formando su propia opinión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;(Por cierto, hablando de la revista &lt;i&gt;Ciencias&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;excelente publicación trimestral de la facultad del mismo nombre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, le recomiendo ampliamente el número de julio de 1992, mencionado anteriormente. En él hallará, además de los artículos sobre el aborto, otro excelente dedicado a la divulgación de la ciencia y una traducción de la “modesta propuesta” de Jonathan Swift, en la que me inspiré para mi colaboración del número pasado de &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;humanidades&lt;/span&gt;.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-9099806271587476766?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/9099806271587476766/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=9099806271587476766' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/9099806271587476766'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/9099806271587476766'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/08/aborto.html' title='Aborto'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8279642138543094927</id><published>1998-08-05T08:59:00.000-05:00</published><updated>2007-11-07T09:07:30.772-06:00</updated><title type='text'>Dos modestas propuestas</title><content type='html'>&lt;p class="ttulocentrado" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; font-weight: bold;"&gt;(con un saludo para Jonathan Swift)&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Publicado en &lt;/span&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;l 5 de agosto de 1998)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(reimpreso en &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.jornada.unam.mx/1998/09/21/cien-modestas.html"&gt;La jornada&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;, 21 de septiembre de 1998)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span style=""&gt;Últimamente mis artículos en &lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;Humanidades &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;han estado llenos de quejas, lo cual no me tiene muy satisfecho, pues mi propósito inicial con estas colaboraciones era hablar de relaciones placenteras entre los mundos de la ciencia y las humanidades. Pero eso se acabó. Hace unos días tuve la fortuna de leer una nota en el periódico (&lt;i style=""&gt;Crónica&lt;/i&gt;, 16/junio/98) donde se presentan las opiniones de Sergio Reyes Luján, coordinador de vinculación de nuestra universidad, y eso hizo que se me abrieran los ojos y por fin viera la luz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;El funcionario indica que “los institutos de investigación de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;no pueden seguir justificando el presupuesto asignado a esta área ‘con un simple número de cifras de publicaciones internacionales’ ” (y yo, tonto de mí, que creía en la importancia de la evaluación por pares como criterio de validez científica). En vez de eso, y debido a que “actualmente se vive una brutal competencia como consecuencia de la globalización[...] la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;debe abrir sus laboratorios para que el ingeniero y el investigador de la empresa hagan lo que se necesita para que sean aún más competitivos” (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;sic&lt;/span&gt;).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;¡Y yo que pensaba que lo que había que hacer con los institutos y laboratorios era seguir produciendo conocimiento científico! Pero ahora, con la transferencia de los dos buques oceanográficos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología a la Coordinación de Vinculación, y el anuncio de que se buscará rentar el estadio universitario para conciertos y se planea cerrar el resto de las tiendas &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;, me queda claro hacia dónde debemos movernos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;En vista de esto, y porque siento que mi nueva iluminación me permite ver con claridad lo que otros tal vez todavía no han podido percibir, quiero hacer dos propuestas para permitir que la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;, y en especial sus institutos de investigación, cumplan mejor con los nuevos objetivos que la globalización nos impone.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;Paso, pues, a enunciar mis dos propuestas para la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;del año 2000:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;1) En primer lugar &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;y ya que en la cámara de diputados se están dando pasos en este sentido&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; propongo que se modifique la ley orgánica de la universidad para añadir una nueva función sustantiva, la cual será definida como primordial y a la cual estarán sujetas las otras tres (que como se recordará son la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura). Esta función es la obtención de un margen de ganancias comparable con el de cualquier otra empresa del ramo (léase universidades privadas, aunque tal vez podría aspirarse a tener las ganancias de una cadena de supermercados).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;2) Como segundo paso en la eficientización de nuestra &lt;i style=""&gt;alma mater&lt;/i&gt;, y para mejor vincularnos con la sociedad a la que servimos, sería deseable eliminar gastos inútiles. Y nada más adecuado aquí que cerrar una serie de los llamados “institutos de investigación” que únicamente funcionan como torres de marfil que no cumplen función alguna de producción de bienes o servicios que beneficien a la sociedad (y que, desde luego, puedan cobrársele adecuadamente).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;Entre los institutos que pienso que podrían cerrarse sin mayor trámite ni averiguación están (me limitaré a los del área científica, que es la que conozco mejor, pero invito a los lectores a proponer una lista similar para el área de humanidades): el de Matemáticas (a nadie le gustan y no parecen ser productivas en términos económicos), Astronomía (¡basta ya de estar mirando a las estrellas cuando tenemos tantos problemas aquí abajo!), Fisiología Celular (si en todo este tiempo no han podido hallar una cura contra el cáncer, el sida o el envejecimiento, seguramente no lo harán nunca, y ultimadamente, ¿por qué seguir criando bacterias, levaduras o ratas?), Biomédicas (al fin y al cabo ya explotó, y costaría más caro reconstruirlo que simplemente cerrarlo), Biología (creo que sólo tienen colecciones de plantas y de conchas) y Física (¿alguien sabe para qué sirve? Desde luego, no van a descubrir una nueva teoría de la relatividad).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;Entre los institutos que podrían salvarse están el de Ingeniería, el de Química y el de Biotecnología, que pueden realizar investigaciones patrocinadas por grandes empresas como &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;ica &lt;/span&gt;o por laboratorios farmacéuticos. En la rayita se quedarían algunos como Matemáticas Aplicadas, Materiales o Ecología, pues no está claro si sus servicios puedan venderse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;Pero, desde luego, no estoy proponiendo que los institutos económicamente improductivos se cierren y ya: con un poco de ingenio se pueden hallar nuevos usos para sus instalaciones. Las bibliotecas podrían conservarse para ser usadas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;mediante módicas cuotas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;¾&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; por los estudiantes (la de Fisiología Celular es mi favorita). En Astronomía tienen telescopios que pueden rentarse a grupos de muchachos (o a parejas enamoradas) para ver la luna y las estrellas. El Instituto de Física tiene un acelerador de partículas que podría ser el atractivo central de una gran discoteca (propongo un nombre como “Technobar Rayos Cósmicos”). Y muchos otros institutos tienen salas de conferencias que podrían adaptarse para fiestas de quince años y banquetes de bodas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;Tal vez haya quien esté en desacuerdo con mis ideas, pero me permito recordarles que estamos en tiempos de vacas flacas, y que cuando el hambre apremia, hay que abandonar lo importante y concentrarse en lo urgente. En otras palabras, si lo que está en juego es nuestro alimento de cada día, conceptos obsoletos como la dignidad y los ideales salen sobrando (y ni hablar del amor al conocimiento o la cultura). Sólo pido que, si mis ideas son aprovechadas, se me dé el crédito correspondiente y una compensación en efectivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-8279642138543094927?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/8279642138543094927/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=8279642138543094927' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8279642138543094927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/8279642138543094927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/08/dos-modestas-propuestas.html' title='Dos modestas propuestas'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-4795733096821079782</id><published>1998-06-25T08:53:00.000-05:00</published><updated>2007-11-07T08:58:54.817-06:00</updated><title type='text'>Dos visiones de la ciencia</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;n junio de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Desde que comencé a colaborar en &lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;Humanidades&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;, esta columna &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de aparición últimamente más irregular de lo que yo quisiera&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;, se llamó “Las dos culturas”, tratando de hacer honor a la clásica (y trágica) distinción que hace C. P. Snow entre cultura humanística y científica. Sin embargo, leyendo la &lt;i style=""&gt;Gaceta &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt; &lt;/span&gt;(1&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;°&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;/junio/97) encontré un ejemplo de cómo incluso dentro de la “cultura científica” pueden encontrarse distintos enfoques.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;A principios de junio se publicaron dos notas en la &lt;i style=""&gt;Gaceta &lt;/i&gt;que me llamaron la atención. En ambas se hablaba de ciencia, aunque con distintos enfoques y temas distintos. Su lectura me hizo reflexionar en cómo una misma actividad puede verse de formas tan distintas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;La primera nota reproducía declaraciones de Francisco Bolívar Zapata, coordinador de la investigación científica de nuestra universidad. Entre otras cosas, el doctor Bolívar &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;destacado biólogo molecular y fundador del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, hoy Instituto de Biotecnología&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; afirma que la comunidad científica en México es de una gran calidad, aunque mucho menor de lo que debería ser para... &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y aquí es donde comienzan a aparecer algunas dificultades&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; para “que la masa crítica de investigadores mexicanos pueda empezar a tener una participación efectiva en la solución de problemas importantes”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;¿Cuáles son esos problemas importantes? Podría suponerse que, ya que se habla de investigadores científicos, los problemas que tendrían que resolver serían, asimismo, problemas científicos. Pero no. Más adelante en la misma entrevista, Bolívar habla del “desarrollo de tecnología e investigación en la industria”. También menciona el posible establecimiento de “proyectos universitarios de investigación, orientados a la solución de problemas en diferentes sectores, en los cuales participen empresas y dependencias gubernamentales y privadas que brinden apoyo financiero”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Finalmente, en relación con la modernización de los planes de estudio, habla de que “sin una investigación de alta calidad, será imposible la formación de recursos humanos competentes, y mucho menos aspirar a participar en la solución de muchos de los problemas que afectan al desarrollo del país”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cualquiera que conozca el &lt;i style=""&gt;Plan de Desarrollo 1997-2000&lt;/i&gt;, de la &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;unam &lt;/span&gt;(mejor conocido como “Plan Barnés”) reconocerá en el discurso de Bolívar la misma visión utilitarista y mercantilista (no puedo resistir decir “neoliberal”) de la ciencia que ha caracterizado, desgraciadamente, las acciones de nuestro actual rector. Visión que considera a la ciencia como generadora de soluciones para problemas industriales, sociales, nacionales, y finalmente como generadora de &lt;i style=""&gt;recursos económicos&lt;/i&gt;, en vez de lo que realmente es: una generadora de &lt;i style=""&gt;conocimiento &lt;/i&gt;(el que, claro, posteriormente puede aplicarse, bien o mal).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Es como si dijéramos que, como no hay suficiente dinero, se tendrá que poner a trabajar a los investigadores científicos para que dejen de hacer investigación “básica”, improductiva desde el punto de vista económico y busquen la forma de ganar, cuando menos, suficiente dinero para seguir manteniendo la infraestructura científica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;El segundo artículo que encontré en la &lt;i style=""&gt;Gaceta&lt;/i&gt; fue una entrevista con la astrónoma Julieta Fierro, divulgadora de la ciencia recientemente galardonada con el premio Klumpke-Robert de la Sociedad Astronómica del Pacífico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Ahí Julieta menciona que “en los países más poderosos la divulgación de la ciencia es una actividad importante que premian y consideran fundamental. Habría que hacer lo mismo en nuestro país.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Aunque en lo personal no estoy de acuerdo con algunas de sus propuestas, como la de otorgar estímulos de productividad en esta área” (considero que lo peor que le podría pasar a la divulgación es burocratizarse para tener que producir a cambio de “bonos”, como les ha sucedido a los investigadores con el &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;sni&lt;/span&gt;), coincido perfectamente en la meta que Julieta fija para la divulgación de la ciencia: “hacer que la divulgación forme parte de la cultura del país”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero sobre todo, Julieta afirma &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;muy correctamente&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que “hacer difusión científica es una de las mejores formas que tiene la universidad para retribuir a la sociedad lo mucho que ella nos ha dado”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;En resumen: una visión es la de usar a la ciencia para ver qué le podemos sacar a la sociedad &lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Symbol;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y en el extremo, hacer sólo la ciencia que podamos venderle a la sociedad. La otra es ver cómo podemos retribuir a la sociedad haciendo que la ciencia se integre a su cultura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Me podrán decir que la visión de Julieta es idealista y pasada de moda, y que la de las autoridades es moderna y acorde con la realidad nacional (e internacional, en estos tan sobados “tiempos de globalización”). Pero no importa: tengo muy claro con cuál me quedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Derechos reservados, Copyright (R) 1997-2007, Martín Bonfil Olivera. Prohibido su uso comercial sin autorización del autor.&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4883470106411659408-4795733096821079782?l=2culturas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://2culturas.blogspot.com/feeds/4795733096821079782/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4883470106411659408&amp;postID=4795733096821079782' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4795733096821079782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4883470106411659408/posts/default/4795733096821079782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://2culturas.blogspot.com/1998/06/dos-visiones-de-la-ciencia_25.html' title='Dos visiones de la ciencia'/><author><name>Martín Bonfil Olivera</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05286138874576064756</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_gwbx2lqsqNE/SKz_vq6IybI/AAAAAAAABK4/BLB67U3LDDU/S220/martin_bonfil+milenio+recortada.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4883470106411659408.post-8361715624654448108</id><published>1998-06-10T09:58:00.000-05:00</published><updated>2007-10-03T10:01:57.446-05:00</updated><title type='text'>Apología del divulgador de la ciencia</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;por Martín Bonfil Olivera&lt;br /&gt;(Publicado en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Humanidades,&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;periódico de la Dirección de Humanidades de la UNAM,&lt;br /&gt;e&lt;span style="font-style: italic;"&gt;l 10 de junio de 1998)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="primerprrafo"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Quienes nos dedicamos a la divulgación de la ciencia tenemos claras algunas cosas. Una es que la ciencia es atractiva, interesante e intelectualmente estimulante. Es placentera. Por eso nos gusta: nos gusta conocerla y compartirla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Otra de las cosas que tenemos claras es que la ciencia es útil e importante para la sociedad. Muchos avances tecnológicos, médicos y de otros tipos se han producido como consecuencias directas de avances científicos. Para tener una industria sana y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;exagerando un poco&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; una economía creciente, es necesario tener ciencia, tanto básica como aplicada. Y para tener ciencia hay que tener científicos. Y para tener científicos, la gente tiene que saber que la ciencia es atractiva, interesante e intelectualmente estimulante. Y que es útil e importante para la sociedad. Todo esto es precisamente el papel de los divulgadores de la ciencia: comunicar a la sociedad el placer y la importancia de la ciencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y esta es una tercera cosa que los divulgadores sabemos, aunque algunas veces no queramos reconocerlo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; es que no es por eso por lo que nos gusta compartir la ciencia: lo hacemos por que es asombrosa, placentera, interesante y apasionante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Por otro lado, la ciencia constituye un sistema de conocimientos que es coherente, racional, lógico: cualquiera puede llegar a entender por qué los científicos hacen las afirmaciones que hacen, pues éstas se deducen &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;deben poder deducirse&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; lógicamente de las premisas. Cuando un científico dice que ha hallado una &lt;i style=""&gt;explicación &lt;/i&gt;para un fenómeno, no se trata de que le haya puesto un nombre, o la haya inventado. No: si de verdad se trata de un investigador científico, tendrá que haberse informado sobre las ideas, teorías y experimentos que se han hecho en relación con el fenómeno de que se trate, y la explicación que presente tendrá que estar sustentada en experimentos y ser coherente &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;es decir, no contradecir&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; las teorías aceptadas al respecto. (También podría suceder que el investigador en cuestión planteara una manera totalmente nueva de interpretar la realidad: que desatara una &lt;i style=""&gt;revolución científica&lt;/i&gt;, pero esa, como dice el dicho, es otra historia.) Compárese esto con, por ejemplo (y sin afán de ofender a nadie), cuando en el catecismo se nos dice que dios es tres personas en una, y que esto se tiene que creer aunque no se pueda entender, porque es dogma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Esta cualidad que tiene la ciencia de ser racional y lógica &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;de ser &lt;i style=""&gt;entendible&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; hace que también sea una de las aventuras intelectuales más placenteras que un ser humano puede emprender. No necesariamente &lt;i style=""&gt;haciendo &lt;/i&gt;ciencia: basta con conocerla, estudiarla, descubrirla, interpretarla, &lt;i style=""&gt;disfrutarla&lt;/i&gt;. Por eso muchos de los que nos dedicamos a la divulgación de la ciencia tenemos también la secreta convicción de que es una pena &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;casi diría un pecado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; que tanta gente pierda su tiempo estudiando y haciendo caso de creencias y supersticiones tan burdas como la astrología, la búsqueda de ovnis tripulados por extraterrestres, las buenas y malas “vibras” provenientes de cristales de cuarzo, y muchas otras. Nos gustaría lograr transmitir nuestro sentimiento de que la ciencia es mucho más gratificante e interesante que eso, y que no es justo que personas dotadas de una inteligencia que es producto de millones de años de evolución por selección natural la malgasten &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;y malgasten su vida&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; esperando señales de los astros o de una baraja.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Pero hasta ahora he estado hablando de “ciencia” y “científicos” como si todos estuviéramos de acuerdo en qué significan estas palabras. Y no siempre está tan claro. El diccionario de la Real Academia, por ejemplo, nos dice que ciencia es “el conocimiento cierto de las cosas, sus principios y causas”, pero también el “saber, erudición... habilidad, maestría en el conocimiento de cualquier cosa”. O sea que la pretensión de los científicos modernos de que “ciencia” sólo puede ser lo que ellos hacen (la física, la química y la biología) no está para nada justificada. Originalmente, ciencia quería decir “saber”. (Por cierto, aquí cabría preguntar: ¿la ciencia es lo mismo que la &lt;i style=""&gt;información &lt;/i&gt;científica? ¿O es que la ciencia es la &lt;i style=""&gt;actividad &lt;/i&gt;que realizan los científicos? ¿Es la &lt;i style=""&gt;ideología &lt;/i&gt;que comparten? ¿Qué entendemos realmente por “ciencia”?)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Cuando los científicos naturales se apropian de la palabra están haciendo lo mismo que los súbditos del tío Sam cuando se apoderan del toponímico “americano” para usarlo sólo como sinónimo de “nacido en los &lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;eua&lt;/span&gt;”. Con trabajos le dan la graciosa concesión a la historia, la antropología, la sociología, la economía, la arqueología&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y no sé cuántas otras de aspirar a ser “ciencias sociales”. Como si necesitaran el calificativo de “ciencias” para ser respetables. Como si “humanidades&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;” &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;no fuera un término igual de prestigioso y mucho más adecuado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="leyendasubttulo" style="line-height: 18pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Un científico, por su lado es &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;siempre según la academia&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt; “el que se dedica a una o más ciencias”. Pero, ¿es lo mismo un científico que un &lt;i&gt;investigador &lt;/i&gt;científico? ¿Puede alguien que tenga formac
